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Luis Cansino. Betina Skovbro

Luis Cansino: "Siempre que te subes a un escenario estás aprendiendo"

El barítono gallego Luis Cansino está firmando una gran temporada, con grandes interpretaciones en nuestro país y fuera de él. Ha cantado en dos producciones del Teatro de la Zarzuela, en el Cervantes de Málaga y ahora participa en La Gioconda que ha preparado el Liceu, con la producción de Pier Luigi Pizzi, antes de volver a cantar Nabucco por Europa. Hablamos con él sobre su trayectoria y acerca de la actualidad de la lírica. 

 

Bernada, Gioconda, Aida, El sueño de una noche de verano... esta temporada no para, ¡esta usted en todo lo alto!

Bueno, en todo lo alto en realidad nunca se está. Creo que en esta profesión nunca se termina de llegar arriba porque nunca se termina, afortunadamente, de crecer. Si uno cree que ya ha llegado al límite o a la cumbre, es el momento de colgar los hábitos y quedarse en casa. Siempre se puede ir a más. Y dicho esto, esta temporada es muy bonita para mí, aunque lo importante es pensar que la temporada que termina ha sido mejor que la anterior. Mientras se de esa situación y esa línea de crecimiento, todo es positivo. Y no me refiero tan sólo a los contratos y teatros, sino también a si tu rendimiento y tu prestación como artista, ante el público y la música, está siendo la correcta.

¿Las formas de crecer, las importantes, no vienen de los contratos?

¡Claro! No siempre se crece con los grandes teatros, aunque otras veces sí. A lo largo de mi carrera nunca he sido de quedarme con los titulares, por decirlo de alguna manera, sino de valorar todas esas pequeñas cosas que te hacen crecer, que te aportan en lo personal. A veces me ha aportado mucho más cantar pequeños papeles, no tan importantes, pero que me han permitido conocer a colegas extraordinarios, a directores de escena o musicales con los que he aprendido mucho. El no marcharte a tu casa y poder ver desde un rincón toda la producción, aprendiendo... ese enriquecimiento a veces es mucho más importante que el hecho de firmar un gran contrato.

Uno de los papeles con los que hemos crecido todos, público incluido, ha sido su reciente Poncia en La casa de Bernarda Alba, en el Teatro de la Zarzuela.

Ha sido una producción maravillosa y un momento de mi vida artística que, creo que siempre voy a decir,  ha marcado un antes y un después en mí. Por muchas cosas, no sólo por interpretar el personaje travestido de una mujer, que ya de por sí es muy complicado, sino por el hecho de todo lo que implica hacer la música de Miquel Ortega y hacerla sobre un texto tan importante como es nuestro teatro y nuestra cultura, como es Bernarda Alba; ¡es nuestra Electra! A veces en España no somos capaces de valorar lo que tenemos en nuestro acervo cultural y poder formar parte de esta creación ha sido muy importante. Desde el punto de vista personal, siempre he sido una persona muy respetuosa y admirador de la mujer, por su lucha constante a lo largo de la historia, enfrentándose a multitud de adversidades. Estar en una producción rodeado de mujeres, intentando ser una más y que ellas te permitan ser una más, viendo esas cosas que a menudo los hombres ni nos paramos a pensar: por ejemplo que había dos compañeras mamás, con bebés y lo que supone para ellas ser madre mientras son profesionales. Esta profesión es tremendamente difícil y es sobre todo, tremendamente difícil para las mujeres.

Una vez más, los hombres decidiendo e imponiendo lo que deben o pueden hacer las mujeres.

¡Exacto! El obligarlas a tener que decidir ya no si quieren, sino si pueden ser madres y tener una carrera profesional al mismo tiempo. A veces no nos percatamos lo que supone para una mujer. Lo que les supone tomar decisiones personales sobre su carrera, cuando no debería afectarles en nada. Es tremendamente injusto. Como, por otro lado, cuando las acusamos de que les ha cambiado la voz por ser madres. Son tantos factores... Hubo tantas cosas sobre las qué pensar en esta producción de Bernarda... tanto pensar en mi madre, en cómo era ella, en cómo había sufrido, renunciando a estudiar por ser la mayor de sus hermanas...

