Natalia_Labourdette_por_Irene_Garmtz_36.jpg© Irene Garmtz 

Natalia Labourdette: "En esta carrera tienes que crecer y evolucionar constantemente"

Tras su reciente triunfo como Colorina en el estreno absoluto de la ópera Tejas verdes, de Jesús Torres, Natalia Labourdette regresa al Teatro Real, en esta ocasión para encarnar a Frasquita en la nueva producción de Carmen. Unas funciones que suponen el colofón a un año intenso en el que la soprano madrileña afincada en Alemania ha protagonizado importantes debuts. No menos densa es su agenda para los próximos meses, plagada de nuevos proyectos. De todo ello nos habla en esta extensa entrevista a pocas horas del estreno de Carmen.

Empezó el 2025 con un gran éxito en el Real y lo cierra en el mismo teatro. Un año de enorme actividad que repasaremos a continuación. Pero antes, ¿para una madrileña como usted es especial volver a cantar en casa?

Siempre me hace especialmente feliz volver al Teatro Real. No solo porque es el de mi ciudad y uno de los teatros que considero mi casa, sino también porqué me siento muy cómoda con toda la gente que trabaja en él. Estoy muy contenta de que un templo como el Real cuente conmigo, me siento muy valorada y querida. Cuando pasas tanto tiempo en otro país, volver en estas fechas, poder pasar tiempo con la familia y ver a amigos con los que hace mucho que no coincides es un privilegio. Además, no es porque sea mi ciudad, pero me encanta Madrid. 

Durante los últimos años ha formado parte de diversos ensembles en teatros de Alemania. Ahí su actividad ha sido frenética, alternando distintas producciones e incorporando nuevos roles. Debe ser duro ese ritmo de trabajo, pero por otro lado también aporta esa madurez que todo cantante necesita. 

Sí, conlleva un nivel de trabajo muy alto y es cierto que me ha ido muy bien estos dos o tres últimos años. Respecto a lo de madurez… En esta carrera tienes que crecer y evolucionar constantemente, nunca te puedes relajar. Es cierto que he trabajado mucho estos últimos años. Durante 2023 y 2024 fui miembro del opera studio North Rhine-Westphalen y, aunque ya tenía más trayectoria profesional de lo habitual para un opera studio, supuso un gran acierto. Me abrió muchas puertas porque me permitió cantar regularmente en cuatro teatros y en papeles principales con la posibilidad, además, de mantener mis compromisos como freelance fuera de Alemania. Gracias a eso, esta temporada he entrado a formar parte de la compañía del Aalto Musiktheater de Essen en la que he podido debutar, entre otros, papeles como Gilda (Rigoletto) y en los próximos meses llegarán Cunegunde, de Candide, de Bernstein y Ännchen, de El cazador furtivo. La dinámica en los teatros alemanes es muy distinta a los de España o Italia, donde no existe este tipo de trabajo de compañía. Han sido años moviditos, sí, pero me va la marcha y estoy encantada.

Natalia_Labourdette_por_Irene_Garmtz_66.jpg

Antes de empezar la entrevista me ha comentado que hoy tiene ensayo y que quiere llegar al teatro una hora antes. ¿Es una especie de ritual?

Bueno, la verdad es que hoy voy antes para estudiar los próximos papeles. Es esa dinámica de trabajo que le comentaba. Cuando acabe las funciones de Carmen vuelvo a Essen para debutar Candide y Freischütz. Como me apetece más Candide, he empezado a estudiar primero Ännchen. ¡Ese es mi método de estudio, ja, ja! Pero, respondiendo a tu pregunta, siempre voy al teatro con tiempo para vocalizar y sentir que estoy preparada. Para mí es tan importante la parte teatral como la musical o vocal. Me considero una actriz cantante o una cantatriz, llámalo como quieras. Cuando salgo al escenario quiero sentir que puedo hacer lo que quiera con la voz para poder centrarme en la interpretación. Aunque sea un ensayo, si antes no me he preparado a fondo, siento que no he hecho bien mi trabajo. Yo, por ejemplo, en los ensayos, dentro de lo posible procuro cantar siempre a plena voz y no marcar, aunque sea escénico y no me lo exijan. 

Supongo que ese constante trabajar nuevos papeles, esa disciplina prácticamente de oficina, aporta un gran bagaje. ¿Lo nota a la hora de pisar escenario?

