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Irina Lungu 

Irina Lungu, soprano: “Con Violetta vivo una simbiosis”

Son ya más de ciento treinta las Traviatas que lleva a sus espaldas la joven soprano Irina Lungu, una de las principales representantes actuales del rol de Violetta. Nacida en la Rusia central, se trasladó a Italia tras graduarse en piano, dirección coral y canto en el conservatorio de Voronezh. Continuó su formación la Academia del Teatro alla Scala bajo la tutela de Leyla Gencer y fue ganadora de numerosos concursos de canto que fueron la antesala de una intensa y fructífera carrera que este año la ha llevado de París a Múnich, pasando por Turín o la Arena de Verona. Ahora, tras su debut del año pasado (precisamente en la Arena) en el rol de Donna Anna, Lungu vuelve a meterse en la piel de la heroína mozartiana en la versión de concierto del Don Giovanni que tendrá lugar este 13 de agosto en el marco de la Quincena Musical de San Sebastián.

Acaba de venir de cantar Liù en Munich y ahora canta Donna Anna en San Sebastián, ¿qué supone un cambio así para su voz? ¿Necesita algún tipo de transición entre dos papeles tan diferentes? 

Se trata simplemente de personajes y estilos musicales muy diferentes. No veo un conflicto real desde el punto de vista vocal entre estos dos personajes. Una voz que puede cantar uno, puede adaptarse también al otro. Son mujeres muy diferentes, el de la esclava Liù y la aristócrata Donna Anna son destinos muy alejados entre sí, pero puede cantarlos la misma voz. Cada rol tiene sus características y su dificultad técnica pero una cantante debe saber siempre encontrar la llave para entrar en cada personaje. 

¿Qué nos puede contar sobre Donna Anna, cuál es su visión del personaje?  

Se trata de un personaje ambiguo, y tal ambigüedad supone precisamente su mayor interés. La injusticia que sucede al principio de la ópera, el asesinato de su padre, genera sentimientos ambivalentes en ella: por un lado siente horror y se encuentra perturbada, pero, por otro, se siente atraída por Don Giovanni, no consigue renunciar a su magnetismo. Su reacción se guía también por su status social: en la ópera Donna Anna es la única aristócrata, la única que realmente está al mismo nivel que Don Giovanni y, por lo tanto, se enfrenta a él como una igual. Zerlina es una campesina, Donna Elvira una mujer burguesa, una mujer que concibe los sentimientos sólo a escala privada. Donna Anna, sin embargo, tiene una posición social, tiene honor, un código de comportamiento, ambiciones sociales y una emotividad compleja. Todo esto la convierte en un personaje muy rico y estimulante para interpretar. 

¿Cómo entiende la relación entre Donna Anna y Don Ottavio?

Donna Anna siente afecto por Don Ottavio pero no está del todo convencida. No puede estar realmente enamorada de un hombre que es, en suma, débil, después de haber vivido la experiencia de la fascinación ambigua e irresistible de Don Giovanni. Donna Anna, en el fondo, ha encontrado un hombre que la consuela, pero se trata de un hombre muy inferior a ella, y ella lo sabe. Parece que Da Ponte nos quiere decir que este es el destino de las mujeres fuertes. ¡Espero que no sea del todo cierto!

Donna Anna es el único rol mozartiano que tiene en este momento en repertorio, ¿planea alguno más? ¿Quizá la Condesa?

También he cantado alguna vez Fiordiligi en Così Fan Tutte y siempre con mucha satisfacción. Sin embargo, es cierto que no he cantado todavía el rol de la Contessa. Espero tener pronto la ocasión justa para debutar este rol, creo que sería el más adecuado para mí en este momento de mi carrera, tanto desde un punto de vista tímbrico como expresivo. 

Son ya más de ciento treinta las veces que ha encarnado a Violetta en La Traviata, su rol más personal. ¿Cómo cambia la percepción de un personaje que conoce tan bien? ¿Evoluciona con usted? 

El rol de Violetta lo canto siempre como si fuera la primera vez, buscando transmitir al público esa sensación de un destino inevitable que rodea al personaje, pero sin anticiparme al devenir dramático. Lo que busco es conseguir que tanto el que ve la ópera por primera vez, como el melómano más preparado, como el que no conoce el texto y debe seguirlo con los sobretítulos, salga del teatro emocionado por esta extraordinaria y romántica historia de pasión y sacrificio. 