Recientemente participó en unas funciones de Aida en Málaga.

Sí, esta producción arrancó en el Teatro Cervantes de Málaga y después se harán determinadas funciones en las que yo participaré sólo en algunas, porque por agenda no puedo hacerme cargo de todas. Muy feliz de hacerlas, porque creo que también los artistas no debemos nunca que rasgarnos las vestiduras por participar en producciones privadas que, por otra parte, son las que permiten llevar la ópera a todas las gentes de nuestro país.

Tengo la sensación de que antes se veía como algo habitual. Caballé y Bernabé, por ejemplo, realizaban este tipo de giras... ¿Subestimamos ahora el poder de estas producciones?

Sí, pero además, lo que sucede es que lamentablemente lo subestimamos hasta en nuestra propia producción. Pareciera como si estas cosas uno ya no pudiera hacerlas llegado un momento. Luego además tienes que ver cómo algunos cantantes se andan quejando, probablemente con razón, de la situación laboral, pero que se instalan en unos posicionamientos entronizados, desde mi punto de vista erróneos. Siempre lo diré: Siempre que te subes a un escenario, estás aprendiendo. Siempre. Siempre. Te enfrentas a condiciones y circunstancias que te enseñan. Hay que ser, deberíamos ser conscientes. Las producciones más pequeñas, muchas veces te permiten acercarte a la esencia de la lírica y, sobre todo, acercarte a ese público que no puede permitirse pagar una entrada en un gran teatro. La obligación del artista es llevarlo al público, porque el arte no es nuestro, es algo que se nos ha dado y nuestra obligación es transmitirlo a cuanta más gente, mejor.

Pero si el teatro pequeño es fuera de España...

Bueno, es que eso ya me parece surrealista. Subestimamos el trabajar en teatros pequeños de España, pero si lo hacemos en algunos fuera de aquí, entonces ya nos vale. No lo entiendo. Imagino que queda más bonito o redundante decir que has trabajado en tal país, que en un pueblo de España. Eso es muy triste.

 

- "POLITIZAR LA CULTURA ES UNO DE LOS ERRORES MÁS GRANDES QUE PUEDEN COMETERSE" -

 

¿Cómo ve la lírica, su presente en Vigo y en Galicia, de donde es usted?

Galicia ha estado siempre a la cola de muchas cosas y desde luego también al nivel de la cultura. Estas historias de politizar la cultura es uno de los errores más grandes que pueden cometerse. Hay ciertas cosas que han de estar al margen de quien gobierne. En Galicia hay muchas asociaciones líricas, las más importantes las de A Coruña y Vigo, que son también las más longevas. La realidad es que son contínuamente maltratadas, sobre todo desde las ayudas públicas. Evidentemente, Coruña se ha quejado mucho y con razón, pero es que si hablamos de Vigo, es ya tremebundo. Directamente no tiene ninguna ayuda por parte del Estado. Si se mantiene su pequeña temporada es gracias al esfuerzo de los Amigos de la Ópera de Vigo, a su junta directiva y a las ayudas que el Ayuntamiento de Vigo aporta, ante los recortes que ha habido desde otros estamentos. Pieno no sólo en Galicia, sino en toda España, en tantos jóvenes que están estudiando, que tienen esa ilusión de poder hacer una carrera y poder empezar a cantar... y se me cae el alma a los pies. Yo tuve la gran suerte de poder empezar a cantar en escenarios desde los 20 años que debuté, porque existía esa posibilidad. Había muchas compañías privadas y muchas pequeñas temporadas en las que poder empezar, pero ahora estamos cerrando todo. No existe manera de que los jóvenes que puedan aprender, puedan cantar.

¿España estaría preparada para tener una red de compañías estables?

