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Gregory Kunde: "Soy el primer sorprendido con la longevidad de mi carrera"

Tenor ya legendario, el estadounidense Gregory Kunde (Rochester, 1954) regresa estos días al escenario del Palau de Les Arts de Valencia donde cosechó grandes éxitos hace apenas algunos años. Nombre sumamente habitual en las temporadas líricas españolas durante un tiempo, Kunde llevaba ya algunos años ausente de nuestros escenarios. En ocasión de este Calaf en Valencia volvemos a conversar con él, como ya hiciéramos. en 2013en 2014, y en 2016.

Regresa de nuevo al Palau de Les Arts de Valencia, donde cosechó grandes éxitos en el pasado, en aquellos tiempos dorados con Zubin Mehta como director musical. Aquí de hecho cantó un célebre Otello que proyectó su trayectoria en España en los años posteriores.

Es emocionante estar de nuevo en el Palau de Les Arts. Parte de la familia -algunos técnicos, miembros del coro, personal de administración- sigue todavía aquí y ha sido muy emotivo volverme a encontrar con ellos. Personalmente, nunca olvidaré aquel Otello que menciona, con mi querido Carlos Álvarez. Supuso un antes y un después en mi trayectoria, precipitó sobre todo muchos proyectos que surgieron después en España y en este mismo teatro.

Ahora que mencionamos a Zubin Mehta, director legendario que acaba de cumplir 90 años, creo que usted presenció precisamente aquellas representaciones de Turandot que supusieron su despedida como director musical de Les Arts.

Sí, así es. Yo estaba entre la audiencia de aquellas funciones de Turandot, con Jorge de León y Lise Lindstrom. En aquel tiempo yo estaba estudiando precisamente el rol de Calaf, que pude finalmente debutar algo más tarde con Zubin Mehta en Tel Aviv.

¿Recuerda cuándo fue la última vez que estuvo en Les Arts?

Creo que fue en 2018 con Peter Grimes, han pasado ya ocho años… El tiempo vuela.

De hecho, la última entrevista que hicimos se remonta a 2016. Han pasado diez años… Le confieso que soy el primer sorprendido, pensaba que había pasado menos tiempo.

Bueno, la noticia es que han pasado diez años y yo sigo cantando (risas).

Su trayectoria fue siempre impresionante, todos conocemos ya su historia de superación, pero lo que está haciendo ahora, seguir cantando con total normalidad una vez sobrepasados los setenta años, diría que es algo sin precedentes.

Sabe, el primer sorprendido con la longevidad de mi carrera soy yo. Pero al mismo tiempo me sigue apasionando lo que hago, disfruto cantando como ahora con este Calaf en Les Arts.

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Hablemos precisamente del rol de Calaf, que se ha convertido en uno de sus caballos de batalla en los últimos años.

Sí, para mí es un personaje muy interesante, de una riqueza psicológica muy interesante. Por supuesto, se puede interpretar un Calaf más plano y unidimensional, pero para mí se trata de un hombre atrapado en una serie de relaciones complejas: con su padre, con Liù… No es un personaje tan terrible. Lo fascinante en su caso, creo, es que comienza aspirando al poder que implica seducir a Turandot y finalmente acaba enamorado de ella. En esta producción en particular hay alguna sorpresa al final que no desvelaré… no quiero hacer spoiler (risas).

¿Qué nos puede decir de esta producción firmada por Álex Ollé?

No es estrictamente una nueva producción ya que se estrenó previamente en el New National Theatre en Tokyo, pero estas funciones en Les Arts suponen el estreno en Europa de la propuesta de Álex Ollè. Es realmente una propuesta muy diferente de la anterior Turandot que se vio aquí, la que antes mencionábamos con Zubin Mehta en el foso, pero creo que es un trabajo interesante y nos muestra una China diferente a la que estamos acostumbrados.

En esta ocasión en el foso se sitúa el nuevo director musical de Les Arts, el británico Sir Mark Elder. ¿Habían tenido ocasión de trabajar juntos previamente o ha sido este su primer encuentro? 

Es curioso porque nos habíamos encontrado en algunas ocasiones previas, muy puntuales pero muy interesantes. Hicimos juntos Das Lied von der Erde de Mahler en los BBC Proms, hace algunos años, y él también estaba en el foso cuando tuve que ir al Metropolitan de Nueva York en el último minuto para hacerme cargo de una representación de Samson et Dalila. Le tengo en gran estima, es un gran maestro, ha hecho un gran trabajo durante los ensayos y la orquesta con él se está mostrando en muy buena forma.

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En las entrevistas anteriores que hicimos siempre había por delante algún debut a la vista y esto entonces parecía, digamos, normal, ya que su carrera estaba viviendo una suerte de revival, por así decirlo. Lo sorprendente y fascinante, en su caso, es que usted sigue debutando papeles cada temporada, como ha hecho con La fanciulla del West, Stiffelio, Billy Budd o Il trittico. ¿No ha tenido ya suficiente? (Risas)

(Risas) Realmente son estos retos los que me mantienen en forma. Mientras siga encontrando proyectos que me estimulen, seguiré haciéndolo. Dicho esto, agradezco no tener ningún debut por delante en lo que queda de año (risas).

