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JJ Rodriguez 2 

Juan Jesús Rodríguez: "En España está muy penado equivocarse"

Llega ahora su debut como Nabucco en la Ópera de Las Palmas, tras su paso por el Met y con la vista ya puesta en su siguiente debut, como Macbeth en Marsella. Juan Jesús Rodríguez habla a tumba abierta, sin pelos en la lengua, poniendo al artista por encima de todo y defendiendo que hay valores en el mundo de la música que se deberían recuperar y defender.

Parece que el debut en el Met fue una inflexión en su carrera, pero su trayectoria ya viene de lejos. Le hice la misma pregunta a Celso Albelo, que debutó en fechas próximas a las suyas en el Met: parece que algunas citas más sonadas les ponen de repente en el disparadero, pero al final hay que haber demostrado muchas cosas antes para poder estar ahí.

Todo es importante, pero lo más importante para mí es que llevo trabajando desde 1994, cuando debuté como solista en el Teatro de la Zaruzela. Estoy haciendo una carrera larga, no me he quedado por el camino, me he ido desarrollando cada vez más a pesar de las dificultades. Y cantar en el Met es algo que veo como un fruto natural.

Tengo la sensación a veces de que su carrera se ha ido asentando más fuera que dentro de España.

Es así. Yo tuve que coger la maleta e irme, llamar a muchas puertas y curiosamente resulta que las puertas fuera de España se abren mucho más fácilmente que aquí. Seguimos creo con ese complejo de que lo de aquí no vale tanto, incluso cuando hablamos de nuestro propio repertorio, de la zarzuela, que parece que seguimos viendo como algo por debajo de la ópera italiana o alemana. Y eso es algo con lo que estoy en completo desacuerdo. Somos una potencia a nivel artístico. No se trata de patriotismo, pero yo he vivido la realidad de este mundo desde abajo, tanto dentro como fuera de España, y puedo asegurar que somos una potencia sin la menor duda, en todas las disciplinas, tanto en música vocal como en danza, composición, etc. Y no lo valoramos como es debido.

Ahora mismo va camino ya de los cincuenta años y sin embargo parece que siempre fuera pronto para cantar Verdi y un repertorio más dramático. Creo que hay un tópico demasiado extendido en este sentido, como si por fuerza todas las voces tuvieran que esperar determinado tiempo antes de enfrenarse a ciertos repertorios.

Esto es algo con lo que llevo luchando toda mi carrera. Es una batalla personal. Todavía recuerdo una rueda de prensa, presentación de una producción de Trovatore que íbamos a hacer, y venía de cantar varios papeles de Verdi. Y el periodista de turno le preguntó al director de escena: “¿Usted cree que Juan Jesús Rodríguez es un barítono verdiano?”. Es absurdo… Yo siento Verdi hoy en día como mi repertorio natural, como lo más adecuado que puedo cantar con mi voz. Tengo ahora alumnos de clases de canto y aconsejo mucho cantar Verdi, porque es un belcanto muy particular que enseña muchísimo a una voz joven, singularmente en el caso de los barítonos. Verdi conocía muy bien la voz de barítono y escribía con mucho cuidado para ella. Si repasamos la biografía de los grandes barítonos verdianos, no empezaban a cantar Verdi con cuarenta años, sino mucho antes, desde el principio de sus carreras prácticamente. Ahora se ha implantado la idea de que hay que empezar con Mozart, luego belcanto y más tarde si acaso Verdi. Y no es así. Hay que empezar con l que a ti te gusta, con lo que tu corazón y tu alma te dicen. Y tienes que atreverte a cantarlo, a madurarlo, a aprender con ello. Somos un país lleno de límites. Porque esto no pasa en Italia. Recuerdo gente como el fallecido Licitra cantando La forza del destino con apenas treinta años. Yo tengo hora cuarenta y siete años y he cantado muchísimo Verdi, desde el Metropolitan de Nueva York a muchísimos teatros italianos y algunos españoles, claro. Y todavía hay gente que dice que Verdi es demasiado para mí, cuando es mi terreno natural hoy en día. Incluso un jurado internacional de crítica especializada me califica como una de las 10 mejores voces verdianas del momento en el mundo. También le pasó a Sardinero, al que le llegaron a decir que en era un tenor venido a más. Hay mucha falsa autoridad, mucha gente empeñada en dar lecciones, cuando en realidad cada voz es un mundo y todo depende de la propias sensaciones. Y eso es lo fundamental: respetar lo que siente cada cantante, no ponerle más límites de los que él mismo se pone, que ya son muchos. Todos tenemos límites, pero se trata de encontrarlos durante un proceso de trabajo y conocimiento, no de marcarlos desde el principio.

Me imagino que ese juego con los propios límites lo más complicado será negarse a las propuestas que llegarán de tanto en tanto, con tentaciones para ampliar repertorio, etc. 

Por supuesto, pero es fundamental. No hace mucho dije que no a una propuesta para cantar Scarpia, un rol que me han pedido muchas veces, como el Escamillo. Son roles que encuentro demasiado dramáticos en unos casos o demasiado graves en otros y con los que creo que no me voy a sentir cómodo y menos capaz de conmover al público como yo quiero. Pero para eso tienes que probar y equivocarte. Y en España está muy penado equivocarse. Y sin embargo no hay forma de aprender si no te equivocas y rectificas. Recuerdo cuando empecé, todavía en un coro, haciendo particchinos, cuando no me salían contratos, que García Navarro que era entonces el director artístico del Teatro Real me llegó a decir un día que me quedase allí en Madrid haciendo comprimarios. Me empezaron a vender la idea de que yo iba a ser un comprimir de lujo. Tuve muy claro entonces que en España me estaban poniendo los límites y no me los unía yo. Y por eso decidí coger la maleta y descubrir por mí mismo quién era y cómo valía.

¿Cómo recapitularía esos inicios, esos primeros años antes de empezar una trayectoria como solista?

Yo me vine de Huelva a Madrid cuando tenía veinte años y estaba estudiando filología inglesa. Tenía claro que eso no era lo mío. Llegué al a Escuela Superior de Canto, donde estuve dos años. Todo funcionaba muy bien salvo precisamente el canto, no había propiamente dicha una escuela de canto. Cuando llevaba un año en Madrid hice una oposición para el Coro de RTVE, donde estuve dos años, y luego me pasé al coro del Teatro d ella Zarzuela, donde por entonces se hacía aún la ópera, antes de que se abriese de nuevo el Teatro Real. Y allí es donde realmente empecé a hacer papeles pequeños ya a conocer el mundo del teatro desde abajo y desde dentro. Estuve allí cinco años y luego decidí irme, justo cuando me hacían fijo en el coro. Empecé a presentarme a concursos, gané algunos premios, pasé un año sin ningún contrato y en el año 200 debuté con el Enrico de Lucia en el Campoamor de Oviedo. Y a partir de ahí ya empecé la carrera como barítono principal, porque desde el 94 ya cantaba roles comprimarios. Tras el Enrico tampoco me llovieron los contratos y me fui a Alemania. Es triste pero en España cuando tienes un éxito la gente no se lo cree, precisamente porque eres español y parece que hubiera algo raro detrás. Con un agente de Viena empecé a audiciones en Alemania y los contratos fueron saliendo uno tras otro, conforme me oían cantar. Me equivoqué muchas veces… Recuerdo que audicioné para Zubin Mehta con Tannhäuser, cuando yo no hablaba alemán. Aquello no salió bien (risas).Todos esos errores también te afianzan porque refuerzan lo que haces bien. Y fue entonces cuando me metí en serio con Verdi, a estudiarlo con ahínco y descubrí un mundo: descubrí mi voz, mis límites, mis posibilidades, etc. Y ahí empezó realmente mi carrera tal y como ahora la conozco. y tengo claro que lo fundamental en todo esto ha sido no creerme los límites que me ponían los demás, porque bastantes límites me ponía yo mismo. La máxima autoridad de la voz y del canto es uno mismo. No quiero decir con esto que lo único que hay que cantar es Verdi, sólo que no hay que limitarse ni permitir que nadie te limite, cualquier repertoro de cualquiera que sea el compositor o la época es maravilloso si es lo que eliges desde tu corazón aunque al principio no lo domines.

En este proceso tengo la impresión de que no ha habido ningún maestro de canto que haya orientado su trabajo sino que ha sido más bien un proceso de búsqueda personal.

Sí, ha sido así, mucho desarrollo personal, independientemente del artístico: descubrirme a mí mismo, buscar el origen del problema y resolverlo con ayuda de terapia natural. Yo entiendo que el artista es ante todo una persona, una persona que desarrolla un trabajo con el mundo de las emociones y hay que hacer un trabajo importante a nivel personal en este sentido. Nuestro trabajo es sensibilizar para poder producir un cambio positivo en el público. Y ha habido muchos maestros, claro. Pero no porque yo haya trabajado con muchos maestros uno porque cada vez que yo escuchaba algo que me gustaba, me lo quedaba, averiguaba de dónde venía y lo incorporaba. Siempre he sido muy curioso y he investigado mucho, tanto a los cantantes contemporáneos como a los antiguos. Al final se trata de un proceso personal en el que creces tú también, no sólo tu voz. Y cuando tu cambias, cambia tu instrumento y cambia tu forma de comunicarte con el público. Porque de eso se trata al fin y al cabo: nuestros trabajo es conmover y entregar lo mejor de nosotros.

Hace ya algunos meses hizo unas declaraciones polémicas en la radio sobre un tema al que nunca se termina de entrar de frente, el tema de los agentes y representantes artísticos. ¿Hasta qué punto su trabajo condiciona el de los cantantes, para bien o para mal?

Muchísimo. Yo mismo soy un ejemplo de alguien que no se ha “vendido" nadie, ni por ideología ni por exclusividad con un agente. Y al final, si resistes y das la batalla, tienes tu espacio. Pero no es fácil, son muchas las zancadillas. En ocasiones tienes o no trabajo no por tus méritos, sino por la amistades de tu agente y los directores artísticos. Hay gente muy buena cantando que sin embargo no está donde tiene que estar. Y hay gente que no es tan excepcional que está cantando en lugares donde no se merecen estar. Y eso lo sabemos todos los que estamos en este mundo de la ópera. Y el que diga que no, miente. Esto pasa en España y pasa fuera también. En Alemania hay más seriedad y el agente es realmente un secretario que hace una gestión por el cantante, nada más, y por ello percibe un dinero. Y así debería de ser en todos lo casos. Pero la realidad es mucho más compleja: a veces el agente te dice lo que tienes que comer, con quién te tienes que ver y cómo tiene que ir vestida tu mujer. Yo he tenido muchos agentes, casi todos los que trabajan en España, y varios en Alemania e Italia, sobre todo. Y al final lo importante es tener claro lo que quieres, en qué crees y no perder de vista quién eres: yo soy Juan Jesús Rodriguez, el barítono, y soy dueño y señor de mis aciertos como de mis errores. Nada está por encima del artista; yo soy mi máxima autoridad, por encima de cualquier agente o director artístico. Este es un mundo lleno de mafia y es complicado quedarse al margen. Pero es posible y compensa.

Lo que mas sorprendió de aquellas declaraciones fue precisamente lo que acaba de repetir, lo abiertamente que se refiere a la mafia que impera en algunos sectores de la representación artística y la dirección de los teatros. Llegó incluso a decir que se le había vetado en un teatro como el real de Madrid. ¿Se arrepiente hoy de haber dicho algo así con tanta claridad?

Sí, no me arrepiento, simplemente me denfendí de una injusticia que se produjo contra el artista y mi persona. En ese momento lo dije así porque así pasó. Siempre que me he enfrentado a algo injusto o que no ha estado bien, a un maltrato o a un abuso, que sucede mucho en el teatro, o he dicho. Hay mucha gente que usa su poder para abusar, para imponerse. Yo uso mi voz no sólo para cantar y conmover sino para proteger y defender del abuso, y no sólo cantando sino también en declaraciones o entrevistas. Y en ese caso simplemente lo que hice fue defenderme de algo que me sucedió y voy a seguir haciéndolo, claro. Y animo a todo el mundo a que lo haga, porque callarse o mantenerse en una posición neutral cuando hay que posicionarse, no nos conviene a nadie. Detrás del artista hay una persona y la persona sufre cuando pasan estas cosas. