© Dominik Odenkirchen

Kent Nagano: "La Orquesta y Coro Nacionales de España tienen un potencial extraordinario"

En diciembre de 2024 la Orquesta y Coro Nacionales de España anunciaron la designación de Kent Nagano (Berkeley, California, 1951) como su nuevo director titular y director artístico. Su nombramiento abre una nueva etapa para los conjuntos nacionales, que han estado liderados por David Afkham durante los últimos doce años. La llegada de Nagano apunta a la internacionalización creciente de la OCNE, que este verano debuto en los BBC Proms de Londres, y confirma la indudable progresión artística y profesional de la entidad. Coincidiendo con el inicio de su titularidad, conversamos en profundidad con Kent Nagano para conocer las líneas maestras de su proyecto en Madrid.

Me gustaría comenzar con sus recuerdos acerca de sus primeros contactos con la Orquesta y Coro Nacionales de España. ¿Recuerda, por así decirlo, cuándo surgió la magia con ellos?

Sí, recuerdo bien cuando hicimos la Quinta sinfonía de Mahler, en el año 2014. En aquella ocasión hicimos también el estreno mundial de Al di là degli alberi, para violonchelo y orquesta, compuesta por Arnaldo de Felice. Las sinfonías de Mahler son muy especiales, suponen siempre un gran desafío. Yo en aquel tiempo venía de cerrar mi etapa como titular en la Ópera Estatal de Múnich, un lugar donde Mahler tuvo una presencia importante. Al llegar a Madrid, esos días, me sorprendió por un lado la precisión de la orquesta en su ejecución de la Quinta sinfonía, pero también su compromiso y su entrega dejaron una huella notable en mi recuerdo. 

Sabe, en ocasiones uno se encuentra con orquestas de un gran nivel técnico, enormemente profesionales, pero eso no siempre va acompañado por el mismo nivel de compromiso por parte de los músicos, a nivel interpretativo. Recuerdo también, de aquellos días, la excelente prestación del trompeta solista de la orquesta, Manuel Blanco, con esa primera intervención en la partitura, tan dramática y expresiva. 

Como director invitado es a veces complicado saber a qué atenerse, qué expectativa tener sobre una determinada orquesta, sobre todo cuando es una formación que no conoces previamente. En el caso de ese primer contacto con la Orquesta Nacional de España, recuerdo bien que me sorprendió la calidad de su sección de cuerdas, así como el sonido de sus maderas. Tuve la impresión de escuchar un sonido propio, con personalidad, distinto de esa sonoridad globalizada, esa especie de sonido internacional ya tan común en orquestas de todo el mundo.

Me pareció entonces que la Orquesta Nacional de España aunaba una tradición interpretativa propia con una apertura de mente, con una predisposición a asumir nuevas ideas. Y esto no sucede tan a menudo como uno pueda suponer.

Usted regresó al frente de la Orquesta Nacional de España en junio de 2018, con Die Bassariden, una ópera de Hans Werner Henze.

Sí, esta visita fue incluso más memorable para mí. La ópera de Henze nunca se había interpretado aquí antes y es realmente complicada y exigente desde un punto de vista técnico, supone todo un reto para cualquier orquesta que se enfrente a esta partitura. Recuerdo que me sorprendió el nivel de sofisticación que la Orquesta Nacional de España mostró aquellos días. No ya el hecho mismo de tocar las notas correctas en el tiempo correcto, no la mera precisión técnica sino el plano expresivo. Y en aquella ocasión también me impresionó el nivel del Coro Nacional de España, al que encontré ya entonces a un gran nivel. Después de aquellos conciertos tuve la impresión de estar ante una formación, la Orquesta y Coro Nacionales de España, con un gran legado a sus espaldas. El coro, como le decía, me pareció realmente un diamante y tuvimos de inmediato una gran química.

Para su tercera visita, en cambio, el repertorio escogido fue francés, con obras de Fauré y Messiaen en el contexto de la pandemia, en junio de 2021.

Efectivamente, la orquesta me pidió volver con repertorio francés para mi tercera visita a Madrid. Hicimos una obra realmente complicada de Messiaen, Trois petites liturgies de la présence divine, junto con el Requiem de Fauré. En mi caso, al residir en Francia y al tener una larga relación con este país y su cultura, este repertorio me resulta muy familiar y ha formado parte de mi trayectoria durante décadas. En esta ocasión me volvió a sorprender la apertura y predisposición de la Orquesta y Coro Nacionales de España, precisamente con esta cuestión estilística tan compleja y tan exigente en el caso de Messiaen y Fauré.

Finalmente regresó a Madrid en abril de 2024 con música de Haydn, al frente de La creación, nuevamente una obra para coro y orquesta. 

Siempre es un gozo interpretar las grandes obras sinfónico-corales del siglo XX y de finales del siglo XIX, pero desde un punto de vista estilístico es importante mantener siempre un pie pegado a la música de autores como Haydn o Mozart. Ellos dos, junto con Bach y Beethoven, representan seguramente la fundación de la idea moderna de la sinfonía, desarrollando también con ello un concepto muy distinto de lo que es una orquesta, lejos ya del ensemble privado de las monarquías, donde los músicos no dejaban de ser empleados al servicio de un patrón o de un mecenas. De alguna manera con este crisol de autores se puso en marcha un concepto de la música sinfónica que iba acompasado con el desarrollo de las sociedades modernas, más abiertas.

Creo que para cualquier orquesta hoy en día es fundamental mantener un contacto abierto y fluido con la obra de Bach y sentir que autores como Haydn o Mozart forman parte de su repertorio central y habitual. Y lo mismo con Beethoven o Schubert. Si un músico no se relaciona habitualmente con la música de Bach, ¿cómo puede enfrentarse a la música de Shostakóvich? Si no se tiene una relación firme con la música de Haydn, ¿cómo es posible desentrañar la música de Brahms? Si no se tiene una relación estrecha con la obra de Schubert, ¿cómo se puede tocar la música de Mahler? Y si Beethoven no es algo central para un músico, ¿a dónde vamos?

Le digo todo esto porque realmente interpretar La Creación fue un reto, pero tremendamente excitante. El Coro Nacional acogió todas mis ideas con verdadero entusiasmo y la Orquesta Nacional volvió a demostrar la flexibilidad y apertura de mente que antes le mencionaba.

Realmente estas cuatro visitas como director invitado fueron complementarias, precisamente por el contraste entre los diversos repertorios que hicimos en cada ocasión, desde Haydn a Henze, de Mahler a Messiaen o Fauré. Y recuerdo bien que la impresión fue siempre algo conjunto, de la orquesta y el coro, como si ambas entidades representasen una misma tradición que merece la pena preservar.

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Tengo la impresión, y usted sin duda podrá corroborarlo mejor que nadie, de que la Orquesta y Coro Nacionales de España atraviesa un momento de madurez, tras todos estos años bajo el liderazgo de David Afkham. Él fue, como usted ahora, director musical y director artístico de la formación. Esta doble tarea, ¿qué implica exactamente, bajo su punto de vista? ¿Y cuáles son sus principales objetivos o líneas de trabajo para perseverar en la evolución y crecimiento de la Orquesta y Coro Nacionales de España?

Creo que los directores de orquesta que debemos ser cuidadosos. Lo que más importa es la música. Y nuestra responsabilidad más primaria es permitir que los músicos alcancen su máximo desarrollo, su máximo potencial. Para los directores de orquesta la tentación de intentar hacer algo de manera singular, como nadie lo hizo antes, es innegable. Pero eso sería pura arrogancia. No debemos olvidar que somos unos auténticos privilegiados. Estamos aquí para cuidar y preservar un legado, una tradición. Un director puede estar diez o quince años al frente de una institución, pero eso no es nada si lo comparamos con las décadas y décadas que atesora cualquier orquesta o cualquier otra entidad musical. A los directores musicales se nos invita a sumarnos a una etapa de ese viaje, no hay que perder de vista que estamos de paso.

Dicho todo esto, creo que la Orquesta y Coro Nacionales de España tienen un potencial extraordinario. La Orquesta está atraviesa un momento interesante desde el punto de vista del relevo generacional. Hay un componente importante de gente joven en los atriles, aportando su energía y sus nuevas ideas, una mentalidad más abierta y seguramente una formación más avanzada, con mayores recursos técnicos. Dicho esto, he visto muchas veces lo inútil que puede ser la pura habilidad técnica, el puro brillo técnico por sí mismo; eso no es arte, es efectismo. 

