Joan_Anton_Rechi_horizontal_2.jpeg

Joan Anton Rechi: "Siempre quise unir Suor Angelica de Puccini con los Kindertotenlieder de Mahler"

El próximo sábado 11 de septiembre Ópera de Oviedo abre su temporada 26/27 con el estreno de una nueva producción. Se trata de un programa doble, Sorrow, que aúna Suor Angelica de Puccini y los Kindertotenlieder de Mahler, con dirección de escena de Joan Anton Rechi. Conversamos con el director d escena andorrano para conocer con más detalle la propuesta.

Ópera de Oviedo abre esta nueva temporada con un programa bastante singular, reuniendo en una misma velada la Suor Angelica de Puccini y los Kindertotenlieder de Mahler. Creo que el origen de este proyecto está en el Trittico que Ópera de Oviedo impulsó algunos años atrás, del que se escenificaron Il tabarro y Gianni Schicchi, entonces con otro director de escena. ¿En qué momento y cómo le llega el encargo de poner en pie este programa doble?

Bueno, en realidad no fue tanto un encargo como un proyecto que surgió de una conversación con Celestino Varela, el responsable artístico de Ópera de Oviedo, cuando estuve allí haciendo Madama Butterfly. Yo llevaba mucho tiempo pensando en la idea de escenificar conjuntamente Suor Angelica y los Kindertotenlieder. Al saber que Ópera de Oviedo tenía pendiente hacer precisamente este título de Puccini. Estuve a punto de haer Suor Angelica en varias ocasiones pero por diversas circunstancias no llegó a cuajar. Estuve a punto de hacer un programa doble en Israel, por ejemplo, con Suor Angelica y Cavalleria rusticana, aunque al final el título de Puccini se cambió allí por Aleko. Todo esto para decirle que yo llevaba tiempo con esta idea en mente.

Suor Angelica es una obra fascinante, con ese aire costumbrista de la convivencia de las monjas hasta que llega la tía y se desata todo el conflicto. Al mismo tiempo me gustaba la idea de que dentro de la estructura del Trittico, Suor Angelica es el purgatorio; son mujeres que están purgando una culpa, todo tiene el aire de una carcel de mujeres en un proceso de expiación. Pensando en qué obras pudieran potenciar Suor Angelica, más allá de ese aire costumbrista. Yo soy un auténtico enamorado de los Kindertotenlieder de Mahler, es una de las partituras que más me han fascinado siempre, desde muy joven. Y llevaba tiempo pensando que ambas partituras podían tener un buen encaje escénico.

Curiosamente nunca se había hecho Suor Angelica en Oviedo, de modo que en esa conversación con Celestino enseguida vimos claro que el proyecto tenía sentido, no solo ya para completar el Trittico que habían comenzado sino como un programa doble con entidad propia. Lo cierto es que ambas obras se potencian mutuamente. Los Kindertotenlieder hacen que se entre en Suor Angelica con un estado de ánimo muy particular, con el corazón encogido. Estos días, durante los ensayos, todos los compañeros se preguntan cómo es que nadie había hecho antes un programa doble así, visto el buen encaje que hay entre ambas obras. De hecho una obra acaba en Re menor y la otra acaba en Re mayor... hay una gran sensación de continuidad entre ambas partituras.

Lo cierto es que Mahler y Puccini fueron contemporáneos y el propio Mahler dirigió algunas obras de Puccini; sabemos que al principio le gustaron aunque luego dijo que no tanto. Pero digamos que son dos autores entre los que cabe buscar afinidades musicales.

Joan_Anton_Rechi_horizontal_1.jpeg

La propuesta está encabezada por un título, Sorrow, que entiendo que pretende dar entidad y homogeneidad a las representaciones, buscando que la propuesta sea algo más que un programa doble con dos obras diferenciadas. ¿Ha buscado generar la sensación de un espectáculo unitario, de alguna manera?

