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Jaime Martin

Jaime Martín: "La labor de un director artístico es soñar"

Entrando por el acceso más cercano al mar, dentro de las tripas del Palacio de Festivales de Santander, encontramos las oficinas donde Jaime Martín y sus más estrechos colaboradores –a los que mencionará durante el coloquio en más de una ocasión y siempre de forma efusiva- trabajan para dar en primer lugar forma y más tarde hacer justo seguimiento del Festival Internacional de Santander (FIS). Su director artístico es nuestro objetivo y tras una hora larga de charla, en un clima de confianza y tuteo espontáneo nos queda el siguiente resultado.

Antes de empezar, aclarar una duda. ¿Este es su cuarto festival como director artístico, ¿no es así?

En realidad este es mi tercer festival porque cuando llegué al Festival de aquel mi primer año (2013) el FIS estaba incluso en marcha.

Y con la perspectiva de los tres años de trabajo y teniendo en cuenta que últimamente hablar de música nos obliga a hablar de economía, ¿Cuál es la salud económica actual del Festival?

El presupuesto actual es sustancialmente menor al de años anteriores pero esto no ocurre solo con este Festival sino que es un problema general ampliable al ámbito institucional, al ámbito artístico, incluso al ámbito personal. Cuando asumí el cargo de director artístico del Festival la deuda del FIS era muy importante hasta el punto de sentir ahogo económico y desconocer nosotros cual era el dinero exacto del que en la práctica podíamos disponer.

Actualmente hemos conseguido reducir mucho la deuda, pasando ésta de dos millones a unos 800.000 euros por lo que la actual situación económica es bastante buena; es decir, la deuda aun existe pero puede decirse que entra dentro de lo razonable.

El presupuesto es el que tenemos y estamos obligados a jugar con esa cantidad. Tengo la convicción de que si tuviéramos más dinero podríamos hacer más cosas, más actividades paralelas y programar nuevos proyectos pero creo sinceramente que no habría más calidad. Hay artistas que aun teniendo dinero no los contrataría por lo desorbitado de sus exigencias económicas. No los contrataríamos por no deber hacerlo más que por no poder.

¿Es esta una reflexión crítica con el pasado del FIS?

No. Estoy reflexionando sobre la música en general. Ha habido una época, hace ya algún tiempo, donde algunos artistas estaban acostumbrados a ganar en España más dinero que en otros puntos de Europa, cosa difícil de entender. No entiendo por qué un artista en más caro en España que en Berlín y más aun en esta época de crisis donde  todos hemos de ajustarnos a la realidad económica.

¿Estuvo el FIS en algún momento en peligro?

(Tras un largo silencio). La verdad es que es difícil saberlo. Al llegar teníamos el problema ya mencionado de la deuda, que estaba ahogando al Festival. Por ello, mi primer año fue muy doloroso porque iniciamos un momento de transición condicionados por problemas económicos graves y nuestro objetivo principal fue no cerrar la persiana del Festival. Sabíamos que de no hacer el Festival un año sería muy difícil volver a hacerlo.

Ahora, con perspectiva y sabiendo que Santander no es Salzburgo o Lucerna, sabiendo el presupuesto que tenemos y nuestras posibilidades reales creo que poder ofrecer este año a John Eliot Gardiner, a Philippe Jaroussky, a Ivan Fischer, la Orquesta de Manchester,… supone tener en Santander una adecuada representación de lo que se está viendo en los festivales europeos. 

¿Está el FIS todavía inmerso en esa fase de transición hacia una nueva concepción del mismo? ¿Ha pasado lo peor?

Sin duda. Lo peor ha pasado. Y en cuanto a la transición, como la vida misma, el Festival está en permanente transición…

… ¿hacia un modelo distinto de Festival?

Cuando asumí esta responsabilidad mi idea no era cambiarlo todo o revolucionar el Festival sino que quería moldearlo a mi manera, ir introduciendo paulatinamente algunos cambios no por el mero hecho de cambiar sino por tratar de modificar aquello que creo que tiene que ser cambiado, según mi criterio. 

En ese moldear, ¿qué influencia tienen la situación económica y/o los gustos de Jaime Martín?

Yo creo que ambos van a la par. Siendo sincero, la situación económica no es lo que más me preocupa ahora mismo porque sabemos qué tenemos y con ello tiramos hacia delante. Hacer un Festival en Santander no es como hacerlo en Berlín o Londres, donde hay un acontecimiento musical todos los días. Aquí no tenemos orquesta propia, no hay tradición del concierto semanal y así, el FIS cubre con la música clásica un hueco fundamental para gran parte  del público. De ahí nuestro intento, más allá de mis gustos personales, de que en el FIS haya variedad de ofertas musicales.

Precisamente, la no existencia de una orquesta estable, la desaparición del conato de temporada de ópera de Santander, ¿no deja en las espaldas del FIS demasiada responsabilidad, como si fuera la única iluminaria de un panorama sombrío?