"Un director de orquesta nunca debería olvidar que está de paso"

Es bien sabido que las orquestas sinfónicas han sido tomadas a menudo, por los filósofos, como metáforas de nuestras sociedades. Diferentes generaciones, diferentes trayectorias, diferentes intereses y especialidades, todos juntos contribuyen a crear algo en común, se ponen de acuerdo para lograr algo que de manera individual no podría hacerse. Esa es la metáfora sobre nuestras comunidades que debemos ver en nuestras orquestas. 

Le mencionaba antes lo importante que es contar con gente joven en una orquesta, pero no es menos relevante contar con músicos experimentados. Y es que la experiencia equivale a sabiduría, la experiencia es conocimiento y sensibilidad por la tradición. Cuando en una formación, como sucede con la Orquesta Nacional de España, tenemos un diálogo constante entre la tradición y la energía, entre la experiencia y la apertura de mente, estamos ante un sonido propio, como le decía al principio, lejos de ese sonido globalizado ya tan frecuente en muchas orquestas del mundo.

Usted decía ahora que la Orquesta y Coro Nacionales de España están en un momento de madurez evidente, y lo suscribo, pero déjeme añadir también que Madrid, la ciudad como tal, es también un lugar especial donde están pasando muchas cosas importantes ahora mismo. Hay grandes posibilidades de trabajo aquí, creo que se percibe en el ambiente; Madrid representa de algún modo el lugar y el momento adecuados para desarrollar un proyecto como el de la Orquesta y Coro Nacionales de España. 

Por otro lado, para mí, como alguien nacido en América, viendo los cambios que atraviesa nuestro mundo hoy en día, creo que es fundamental que una entidad como la Orquesta y Coro Nacionales de España pueda ejercer de embajador cultural para reforzar los mejores vínculos identitarios. Es importante hacerse preguntas y es importante saber quiénes somos, de dónde venimos, etc. Es bien sabido que nací en California y que soy de ascendencia japonesa, pero quizá pocos sepan que crecí rodeado de influencias de la cultura hispana. En California la influencia de la cultura española es enorme, principalmente a través de su lengua, pero también a través de la cultura compartida con los países latinos, tan presentes en nuestro territorio. Es importantísimo que podamos compartir todo este legado, toda esta riqueza cultural con el mundo a través de una entidad como la Orquesta y Coro Nacionales de España.

Llega usted a una entidad pública. Ya ha estado previamente en otras entidades musicales de titularidad pública, como fue el caso de Múnich o Hamburgo. Le pregunto pues, al respecto, ¿qué significa que la Orquesta y Coro Nacionales de España sean públicas? ¿Qué implica esta naturaleza consustancial a la entidad? ¿Qué deberes y obligaciones lleva aparejado este hecho?

Esta es una pregunta fundamental y delicada. A veces los títulos de esta naturaleza se emplean simplemente como un aderezo para denotar prestigio o estatus. Pero la realidad es que el carácter público de una entidad como la Orquesta y Coro Nacionales de España trae consigo una enorme responsabilidad, ni más ni menos que la de servir y reunir a muy diferentes sectores de la sociedad española a través de la música.

Hubo un momento en la historia moderna en el que la estructura del poder era vertical, con divisiones claras en el seno de las sociedades: la realeza, la aristocracia y el clero articulaban la sociedad conforme a sus intereses. Y no era posible pasar de una categoría a otra por mera aspiración personal. Uno no podía formar parte de la realeza por pura iniciativa. 

Al margen de todo esto estaba el pueblo llano, con sus tradiciones, su música popular, sus danzas, sus melodías… Con la era de la Ilustración y con la Revolución Francesa el eje de las sociedades pasó de ser vertical a ser horizontal. El ideal democrático empezó a sembrar otros principios rectores en las sociedades modernas, como la fraternidad. Y todo esto fue entendido y expresado en términos musicales por Bach, Haydn, Mozart y, por encima de todos ellos, Beethoven.

Por vez primera, con la obra de Beethoven, la música clásica empezó a ser también para el pueblo y no ya solo para las sociedades aristocráticas. Y esto mismo es lo que está detrás del hecho nacional que está intrínsecamente ligado a la esencia de nuestra Orquesta y Coro. Al fin y al cabo se trata de algo tan simple como reunir a la gente a través del arte, de la música en este caso. En un contexto como el actual, con cambios tan importantes a nivel mundial, creo que esta es una labor muy relevante.

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Durante su primera temporada como batuta titular y responsable artístico de la Orquesta y Coro Nacionales de España creo que hay dos momentos muy especiales. Por un lado los conciertos de apertura con la Segunda sinfonía de Mahler. Y por otro lado los conciertos con Atlántida de Manuel de Falla. Me gustaría saber algo más sobre los motivos por los que ha escogido ambas obras.

Para abrir la temporada era importante contar con una obra icónica en la que orquesta y coro pudieran entregarse al máximo. Hay un amplio malentendido en torno a la Segunda sinfonía de Mahler, que el propio compositor nunca denominó ‘Resurrección’. En esta partitura Mahler se hace muchas preguntas, indaga cuestiones filosóficas de primer orden, interrogantes existenciales. Por eso precisamente incluyó el texto de Klopstock junto con otros versos de su puño y letra.

Mi aproximación a esta obra es hoy, creo, bastante distinta de la que tenía hace diez o veinte años. Mi último periodo como director titular ha tenido lugar en Hamburgo, una ciudad en la que el propio Mahler no solo ejerció como director al frente del Stadttheater sino que precisamente allí terminó de componer la Segunda sinfonía. 

En aquel tiempo Mahler no era especialmente bien acogido como compositor, la prensa era a menudo implacable con él. Aquel momento histórico fue especialmente turbulento y en términos musicales Mahler tuvo que luchar mucho para encontrar su propio hueco, para lograr que su voz fuera escuchada. Por todo esto creo que se trata de una partitura particularmente relevante para ser interpretada hoy en día.

Dicho esto, me pareció muy importante también que en estos primeros conciertos como director musical y artístico de la Orquesta y Coro Nacionales de España pudiéramos mostrar la obra de una nueva generación de autores y creadores españoles. Por eso incluimos también en estos conciertos el estreno mundial de Deseo tomó delicia, de Mikel Urquiza. Con estos programas intentamos no tanto dar un mensaje de resurrección, de inicio grandioso, se trata más bien de tomar conciencia del ciclo de la vida.

“La pura habilidad técnica no es arte, es efectismo”

En el caso de la Atlántida de Falla, creo que se trata de una obra que le ha acompañado desde sus días como estudiante.

Así es. Yo estudié también composición. Siempre he tenido una gran admiración por la música de Falla y particularmente por esta partitura. A finales de los años años hicimos una grabación de esta obra con la Orquesta Filarmónica de la Radio de los Países Bajos. Aquella experiencia fue realmente transformadora para mí. No en vano una de las primeras cosas que le pedí a Félix Palomero, cuando llegue a la Orquesta y Coro Nacionales de España, fue programar la Atlántida de Falla. Estamos realmente ante una obra maestra, incompleta, pero extraordinaria. Para mí supone una enorme alegría haber podido incluir esta obra en mi primera temporada en Madrid. Tengo una enorme fe en esta obra y creo honestamente que debería formar parte del repertorio habitual de las obras de Falla.

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A modo de novedad, la próxima temporada incluye también un festival monográfico, dedicado en esta ocasión a la obra de Schubert. ¿Qué nos puede contar sobre esta iniciativa? En los próximos años, ¿serán siempre festivales monográficos centrados en compositores o tendrán otros hilos temáticos?

Soy bastante cauteloso a la hora de instaurar hábitos. La idea de este festival monográfico es prestar atención, de un modo muy focalizado, a cuestiones que deberían ser centrales en el repertorio de una formación como la Orquesta y Coro Nacionales de España. Es el caso de Schubert, de quien algunas obras no se han interpretado aquí desde hace muchos años, como las dos primeras sinfonías de Schubert o su sexta sinfonía. Se trata de obras revolucionarias, muy exigentes desde el punto de vista del balance entre secciones, son un reto magnífico para que una orquesta crezca y se desarrolle aún más.

