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 perez floristan antonio del junco

Juan Pérez Floristán:
"El arte es el camino para subsanar nuestra desconexión con la vida real”

Fue el flamante ganador del Concurso Internacional de Piano Paloma O’Shea en 2015 y tres años después nos sentamos frente a una de las apuestas más seguras del piano español. La conversación fluye con pasmosa naturalidad, entremezclándose con la clásica referencias a David Bowie o Juego de Tronos. Juan Pérez Floristán se declara cinéfilo -y seriófilo-, no reniega del pop y filosofa sobre la música, hablando sin tapujos de ella y sus circunstancias. Nos presenta además su último disco, en Naxos, dedicado a Liszt, Beethoven y Schumann. Todo un tour de force con dos de las obras más exigentes del repertorio: Fantasia de Schumann y Sonata en si menor de Liszt, en las que Floristán se desenvuelve con pasmosa facilidad al mismo tiempo que nos resuelve y plantea los porqués necesarios para disfrutarlas. Casi nada.

--- (Fragmentos seleccionados de la entrevista) ---

(...)

¿Por qué las obras escogidas en su disco? Tremendamente bellas, son sin duda muy exigentes y digamos que no entran en el abecé del aficionado casual... Y sin embargo hay una cohesión total entre todas ellas.

Bueno, la explicación más obvia es que yo siempre he querido tocarlas antes de morir. En el top de mi lista de cosas por hacer está la Sonata en si menor de Liszt. Necesitaba sentirla, vivirla, experimentarla, del mismo modo que no quiero morirme sin tocar muchas de las sonatas de Schubert o las 32 de Beethoven. Muchas obras, pero en el top, este Liszt. 
Desde luego también la Fantasía de Schumann. Las dos eran irrenunciables para mí. Cuando Naxos me preguntó qué quería grabar, les planteé las dos y me dijeron que adelante, así que... ¡Aquí están! Son, para mí, las obras cumbre para piano de cada uno de ellos. Además me parece una relación muy bonita, de las de amistad más profunda que se han dado. Amistad, admiración y respeto ante estilos tan diferentes. Como cuando Mahler, preguntado por la música de Schoenberg, contestaba: “No la entiendo, pero es joven y llevará razón”. Hay que tener mucha altura de miras para respetar algo que no entiendes.

Schumann de hecho, cuando se planteaba su Concierto para piano, rehusaba hacerlo en el estilo, digamos, de Liszt, para un “mero virtuoso técnico”.

Efectivamente. Y por eso, que Schumann le dedique su Fantasía a Liszt, ¡es tremendamente bello! Y Liszt a su vez le dedica su Sonata, con el elemento trágico de que para cuando le llega la dedicatoria, Schumann ya se ha tirado por el puente y está en un sanatorio. Muere allí sin enterarse.
Por otro lado, a Clara no le gusta Liszt, no le respeta y encuentra cuantiosas incongruencias armónicas en sus obras, sin que según ella pueda seguirse un discurso claro. Por todo ello, ví dos dedicatorias no azarosas sino llenas de significado.
En el cedé, entre una obra y otra, la transcripción de Liszt del ciclo beethoviano “A la amada lejana”, lo que perfectamente era Clara para Robert en el momento en que este componía su Fantasía, cuando aún no estaban juntos, citando claramente una de las melodías de Beethoven. 

Un disco realmente cohesionado.

Me encanta poder servir programas cohesionados. Es una influencia de mi padre, director de orquesta. Me gusta que siempre haya conexiones. Desde las más evidentes, que pueden ser tonales o estilísticas, hasta las más raras, pero que son geniales. Como unir a Scarlatti con Ligeti o Haydn con Bartók. ¿Y por qué no aunar húngaros como Liszt, Bartók y Ligeti?

¿Hacia dónde enfoca su carrera? Tenemos grandes pianistas como András Schiff, centrados en la gran rama austro-germánica: Bach, Haydn, Mendelssohn, Schubert... O por ejemplo Javier Perianes, que intercala la rama germánica con la francesa y sus concomitantes...

Es una decisión, la de programar, totalmente personal. ¿Qué historia quieres contar a lo largo de tu vida? ¿Qué historia quieres contar en un recital determinado? Ha de ser muy meditado, por lo que debemos cruzar los dedos para que sea convincente. Se puede hacer un programa homogéneo desde la homogeneidad... ¡o desde la heterogeneidad! Un Brahms-Debussy... hay algo que no funciona. Sin embargo: Mozart-Ravel... ¡hay muchos puntos de unión! A mí no me encantan los programas de pianistas de concurso.

“Programas de pianistas de concurso”. Por favor, ¡desarrolle su frase!