A pesar de que en el Palacio de Festivales hay conciertos durante el año lo cierto es que la oferta en esta ciudad no es amplia y es verdad, el FIS tiene esa responsabilidad. Sin embargo no olvido que, por ejemplo yo, siendo de Santander, soy músico gracias al Festival pues con ocho años asistí a mi primer concierto. En aquella época al acabar cada Festival esperábamos ansiosos la programación del siguiente y el Festival hacía de agosto un mes muy especial.

Curiosamente, en ciudades donde hay mucha actividad musical se tiende a no valorar lo que se tiene

Efectivamente. Hay muchos madrileños que nunca han ido al Museo del Prado o londinenses que nunca han ido a la Nacional Gallery porque siempre creen que pueden ir al día siguiente mientras que para casi todos los turistas es cita inexcusable. Con ello no quiero decir que sea una suerte no disponer de orquesta o de temporada de ópera pero ello sí predispone a un sector del público a esperar con ilusión cada FIS.

¿Es importante la colaboración del FIS con otros festivales?

No solo importante sino básico. En un momento en el que, por ejemplo, una entidad como el Teatro Real apenas hace producciones propias, un Festival como éste no puede plantearse hacer las cosas en solitario. Las orquestas no hacen una gira para venir sólo a Santander y la colaboración entre festivales es indispensable. Por ejemplo, ahí esta nuestra colaboración por cercanía con la Quincena Musical donostiarra. Hoy en día sólo a través del trabajo en colaboración se pueden conseguir algunas cosas.

Por terminar con el apartado económico, ¿cuál es el grado de colaboración del FIS con las instituciones públicas?

Tengo que decir que la colaboración es magnífica, sin olvidar la situación económica general. Y he visto con sorpresa que a pesar de todo el grado de patrocinios ha subido bastante.

¿Han estudiado la capacidad de atracción del FIS en relación al turismo?

Del FIS en concreto, no; pero somos conscientes de que en esta ciudad el Festival es la parte de un todo siendo éste todo el conjunto de actividades culturales que hay en verano: la Universidad Menéndez Pelayo y otras que hacen de Santander una ciudad atractiva, más allá de la gastronomía o el tener un clima benigno. 

Y si le digo 21%, ¿qué se le viene a la cabeza?

Algo que dificulta las cosas de forma increíble. Me gustaría que, como en otros países el impuesto fuera razonable porque actualmente este porcentaje es un ahogo. Nadie del mundo de la música lo entiende y una bajada del llamado IVA cultural sería para el FIS un alivio impresionante.

Cambiando de tema. A la hora de programar, ¿qué criterios asisten a Jaime Martín?

Quieres que el público disfrute y, al mismo tiempo, que si es posible, descubra cosas nuevas. De todas formas el otro día, escuchando la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak por la Hallé Orchestra, de Manchester, con Mark Elder la sentí como si la escuchara por primera vez por la lectura personal que de ella hizo Elder. Es difícil saber qué va a gustar al público,

Por ejemplo, en Santander no hay tradición de escuchar música barroca pero hace dos años, la primera vez que estuvo Gardiner, el shock fue impresionante y este año todo se ha vendido enseguida. Y sin embargo, para el concierto de clausura de esta edición, que será con Jaroussky, que vende todo allá por donde va, pues todavía quedan entradas por vender e intuyo que con el éxito que tendrá, si volviera en un par de años lo vendería todo enseguida.

Hay otra cuestión a reseñar: cuando hablamos de programar siempre sale a la luz la idea de que hay que educar al público pero ello me parece pretencioso. Tenemos que ayudarle a descubrir cosas nuevas y/o músicos nuevos. Esta puede ser la función del FIS. Vuelvo al ejemplo de Gardiner, que ha conseguido tener tres horas escuchando en pleno verano al Palacio completo la Pasión según San Mateo, de Bach. La gente me da las gracias por traer estos artistas pero yo pienso que las gracias se las deben de dar a ellos, no a mí. Lo que te aseguro es que cuando programas nunca estás seguro de cual será la reacción del público. 

¿Tiene ello algo que ver con la edad media del público?

Pues quizás, pero yo creo que para cada cosa hay un momento en la vida. Mi hijo, que ha crecido en un ambiente musical, prefiere a sus 18 años ir un concierto de pop antes que ir a una ópera. Creo que no es su momento pero este podrá llegar. Intuyo que siempre vamos a tener un público de una edad determinada que va a buscar algo similar a lo que le ofrece un concierto de música clásica.

Es que escuchar una Pasión de Bach durante tres horas va contra la filosofía vital actual de no perder un solo segundo

Y cada vez cuesta más hacer creíble la propuesta. Mira lo que pasa con el cine; preferimos ver la película en casa para poder parar la película y atender al teléfono o sacar la ropa de la lavadora. Y sin embargo, a pesar de todo tenemos que luchar por mantener nuestra herencia cultural no por ser arcaicos sino porque lo que tenemos lo hemos heredado tras siglos de aprender a vivir y a morir y es fundamental que guardemos esta herencia cultural, dentro de la cual se encuentra la música clásica, para poder transmitirla a las próximas generaciones.