Me da un poco de vergüenza llegar a Madrid sin hablar español, pero estoy aprendiendo con un programa inmersivo. A veces creo que hace falta volcarse en algo con los cinco sentidos para conocerlo bien. Esta misma es la idea detrás de este festival monográfico que haremos cada temporada. Autores como Haydn o Bach están entre mis principales intereses para los próximos años, en este sentido. Sería magnífico explorar en detalle las sinfonías de Londres, en el caso de Haydn. Soy consciente de que la orquesta ha tenido un vínculo habitual con la obra de Bach, con maestros como Ton Koopman. Pero Bach no es un autor que debiera hacerse de vez en cuando, sino con verdadera regularidad, debería estar siempre presente en nuestras temporadas.

También me gustaría reflexionar sobre algunos creadores que fueron contemporáneos en su tiempo. Schubert y Goya, por ejemplo, fueron contemporáneos. Goya fue celebrado en Viena, Schubert en cambio no lo fue. Me gustaría indagar en este tipo de diálogos. Sabe, en California, de donde yo provengo, es muy habitual tratar a autores españoles como Goya, Lorca, Cervantes o Picasso en las escuelas. Para mí son referentes familiares con los que me gustaría promover un diálogo activo desde la música, durante estos próximos años en Madrid.

Ha mencionado antes su temprana conexión con la obra de Falla. ¿Hay algún otro autor español con el que se sienta especialmente familiarizado?

Victoria es un autor importantísimo. Cada año en San Francisco hay un festival dedicado a su obra. Yo crecí escuchando estas grandes obras del Renacimiento. Albéniz es un autor fundamental para cualquier estudiante de piano. Para mí es muy importante también la obra de Mompou, un autor catalán realmente singular, con una sonoridad muy propia, y al que también me gustaría dedicar algún espacio durante estos años en Madrid. Por supuesto también me interesan autores como Rodrigo o Turina, con la música popular como principal fuente de inspiración.

Usted estudió con Messiaen y ha tenido siempre un vínculo muy activo y continuado con la nueva creación. ¿Hasta qué punto esta cuestión va a ser un pilar clave de su titularidad en Madrid?

En realidad no se trata tanto de presentar una cantidad concreta de obras de autores contemporáneos. No importan tanto las cifras como la calidad. Si uno echa la mirada atrás, una buena parte de la música que en su día fue contemporánea no ha logrado permanecer en el repertorio. Lo que entra a formar parte del repertorio es precisamente aquello que tiene la calidad suficiente para seguir apelándonos. Piense que en el tiempo de Beethoven había cientos de compositores de los que hoy en día no tenemos noción alguna. Piense también que Mozart aspiró repetidamente al cargo de músico de la corte en Múnich, bajo las órdenes del príncipe elector de Baviera. Y fue rechazado. ¿Se lo puede imaginar? Mozart rechazado… Menciono esto porque el paso del tiempo aplica un filtro que en última instancia solo tiene que ver con la calidad de la música que interpretamos. 

El tiempo puede ser cruel a veces, pero en términos generales lo que permanece es aquello que es realmente extraordinario. Y en el caso de la creación actual, en el caso de la música contemporánea, debemos aplicar el mismo criterio. Si se trata de obras con sustancia y con sentido, debemos apostar por ellas. Si un compositor logra con su obra mostrar una voz singular y distinta, debemos apostar por ello. Es importante que una entidad musical como la Orquesta y Coro Nacionales de España sea una plataforma que haga posible la nueva creación bajo estos estándares de calidad.

En ocasiones mi mujer bromea conmigo diciendo que tengo la capacidad de escuchar el futuro (risas). Y de alguna manera es así: percibí enseguida el potencial de un joven George Benjamin, lo mismo con John Adams, con Unsuk Chin, con Jörg Widmann o con Thomas Adès, al inicio de sus carreras. Bromas aparte, lo que le quiero decir con esto es que el primero que tiene que creer en el talento de un autor y su obra es precisamente el director musical que apuesta por ella. Si yo no creyera en el talento de un compositor, ¿con qué autoridad puedo esperar que el público valore su creación?

Fotos: © Antoine Saito