Es que aquí tendríamos que hablar de muchas cosas. Habría que pararse a pensar cómo puede ser que de pronto nos entre la moda de programar un título determinado y verlo en cuatro, cinco, seis teatros de ópera, pero con producciones diferentes, porque existe ese nivel individualista tan propio de los españoles. Luego nos quejamos mucho a nivel político, diciendo que somos una nación y todo es precioso, pero la realidad es que somos completamente independientementes... y esto pasa incluso dentro de las mismas regiones o ciudades. Imagínese lo que supondría si entre tres o cuatro teatros españoles se produjese, de forma habitual, determinado título. ¿También sería deseable que los mismos cantantes fuesen quienes la interpretaran en todos estos teatros? Pues sí... y también pues no. En cualquier caso, creo que una colaboración estable sería muy interesante.

También desde el lado de los artistas deberíamos ser más abiertos, estar por encima de ciertas cosas. Hemos vivido unos años en los que la zarzuela era una cosa inferior también para los cantantes y se catalogaba a un cantante como "zarzuelero" de forma despectiva. Por el hecho de cantar zarzuela, no podía cantar ópera, pero es que había teatros que dentro de su temporada programaban ópera y zarzuela, y con una alegría inmensa podían programar, por ejemplo La rosa del azafrán con seis funciones seguidas, sin descanso y con los mismos cantantes, porque para el programador no tenía dificultad cantarlo... Imagínese si le dice a una soprano que va a cantar Traviata seis veces seguidas... ¡Y esto es culpa también de los cantantes, insisto! Los cantantes deberíamos ser más conscientes... y tener claro que la lírica engloba a mucha gente tras el escenario y que nosotros somos la cara visible.

Imagino que esto enlaza con que un teatro de ópera se permita el lujo de decir que va a absorber un teatro de zarzuela, como hemos visto recientemente. En cualquier caso, a veces tengo la sensación de que falta una conexión real con el público actual. Acaban de pasarme los candidatos a los Max de este año y no hay una sóla producción o artista de ópera o zarzuela...

Pues no sé si nos falta esa conexión... probablemente. A mí me gustaría que la lírica en nuesto país fuese más asequible para la gente. Que no les costase tanto pagar un espectáculo de ópera o zarzuela. El grandísimo error, en general, es pensar que la lírica, la música, la cultura, se puede autofinanciar. Esto es un valor que va mucho más allá del dinero. No se puede pretender que una ópera se autofinancie con las entradas, es imposible. Estamos ofreciendo cultura y desde el momento en que la clase política entienda que la cultura es un bien necesario y que lo único que hay que hacer es ofrecerla al público, estaremos logrando entonces ese objetivo de que la gente se acerque a verlo. Por supuesto se han hecho avances muy importantes, como eliminar la casposidad de las producciones, con elementos interesantes desde el punto de vista visual, para que no sólo ese público maravilloso de siempre disfrute.

¿Cómo ve esta polémica que va y viene sobre los cantantes españoles, que ahora parece estar más arriba? Las cuotas, el cantar en España... ¿Nos pasamos de frenada? ¿Nos quejamos con razón?

Yo tengo que decirlo: soy absolutamente contrario a las cuotas. Por esa misma regla de tres, nosotros no cantaríamos en el extranjero. Lo que ha de primar, por encima de todo, es la calidad. Sí es cierto que, al mismo nivel de calidad, podrían hacer por contratar a alguien de aquí. Sobre todo hay veces en las que choca mucho que, para determinados tipos de papeles, quizá no tan importantes, se traiga cantantes de fuera cuando hay gente aquí que puede hacerlo estupendamente. A mí me han dicho varios programadores españoles que necesitaban ver cómo triunfaba fuera para poderme considerar aquí. Cuando esto lo comentaba en el extranjero, evidentemente me contestaban que es curioso el hecho de que tengan ellos que confiar en mí antes que mi propio país. Esta es la realidad. Sí deberían establecerse y me parece importante, dobles y triples repartos de una manera fija. En los grandes teatros se debería establecer un reparto alternativo de cantantes españoles que puedan tener la oportunidad de cantar un gran rol y, lo que le decía antes, aprender. Y en temporadas pequeñas, dedicar una o dos funciones a ese reparto alternativo. Es algo que ya se hace en algunos títulos de ABAO u Ópera de Oviedo, pero debería hacerse en todos lados, de forma habitual.