Pues lo evidente, que los pianistas que se presentan a concursos van y tocan un batiburrillo que aburre. Que si tres preludios de Rachmaninov, dos estudios de Chopin, una sonata de Scarlatti y el Mephisto Waltz de Liszt. A mí esos no me encantan. Además del mensaje que se ha de transmitir con cada obra, el artista debe contar una historia, mandar siempre un mensaje. Concibo cada uno de mis recitales como una obra de arte en sí. Y luego, lo bueno, es que respetemos al público. Si toco la Sonata de Bartók, que me parece una obra realmente buena, no puedo tocar las Notations de Boulez y la Musica ricercata de Ligeti (A no ser que esté en un festival de música contemporánea).

Habla de los pianistas de concurso. Usted que ha ganado el Paloma O’Shea, ¿tiene sentido presentarse a un concurso hoy en día?

Usted quiere decir que la masificación ha hecho que los concursos ya no sean lo que eran. Evidentemente. Antes no había más que ver las edades medias de los ganadores de concursos. A los 28, 30 años... se primaba más el haber tenido un primer ciclo vital y ser un artista maduro, completo. Con el concurso se daba el espaldarazo final. Hoy día se prima la juventud.  Es un arma de doble filo. Por un lado se han masificado y su efecto es menor, pero por otro lado, al masificarse todo, hace falta más que nunca el “título”. Un filtro. Es paradójico pero la frase que tanto se cita de Bartók: “Los concursos no son para artistas sino para caballos” (risas), me parece clarividente. Y lo dice el ganador del Paloma O’Shea.

Pero no parece un filtro, como tantos filtros, equitativo.

No, no lo es, pero si no es ese el filtro, ¿cuál es? El arte no es cuantitativo, su razón de ser es completamente subjetivo y el único método que se ha creado para medirlo, sobre todo en el siglo XX, son los concursos. Un concurso no deja de ser un baremo. No les culpo. Yo cuando voy a ir al cine, que supone una inversión de tiempo en mi vida, lo primero que hago es ir a Filmaffinity y mirar la nota. Como hacemos todos. Y todos sabemos en qué consiste esa nota, pero por algo debemos empezar. Opiniones sesgadas, erradas, diferentes a la tuya, intereses creados... Me duele decirlo, pero por resumir, hoy en día sin presentarte a los concursos, es muy difícil hacer carrera. Lo he comprobado en mis propias carnes.

¿Qué es lo importante, o qué debería ser lo importante y que es lo que prevalece finalmente hoy día para que un pianista haga carrera?

Ser fiel y ser firme en tus convicciones. Confiar en tu talento sin que te quite la actitud autocrítica. No he dejado de plantearme mi carrera ni un sólo día desde que gané el concurso. Cuando leo que me llaman virtuoso, ahora que creo que estoy dando un salto técnino, me río.

¿Y qué es un virtuoso?

Pues muchos otros pianistas que tocan mucho mejor que yo.

¿Virtuosos técnicos?

El virtuosismo va mucho más allá. Decir que el virtuosismo es saber delinear, es mentira y decir que es no fallar, también es mentira. Algunas de las mayores virtuosas de estos últimos años han sido Maria Joao Pires o Mitsuko Uchida. Esos sonidos tan propios de cada una de ellas se consiguen a través de unos medios técnicos brutales. Volodos, Sokolov, Argerich... Me gusta más la concepción técnica que se tenía antes y no tanto la de ahora. Hoy las grabaciones y los concursos lo intoxican todo y creemos que la perfección técnica es no fallar notas. Un pianista con una gran gama de colores no parece importar tanto. De hecho, Richter tenía seguramente la mejor técnica del siglo XX y no conozco una sola de sus grabaciones en vivo donde no falle pocas notas... ¡Pero eso no es para nada la técnica!

¿Qué es la técnica?

Algo mucho más trascendente. La facilidad, la concisión en tu mensaje. Un dominio absoluto del teclado, de sus colores, donde todo aquello que imagine el pianista, surja tal cual. Donde el cuerpo, intermediario entre imaginación y sonido, deja de existir. Eso es la técnica. Si yo sólo buscase precisión, me hubiese dedicado a la gimnasia, no al piano.

Me hablaba antes de otras músicas: Bowie, Radiohead... ¿Es consciente de que a muchos se les va a cansar el brazo de apuntarle con el dedo?

Sí, pero... ¿¡Se refiere negativamente!? ¿¡En 2017!? Me cuesta muchísimo creerlo. Mire, aquellos que juzgan estas músicas e incluso dicen que Bowie no es música, no tienen cabida en el presente. Yo no le pido a Radiohead lo mismo que a Beethoven, ni a Beethoven lo que le pido a Radiohead. ¡Son tan diferentes! ¡No tienen nada que ver! Sería como pedirle a Los Vengadores lo mismo que a Kurosawa, ¿Siguen siendo cine los dos? Sí, pero dos mundos distintos.

Veo que tiene una visión positiva en cuanto a las mentes pensantes de la música clásica, ¿qué muros nos quedan por derribar?

Creo que en la clásica estamos cometiendo un error muy grande: (...)

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Foto: Antonio del Junco.

 

 

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