Y con esto del público quiero señalar otra cuestión. Hay al menos dos cosas del mundo de la música clásica a cambiar y los culpables quizás seamos los mismos músicos. Soy titular de una orquesta en Suecia (Orquesta Sinfónica de Gävle, en concreto) y recientemente hicimos una encuesta entre quienes nunca han ido a un concierto nuestro para saber las razones y nos apuntaron dos muy curiosas: una es que no saben cuándo se puede aplaudir y otra el no saber cómo ir vestidos.

¿No somos demasiado herméticos en las formas? La cuestión no es que la música no guste a esta gente sino que aspectos que rodean la música provocan inseguridad e incomodidad en muchos hipotéticos espectadores. Aplaudir es una reacción natural pero la tradición –que en realidad es reciente pues viene de los tiempos de Gustav Mahler- ha convertido el concierto en algo casi religioso. Ello no ocurre en la ópera, por ejemplo.

Incluso en Suecia me ha pasado un caso como el siguiente: tras interpretar la Sinfonia en do mayor, de Bizet, que quizás no es una obra maestra, el público reaccionó de forma muy positiva y un crítico local censuró el aplauso generalizado a una obra que calificaba de “menor”. ¡Si hasta los críticos quieren dictar qué es lo correcto o no!

Con la ropa pasa igual. Entiendo que algunos quieran ir de forma elegante pero no ocurre nada si a tu lado está alguien con vaqueros e informal. Tenemos que quitar a la gente el miedo al concierto porque lo cierto es que una vez que se conoce el sonido de una orquesta sinfónica, es difícil no caer atrapado.

He tenido la oportunidad de ver un concierto en el Palacio Hualle, en Treceño. La expansión del FIS por todo Cantabría es algo muy consciente y meditado, ¿verdad?

Indudablemente. Atendiendo a un repertorio concreto, sobre todo con música de cámara, organizamos un ciclo que denominamos Marcos Históricos y aprovechamos iglesias, pequeñas plazas, palacios,… y el éxito que tienen estos conciertos es terrible. El otro día en Noja tuvo que intervenir la policía porque mucha gente se quedó sin poder entrar. La gente está sedienta de cosas de este tipo.

Esta es una manera también de que la gente conozca la provincia pues hay muchas personas que van en coche a la localidad del concierto, pasan el día en el pueblo en cuestión y nosotros tratamos con este ciclo de que la música suene en toda Cantabria.

Atendiendo a la fascinación que despierta tenemos que hablar de la ópera, actualmente no presente en el FIS. ¿La ópera va a volver al Festival?

Si hoy en día hiciéramos una sola ópera apenas podríamos hacer un solo concierto más. Es muy caro pero es que además nosotros tenemos un problema añadido: no tenemos orquesta,…

En su momento la ópera del FIS era una cita ineludible…

… que aun estamos pagando. La ópera no es una cuestión de gusto personal de Jaime Martín, que ama la ópera, sino de mera responsabilidad. No podemos volver a cometer el mismo error. La ópera volverá…

…quizás en formatos más modestos…

No. La ópera volverá cuando la situación económica lo permita. A corto plazo la ópera está descartada pero si algún día podemos hacer ópera, ello querrá decir que las cosas van bien. Para hacer una ópera y no hacerla bien, es mejor no hacerla.

Para terminar, antes mencionaba la experiencia de la escucha de la sinfonía de Dvorak. ¿Quién escucha esa obra, quién disfruta del concierto es el Jaime Martín músico, el Jaime Martín gestor o ambos?

El músico, sin duda. Con la experiencia de la música mi labor de gestor desaparece. Es más, aunque me preocupe la venta de entradas y cosas similares en el momento del comienzo del concierto solo quiero disfrutar.

De hecho yo no me considero gestor. Mi trabajo no es de gestión sino soñar. Soñar con el Festival ideal; después de soñar la dirección ejecutiva del FIS me pone los pies en la tierra y me dice hasta dónde pueden llegar mis sueños o hasta dónde los podemos concretar

¿La labor en el FIS hipoteca la vida artística del Jaime Martín director? 

La hipoteca principal es que durante agosto no puedo actuar en otros sitios, lo que no gusta a mi agente (mientras sonríe francamente) pero también tengo la ventaja de poder acercarme durante un mes a la ciudad en la que nací y estar en contacto directo con mi familia y amigos, por lo que lo positivo de esta situación supera con creces lo negativo.

¿Qué le gustaría decir el próximo 1 de septiembre en el balance oficial?

Que hemos vendido muchas entradas, que el público está muy satisfecho, que los artistas están felices y que todo ha salido muy bien. ¿Es mucho pedir?

¿Quiere recomendarnos un concierto de los próximos a celebrar?

El del Balthasar Neuman Ensemble, que va a ser un sorpresón.

Patrick Alfaya me dijo lo mismo, me dio la misma recomendación para la Quincena.

Pues te aseguro que no lo he hablado con él (mientras ríe a carcajadas).

 

 

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