He de confesar que al principio no era consciente de la dificultad del rol: una cantante dotada puede resolver tranquilamente el primer y el segundo acto, pero es en el tercero, cuando llega el clímax dramático y la escena de la muerte, en el que una se lo juega todo. En suma, la voz cuenta, pero es el intérprete el que debe prevalecer. Con Violetta vivo una simbiosis, me gusta pensar que es parte de mí. Cuando la interpreto no puedo evitar vivir las extraordinarias sensaciones en las que la música te sumerge.  ¡Después de más de cien representaciones no me aburro para nada!

¿Podemos esperar otras cien Violettas?

¡Seguramente más de cien!

¿Cuándo le llegó la vocación del canto? ¿Cómo fueron sus comienzos?

Mi primera experiencia con la ópera fue realmente original. Vivía todavía con mis padres bastante lejos de Voronezh, en la Rusia central. Se tardaba unas cuatro horas en llegar en autobús a la ciudad. Un día en que tenía que ir a una audición, un amigo me regaló una entrada para una representación de La Traviata. Llegué por la tarde, cansadísima, la producción era muy aburrida y en el segundo acto me dormí… Sólo me desperté con las risas del público cuando el tenor no fue capaz de sostener a Violetta moribunda. La pobrecita cayó rodando por el suelo y llegó casi hasta el borde del escenario. 

Ganó varios concursos en sus primeros años de carrera: el Belvedere, las Voces Verdianas, Operalia… ¿Qué importancia tienen los concursos en la carrera de un cantante joven?

En efecto, he ganado algunos concursos importantes que me han abierto puertas. Sin embargo, tiendo a pensar que, tanto para mí como para cualquier cantante al inicio de su carrera, no es tan importante ganar o perder concursos. Lo que importa es presentarse, salir de la limitada realidad de la propia formación y ver otra realidad, escuchar otras voces, evaluar a otros jóvenes cantantes. Es importante enfrentarse a otros talentos para poder juzgarse con objetividad, ponerse metas y encontrar estímulos que vayan en la dirección correcta para crecer técnica y artísticamente. Desde este punto de vista los concursos pueden ser una buena oportunidad. 

¿Qué le aportó su formación en la Accademia del Teatro alla Scala y el trabajo con Leyla Gencer? 

Coincidí con la leyenda de la lírica Leyla Gencer durante mis años de estudios en la Academia de La Scala.  Al principio me ponía muy nerviosa sólo con la idea de estar cerca de ella. Era una mujer con una gran personalidad que se expresaba sin demasiados cumplidos. Era muy directa y sincera, ¡decía siempre la verdad a todos los estudiantes! Todavía hoy escucho sus viejas grabaciones y siento admiración, era una gran artista. Ella me enseñó que es de vital importancia ser objetivo con uno mismo si se quiere estar sobre el escenario. Si tuviera que elegir una sola de todas sus lecciones sería esa. 

¿Qué cantantes le inspiran? ¿A quién admira? 

Hay muchos cantantes del pasado, no sólo sopranos, que escucho siempre con gran interés, que capturan mi atención o que suscitan mi admiración por determinadas dotes vocales o expresivas. Pero las tres grandes sopranos que realmente me han inspirado y, en cierto modo, guiado en el arte del canto desde que era una niña son Beverly Sills, Renata Scotto y Montserrat Caballé. Por estas tres inmensas artistas siento una admiración infinita. 

Su carrera se ha desarrollado principalmente en torno al bel canto, pero ya incluye en su repertorio algunos roles más pesados como Liù y Mimì, ¿seguirá por ese camino en el futuro o se mantendrá en el bel canto?