Sí, he querido trabajar ambas obras como un solo espectáculo, no como dos historias independientes. El título de las funciones, Sorrow, tristeza, lo unifica todo. Lo cierto es que el personaje de Suor Angelica aparece en los Kindertotenlieder y el personaje del barítono que canta las piezas de Mahler y que es como una especie de cura aparece también en Suor Angelica. Hay varios elementos que conectan ambas obras en escena.

Es indudablemente un espectáculo triste por la materia con la que trabajan ambos libretos, aunque he querido terminar la representación con un poco de luz, con un poco de esperanza.

El orden de las obras, entiendo, sitúa primero la obra de Mahler y después la de Puccini. ¿Siempre lo concibió así o se planteó quizá el orden inverso?

Lo cierto es que originalmente lo había planteado al revés, representando primero Suor Angelica y planteando los Kindertotenlieder como una ceremonia en torno a la muerte de su hijo. Pero trabajando el proyecto me di cuenta de que Suor Angelica tiene un final maravilloso y muy poderoso; en cambio terminar con los Kindertotenlieder suponía acabar la representación muy abajo, muy hundido como espectador.

Con la dramaturgia que hemos trabajado tenía mucho sentido plantear el programa doble en el orden inverso, precisamente para proponer una reflexión acerca de cómo transitamos por el dolor y por la pérdida de la inocencia. Cuando hay muertes siempre es duro pero las muertes de los niños son especialmente duras, por injustas; la muerte de los niños nos pone ante la evidencia de la crueldad de neustra existencia y esto es algo que debemos gestionar y reflexionar.

Esto que dice me recuerda también a lo que sucede con Madama Butterfly y el destino de su hijo, que de algún modo muere para ella y ella decide entonces que su vida ya no tiene sentido alguno. ¿Cómo se maneja esta cuestión de la pérdida de la infancia sin caer en la sensiblería y sin abordarlo tampoco con excesiva crudeza? Imagino que es un tema complicado.

Es un tema muy complicado. Yo he intentado hacerlo aquí con una cierta distancia; hay momentos de desgarro pero he querido trabajar la contención. En los Kindertotenlieder hay imágenes poéticas muy bonitas. La escenografía ayuda a transitar por el espectáculo sin que sea insoportable verlo. Para mí ha sido un privilegio poder abordar este proyecto; ha sido realmente emocionante plantear este programa doble y toda la compañía lo ha abrazado con enorme respeto y cariño.

Mencionaba ahora la cuestión de la escenografía. ¿Es una estructura única y común para ambas obras? Al fin y al cabo, la obra de Mahler no deja de ser un ciclo de canciones, una partitura sin naturaleza teatral y escénica. ¿Cómo se resuelve esta desigualdad entre la obra de Puccini y la de Mahler? Estamos ya más o menos acostumbrados a ver escenificados oratorios, incluso el Requiem de Verdi o el de Mozart se han llevado a escena, pero un ciclo de canciones quizá plantea aún más dificultades a la hora de ser llevado a escena.

Sí, sin duda estamos ya más acostumbrados a este tipo de propuestas. La obra de Mahler no obstante tiene una entidad que facilita mucho las cosas. En este caso, a nivel escénico, hemos hecho algo creo que contrario a lo que se espera. Me explico: hemos planteado un espacio escénico grande y amplio para los Kindertotenlieder, con una suerte de catedral moderna, con un suelo de espejo, con una sensación de liquidez, como si fuera un suelo de agua. Ahí tiene lugar la ceremonia fúnebre por los niños. Después esa catedral se cierra y genera un espacio muy cerrado y claustrofóbico para Suor Angelica.

Finalmente, ¿qué otros proyectos tiene por delante, después de stas representaciones en Oviedo?

De aquí me iré a Alemania, a Oldenburg, para una nueva producción de La forza del destino de Verdi. Y a continuación me voy a Shanghái para la Tosca que hicimos en La Fenice, en Venecia, y que es la producción encargada de inaugurar este nuevo teatro allí. Estoy muy contento con esta oportunidad y La Fenice es un teatro importantísimo para mí, quedé muy contento con esa Tosca que hicimos.

Más información aquí.