De los debuts que menciona estoy especialmente orgulloso y contento. El rol del Captain Vere en Billy Budd fue todo un hallazgo para mí y espero poder cantarlo pronto de nuevo. Lo mismo en el caso del Stiffelio de Verdi, un auténtico descubrimiento para mí, un rol increíble y muy emocionante. Tuvimos además la ocasión de hacerlo en Piacenza una fabulosa producción de Pier Luigi Pizzi junto a Lidia Friedman y Vladimir Stoyanov.

También pude debutar Iris de Mascagni con Ermonela Jaho en el Teatro Real de Madrid, en una versión en concierto; siempre un gozo cantar con Ermonela y la música de Mascagni aquí me fascinó. En Hamburgo también estrenamos una pieza llamada Die große Stille, a partir de música de Mozart; fue trabajo muy interesante y muy bien acogido por el público. Hicimos nueve funciones y está prevista una reposición el próximo mes de enero.

"La experiencia es lo que te hace mejor cuando necesitas enfrentarse a grandes retos"

Allí en Hamburgo creo que está también vinculado al programa formativo para jóvenes cantantes.

Sí, en Hamburgo estoy desarrollando también un trabajo como coach en el Opera Studio, donde hay algunos jovenes cantantes realmente fantásticos. Estoy implicado también con la Academia della Scala en Milán, en el mismo sentido. 

Para mí ahora es muy importante estar en conexión con las nuevas generaciones de cantantes, intentando trasladarles todo lo que he aprendido durante mi carrera. Hay grandes voces ahí fuera pero también hay muchas tentaciones para ir deprisa, sobre todo por parte de directores artísticos, agentes, etc. La experiencia es lo que te hace mejor cuando necesitas enfrentarse a grandes retos. 

Volviendo al tema de su repertorio, y en conexión con esta mención a las jóvenes generaciones, ¿algún consejo para ellos?

Creo que la clave de todo está en escoger adecuadamente los roles y los proyectos. Me han pedido muchas cosas a las que he dicho que no, a lo largo de estos años. Como bien sabe, la tentación de cantar Wagner siempre ha estado ahí, me lo han propuesto y soy consciente de que sería una evolución quizá lógica para mi agenda. Pero nunca lo he visto claro, por así decirlo. 

Sí que cantó en cambio el rol de Baco en Ariadne auf Naxos, en Dresde.

Sí, exacto, y fue una experiencia interesante, no se lo voy a negar, pero fue suficiente para mí con Strauss (risas). Realmente este repertorio exige unos medios muy robustos, hay que estar mucho tiempo cantando a pleno pulmón, con una orquesta enorme que se intenta imponer desde el foso. Strauss es como Mascagni con esteroides (risas). Y es bien sabido que Strauss, digamos, odiaba a los tenores (risas). Todos sus papeles para tenor son de una dificultad extrema. 

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En nuestras conversaciones anteriores solía preguntarle por la evolución de su instrumento. Creo que entonces la pregunta tenía una cierta lógica, en la medida en que su carrera estaba en una proyección creciente. Pero a día de hoy, sobrepasados los setenta años, ¿de qué evolución podemos hablar? ¿En qué momento se encuentra su instrumento?

La noticia, día de hoy, es que la voz no se ha ido a ninguna parte y sigue ahí (risas). Intento cuidar de mi voz todo lo que puedo, administrando bien mi agenda y renunciando, como le decía, a proyectos que no crea adecuados para mi instrumento. Creo que mantenerme en un repertorio que conozco bien y que llevo ya unos años cantando -Verdi, Puccini, Mascagni, Leoncavallo…- puede ser la explicación más plausible para que mi instrumento siga respondiendo con normalidad.

A veces se me ha caracterizado como un tenor spinto pero honestamente creo que mi voz ha evolucionado más bien como la de un tenor lírico-dramático. El próximo año, por ejemplo, volveré a la Ópera de Washington para cantar Idomeneo, no se trata de un debut pero es un rol que hace bastantes años que no canto, desde que lo interpreté precisamente en Valencia. Veremos qué pasa... (risas)

Es curioso, una vez más, este tema de las clasificaciones vocales. Hace poco publicamos una extensa entrevista con Michael Spyres, a quien podemos considerar un genuino baritenor. A usted en ocasiones se la intentado caracterizar también como tal, ¿que diría al respecto?

Bueno, creo que únicamente se me atribuye esa tipología vocal por el hecho de haber cantado el repertorio que Rossini escribió para Andrea Nozzari. Yo nunca fui un baritenor como tal, creo que en ese caso hablamos de una voz con un color netamente distinto al mío y con un registro muy particular. Con los años mi voz ha ganado consistencia en el centro y en el grave, pero sin llegar a ser como tal la voz de un baritenor.

Pensando en el futuro, ¿le quedan todavía algunos roles que querría debutar?

Sí, todavía hay algunas cosas (risas). Me gustaría hacer Death in Venice de Britten y hay un par de títulos de Verdi que me gustaría incorporar, como I masnadieri. Al mismo tiempo ahora lo que más me apetece es retomar algunos roles que he ido debutado en estos últimos años, como Peter Grimes, que tengo previsto cantar la próxima temporada en Nápoles. También haré Pagliacci en Venecia, Canio es uno de mis roles favoritos. 

¿Le veremos nuevamente por España, próximamente?

No hay nada más en mi agenda en España por ahora. No obstante espero que estas funciones de Turandot sirvan para reactivar algunas conexiones y recordar que sigo cantando. ¡No me olviden! (Risas)