Me estoy dedicando al bel canto todo lo que puedo. La temporada pasada debuté Lucia di Lammermoor en el Teatro Filarmonico de Verona. Es un rol que siento especialmente en mi voz y que me va particularmente bien. Pronto debutaré también Elvira de I Puritani y Anna Bolena. Me gustaría también cantar pronto la Amina de La Sonnambula. Ahora, por fin, se ha vuelto a una tipología de soprano lírica, con facilidad para el sobreagudo, para roles que requieren un espesor vocal superior al de la soprano de coloratura. Confieso que mi deseo es permanecer el mayor tiempo posible en el campo del puro bel canto. Por ejemplo, he cantado también Luisa Miller, una ópera que no me crea dificultad, pero ahora, de los roles verdianos prefiero Violetta o Gilda, dos roles que he llevado al Met. De vez en cuando me gusta divertirme interpretando en grandes teatros algunos roles más breves pero que me fascinan, como Nannetta en Falstaff, que hice en La Scala, con la magnífica puesta en escena de Robert Carsen, o Musetta de La Bohème, que he cantado con gran satisfacción en el Metropolitan de Nueva York y en el Covent Garden de Londres. 

En el futuro llegarán roles de mayor peso, pero no tengo prisa, cada cosa a su tiempo. Yo canto, en definitiva, roles, estilos y caracteres diferentes pero siempre con mi voz. Trabajo sobre el acento y el fraseo, no fuerzo nunca y no intento alterar de manera artificiosa mis características vocales. Por otra parte, a la hora de crear un personaje es también muy importante la inmersión psicológica, requiere un trabajo largo y paciente. La técnica vocal y la psicología del personaje son de hecho dos ámbitos que se comunican e influyen entre sí, no existe el uno sin el otro. 

Suele mencionar a Robert Carsen como uno de sus directores de escena preferidos para trabajar, ¿qué hace su trabajo tan especial para usted? ¿Algún otro nombre que citar en este campo?

Busco siempre el coloquio, me gusta dialogar con los directores de escena. Al principio era más rígida, quizás más condicionada por las imposiciones del personaje, pero con la experiencia he aprendido a apreciar las novedades, a llevar a cabo puestas en escena innovadoras, siempre que tengan una lógica y no vayan en contra de la dramaturgia o, peor, en contra de la música. Me gusta trabajar junto con el director de escena, si la acción me convence enseguida, entonces no hay problemas. Por otra parte, me gusta que me expliquen por qué debo hacer las cosas de una manera y no de otra. He trabajado con grandes directores de escena así como con grandes directores musicales. Por ejemplo con Zeffirelli, con quien debuté La Traviata en la Ópera de Roma, con la Cavani en La Scala, con Pelly en Turín (¡Me encantó esa puesta en escena!), con Pizzi, con Deborah Warner en Vienna y, claro está, ¡con Carsen! 

Me encanta trabajar con Carsen porque se relaciona de una manera excepcional con el artista. Hace algunos veranos fui Gilda en su Rigoletto en Aix-en-Provence. Él tenía en mente un personaje completamente diferente, también físicamente hablando, de aquel que yo quería interpretar. Al final, releyendo juntos Le roi s’amuse de Victor Hugo, repensó la Gilda en función de mi sensibilidad personal y mis características físicas, de manera que surgió una pequeña obra de arte. Es un honor haber conocido a un artista de tal estatura y haber tenido la posibilidad de trabajar con él. Me ha enseñado mucho. 

¿Qué me dice del repertorio francés, está también entre sus compromisos?

Me encanta el repertorio francés. He cantado muchas veces Marguerite en Fausto, sin duda uno de mis personajes preferidos. También Micaela en Carmen, Juliette, Leïla en Los Pescadores de Perlas (el rol con el que hice mi debut absoluto hace muchos años)… Y enseguida añadiré a mi repertorio también la Manon de Massenet y Los Cuentos de Hoffmann

Finalmente, ¿qué compromisos futuros le gustaría resaltar?

La próxima temporada estará llena de debuts emocionantes: Anna Bolena y Puritani, dos títulos que hace tiempo deseo debutar y que he preparado mucho. Volveré a la Staatsoper de Viena, después del feliz debut que tuve allí el año pasado con la La traviata, estaré allí de nuevo con Don Giovanni y más tarde con Rigoletto. Estará también La Bohème en Turín, Rigoletto para mi debut en el Teatro Comunale di Bologna, donde cantaré también Lucia di Lammermoor, y Corinna del Viaggio a Reims en Barcelona. Por supuesto también tengo varios conciertos y, seguramente, como sucede siempre, novedades de último minuto. ¡No voy a tener mucho tiempo libre! Pero no me importa, ¡me encanta lo que hago!

 

 

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