Sí, lo noto y mucho. Por ejemplo, cuando debuté Colorina en Tejas verdes. Para mí era el primer rol principal en el Teatro Real y estaba tranquilísima. Antes del bagaje adquirido en el opera studio hubiese sido muy distinto. Me habría puesto nerviosa, sentido más la presión. Pensaba: “hoy tengo función, me tengo que mentalizar, encerrarme en casa, no hablar ni salir a tomar una Fanta”. Lo que te aporta formar parte de una compañía como la de Essen es que un día tienes función, a la mañana siguiente ensayo y al cabo de dos días cantas otra ópera distinta. Eso te obliga a relativizar, a integrar eso en tu cotidianidad, en tu día a día porque si no es así ¡no vives! Eso no quiere decir que no de respeto subir a un escenario ni que bajes tu nivel de exigencia. Al contrario, cuando no tienes esa preocupación creo que mejora tu rendimiento. Desmitificas y asumes que, si una función no ha ido todo lo bien que querías, no se acaba el mundo. Mañana tendrás otra oportunidad y harás todo lo posible para que salga mejor.

¿Esa continuidad permite profundizar en los personajes que interpreta?

Ese me parece uno de los aspectos más positivos e importantes. Tener la oportunidad de desarrollar un rol durante varias temporadas te permite evolucionar vocal y dramáticamente. No es lo mismo cantar hoy un papel aquí y mañana otro distinto allá que tener la oportunidad de interpretar un papel como Gilda en la misma producción esta temporada y la próxima. Tras incorporar otros personajes, de perfiles distintos, probablemente mi enfoque de ese rol no será el mismo. Mi voz y yo, a través de mis vivencias, habremos evolucionado. Quizás la zona central haya adquirido más densidad o, al conocer ya los recovecos del personaje, los agudos suenen más libres.

Natalia_Labourdette_108.jpg

Tuve la oportunidad de asistir a su debut en el papel de Gilda y le aseguro que los agudos sonaron libres y brillantes. ¿Es un aspecto que ha trabajado especialmente? 

Sí, ahora me siento muy segura en el registro agudo, pero permíteme que te cuente esa historia. Yo siempre supe que tenía ese registro agudo porque a veces, vocalizando, podía llegar hasta un Sol sobreagudo, pero de repente había días en los que no. Ya sabes que los cantantes somos obsesivos, siempre andamos con el piloto automático, y un día, de manera casual se lo comenté a un amigo. Creo que me matará si doy su nombre, pero bueno, yo lo digo igualmente. Eduard López Anglada, que es pianista y médico, estaba trabajando con un eminente foniatra en Berlín y me dio una serie de consejos que me permitieron entender la mecánica a nivel fisiológico. Aunque tengas esos agudos, es clave entender el proceso técnico que te lleva a ellos. Eso no solo me dio seguridad para abordar ese registro, también provocó que los registros centrales y graves se unificaran y adquirieran más harmónicos.

¿Esa homogeneidad de la que habla fue clave para afrontar un rol como Colorina?

Colorina realmente es un rol bastante grave, que se mueve principalmente en la franja central, incluso con momentos bastante dramáticos. Por otra parte, tiene pasajes muy cantabile, con pianísimos en la zona aguda, pero nunca tuve la sensación de que estuviera luchando para que se me escuchara. Es un rol que me ha hecho crecer mucho y me ha dado la oportunidad de mostrar otra faceta como cantante, porque a menudo los papeles de soprano ligera o lírico ligera son cómicos, la joven pizpireta y graciosilla. En cambio, en ese rol pude explayarme actoralmente y también vocalmente.

Sin duda fue un auténtico tour de force. ¿Lo recuerda como uno de los momentos más especiales de su carrera hasta ahora? ¿Era consciente de a lo que se enfrentaba cuando se lo propusieron?

No, te aseguro que no sabía a lo que me enfrentaba y, de hecho, estuve a punto de renunciar al papel porque tenía otros compromisos. Fue el director artístico de la Ópera de Dortmund quien, en plena función de La flauta mágica vino en la pausa y me dijo: ” Natalia, creo que tienes que aceptar el contrato de Madrid”. La verdad es que le estaré eternamente agradecida porque para mí ha significado mucho. Es un personaje que a nivel emocional y por la temática de la obra era una bomba. Recuerdo que, preparando la segunda aria, que es un poema de Miguel Hernández, a mí es que me venía de llorar, siempre. Y además está escrita en una zona un poco peliaguda, complicada. Jordi Francés, el director musical, y Jesús, el compositor, me decían: “Llora, si quieres llora”. Pero si lloro no canto. No se puede. Las primeras semanas de ensayos fueron difíciles. Meterte en ese papel, luego ponerte el abriguito e irte a casa para volver a sumergirte en él al día siguiente... Durante esos días la verdad es que me costó dormir. Fue un proceso duro, pero también apasionante. Jesús Torres me prestó su libro de Fermín Cabal de Tejas Verdes y fue muy interesante porque era el ejemplar en el que había trabajado el libreto, con todas sus anotaciones y subrayados. Ese es el raro privilegio de poder colaborar con el compositor.

Usted ha tenido ese privilegio en varias ocasiones, últimamente ha protagonizado el estreno de diversas nuevas creaciones. ¿Le atrae especialmente el repertorio contemporáneo?

A parte de Tejas verdes he tenido la suerte de protagonizar los estrenos de Don Juan no existe, de Helena Cánovas en el Festival Castell de Peralada, La Mujer Tigre, de Manuel Busto en el Teatro de la Maestranza de Sevilla y Lieder von Vertreibung und Nimmerwiederkehr, de Bernhard Gander en la Bienal de Múnich y luego en la Deutsche Oper de Berlín. Todos ellos han sido proyectos apasionantes que me han aportado mucho. La verdad es que me atrae la música contemporánea, aunque no lo quiero decir muy alto porque no quiero que me encasillen, algo bastante habitual en esta profesión. Me gustan todo tipo de repertorios, desde el barroco a la música actual. Quizás, si tuviese que elegir alguno sería el romántico y el del siglo XX, ya sea como intérprete o como público.

Natalia_Labourdette_por_Irene_Garmtz_34.jpg 

Todos estos proyectos requieren un amplio rango vocal ¿tiene la sensación de que su instrumento está evolucionando hacia un perfil y repertorio más lírico?

Es posible, no lo sé. Eso del repertorio… es algo en lo que he pensado muchas veces, pero al final tu repertorio acaba dependiendo de lo que te ofrecen. A partir de ahí debes decidir si te conviene o no. Por otro lado, a la hora de decidir si abordas un rol influyen muchos factores. No es lo mismo cantar según que papel en el Teatro Real que en uno más pequeño. Tampoco me he considerado nunca una soprano mega ligera, pero es cierto que ahora hay cosas que puedo cantar con más comodidad que antes, sin necesidad de forzar en el centro. En ese sentido, interpretar partes como Colorina o Gretel, en las que debes superar una masa orquestal importante, creo que han influido. Sí, supongo que en algún momento mi voz evolucionará o está ya evolucionando hacia esa dirección que menciona.

¿Debutar un papel tan exigente y rico como Gilda supone también un paso en esa dirección? 

Gilda es uno de esos papeles que desde niña había soñado cantar. Cuando me lo propusieron no me lo podía creer, estaba entusiasmada y en seguida dije que sí. Luego empecé a estudiarlo y empecé a ver todas sus dificultades. Soy muy trabajadora y sistemática al preparar un papel, pero en el caso de Gilda aún más. Creo que es un papel más lírico que ligero, en realidad tiene muy poca coloratura. “Caro nome” requiere picados y agudos, pero principalmente mucha línea y el resto del papel demanda mucho centro y graves. Pese a que conocía bien el papel, profundizar en él ha significado todo un descubrimiento. Hay papeles que te marcan. Tú te das al personaje, pero el personaje también te da cosas, hasta cierto punto te transforma en lo vocal, pero también a nivel personal.

¿Qué nos puede contar de sus próximos proyectos?

El próximo mes de febrero debutaré la Cunegunde del Candide, de Bernstein y me hace muchísima ilusión. Es una obra que me encanta desde que hace años formé parte del coro en unas funciones que se hicieron en los Teatros del Canal. Ya entonces me enamoré de ese rol. Recuerdo que en el opera studio me pidieron presentar la famosa aria “Glitter and be gay” en una audición. Esos días estaba muy resfriada y pensé ¡ay, Dios! Pero, aunque tenga toda esa pirotecnia y brillantez, no es tan aguda como parece y la cosa fue muy bien. Tanto es así que al final me han ofrecido el papel. Es una obra fantástica y no entiendo que no se haga más a menudo. ¡Creo que será muy divertido! Luego también debutaré Äanchen de Der Freischütz. Otra cosa que me hace especial ilusión es debutar en el Covent Garden con la maravillosa producción de Peter Grimes de Deborah Warner. Ya participé en su estreno en Madrid, luego en la reposición que se hizo en la Ópera de Roma y en primavera la haremos en Londres. ¿Le puedo confesar un detalle que me hace mucha ilusión? En estas funciones en Londres el personaje de Balstrode lo interpretará Bryn Terfel, de quien siempre he sido fan. Esta carrera es dura, pero a veces te depara regalos como estos.

Fotos: © Irene Garmtz