Y quiero decir algo más, hay además una cuestión de lobbys. De pronto aparece determinado artista y es como si todo el mundo lo hubiese descubierto. Pasamos de la ignorancia al amor con un chasquido de dedos y me parece algo muy ficticio. Ni se puede ignorar, ni se puede amar a un artista de manera tan grandilocuente sólamente porque así nos lo están vendiendo. Quiero romper una lanza por todos los cantantes españoles que estamos cantando y haciendo carrera fuera de España, porque somos muchos. Pero muchos. No sólo los que algunas personas se encargan de hacer ver que hacen carrera. Parece que sólo nos interesa hablar de determinadas personas, pero en realidad hay mucha gente: Elena Sancho Pérez, Sabina Puértolas, Davinia Rodríguez, Eduardo Aladrén que triunfa en los teatros alemanes y parece que aquí nadie se entera... Ruth Iniesta, Simón Orfila, Andeka Gorrotxategui o David Menéndez, entre muchos otros.

¿Tiene la sensación de que se le requiere igual dentro que fuera de España? ¿Para el mismo tipo de papeles?

No. Absolutamente no. Es algo, de hecho, que he hablado con Joan Matabosch, porque quería conocer su opinión. A mí me costaba comprender por qué en Europa soy requerido en teatros importantes para cantar un determinado tipo de repertorio de barítono dramático: Nabucco, Macbeth, Forza del destino... y aquí en España parece que se me cataloga como buffo. No lo digo como algo peyorativo, pero es una dicotomía que no entiendo. Joan me comentó que no debería ser un problema que me rompa la cabeza, pero bien es cierto que a veces te catalogan y que debería abordar, explorar ciertos personajes que vamos a llamar teatrales, de carácter en la ópera del siglo XX, donde él me ve un filón enorme. Gracias a ese consejo estoy explorando ese camino, pero sí que he tenido esa idea de la dicotomía en la cabeza, como le comento, aunque afortunadamente hablo en pasado. Ahora mismo cuando me llega un papel, lo veo y si lo hago, lo disfruto.

 

- "GRACIAS A LA ZARZUELA SOY EL ARTISTA QUE SOY" - 

 

Hablando de papeles, se habla siempre de los roles que ha cantado Plácido Domingo... y el caso es que he estado contando los que usted ha cantado ¡y me salen alrededor de la centena!

Pues mire, son 111.  

¿Y cómo mantiene uno la cabeza habiendo sido 111 personas distintas?

¡Pues muchas veces no lo sé! (Risas). He tenido una carrera, y lo digo con orgullo, en la que muchos personajes secundarios me han hecho crecer, empezando desde abajo. Me miro ahora, con 52 años y 32 de carrera, mirando para atrás, recordando compañeros y compañeras, incluso más jóvenes, que ya no están en activo y no puedo sino sentirme afortunado. Me he tropezado, me he caído, he aprendido de mis errores que los he cometido y muchos, pero me he levantado, he mantenido los pies en los suelos y he mantenido una capacidad de autocrítica que me ha salvado. No he denostado cantar pequeños papeles ni zarzuela. De hecho, gracias a la zarzuela soy el artista que soy. De joven soñaba con hacer una carrera larga y mire, de momento, aquí estoy.

Tiene que ser tan difícil despedirse del escenario cuando llega el momento, ¿no?

Bueno, no y sí. Es que hay muchas maneras de dedicarse al escenario. Yo lo que no quiero es que llegue el día en que me arrastre sobre él. Antes de eso me retiraré. Uno tiene que ser consciente de lo que puede y lo que no puede hacer. Por ejemplo llegó un momento en que decidí no cantar más ciertos papeles y la gente a mi alrededor no lo entendía, como La del manojo de rosas, pero es que, por muy bien que lo pudiera cantar, yo ya no tenía edad para interpretar a un muchacho.

A mí es que me pone mucho ver a cantantes de cierta edad en ciertos personajes: Norma, Tristan...

Hay determinados papeles que a lo mejor son más indefinidos... se pueden prestar. Y luego hay algo que es la vocalidad, porque si le dices a una muchacha de 25 años que cante Isolda, o a un muchacho Rigoletto, ¡los matas! La vida del canto va muy ligada a tu vida personal y hay cosas que con cincuenta años no puedes sentir. Las has sentido y cuando lo haces lo cantas desde el recuerdo y la nostalgia, pero no desde tu realidad, por mucho que seas un excelente actor o actriz. Hay que ser muy serios en este sentido. Hay tantas cosas que cantar, que no tienes por qué seguir cantando todo. Creo que cuando llegue el momento tendré la capacidad de seguir diciendo hasta aquí... hasta el adiós definitivo... y si no, espero tener a gente a mi lado que sepa hacerme ver que ha llegado mi momento.

Tengo una pregunta un tanto morbosa. ¡Un papel que al parecer rechazó fue el de representar a España en el Festival de Eurovisión!

(Risas). Sí. El año en que nos representó Mercedes Amaya. De hecho conservo la demo de lo que iba a ser, la maqueta del single con la canción que iba a cantar: Amor amarte. Y luego la cara B, que era la canción Loco. Pero se quedó en eso. Yo era un niño que cantaba canciones de Al Bano, Raphael, Camilo Sesto... desde muy chiquitito y me llevaban por programas de radio. Me bautizaron como "El ruiseñor del noroeste" y yo era feliz (Risas). ¡Ni cobraba! ¡Me daban un bocadillo y a correr! (Risas). A raíz de aquello empecé, gracias a mi madre, a estudiar canto, con vistas a educar la voz, pero en aquel momento no tenía en la cabeza, evidentemente, ni la ópera ni la zarzuela. Recuerdo que con 14 años me presente a las pruebas para entrar al Conservatorio de Madrid y por aquel entonces el catedrático al mando era nada menos que Pedro Lavirgen. Como estaba aún en activo, no estuvo en mi prueba ¡y por eso creo que me cogieron! (Risas) Si llega a estar, y esto lo he hablado con él muchas veces, no me hubiese aceptado porque era demasiado pronto, yo no sabía ni lo que era un barítono ni un tenor... ¡Si entré cantando Fiel espada triunfadora bajada cino o seis tonos! (Risas)

Volviendo a la actualidad, canta ahora Barnaba, en La Gioconda del Gran Teatre del Liceu.

Es un personaje maravilloso, muy difícil. Empieza muy fuerte, el primer acto le pertenece, con el pequeño terceto, el concertante, el dúo con el tenor y el O monumento! que es un aria fascinante. Luego, en el segundo acto, cantas la barcarola y ya se diluye con intervenciones breves, hasta que finiquitas tú la ópera, con la última escena junto a la soprano, en uno de esos momentos que a mí me ponen, absolutamente dramático. Este, de hecho, será mi primer gran papel en el Liceu, porque canté allí hará como doce años en una Thaïs junto a Renée Fleming, que fue mi debut. ¡Así que esto es un regalo de personaje!

No quiero despedirme sin preguntarle por el compromiso del artista, pues es usted un hombre muy comprometido en lo social...

Es que los artistas, antes que artistas y por encima de todo, somos seres humanos. Los cantantes de ópera a veces nos encontramos en una posición que no sabría ni adjetivarla, pero en la que a veces se nos olvida que somos seres humanos. Padecemos (y disfrutamos) como los demás. Debemos estar comprometidos con nuestra sociedad y no callarnos si algo no nos parece bien y ser los primeros en abogar por las cosas que nos parezcan injustas. No sólo sobre la cultura, sino sobre todas las cosas. No nos debemos esconder. En general, el ser humano, debería tener siempre la libertad de no esconderse y, al tenerla, ejercerla.

Foto: Betina Skovbro.

 

 

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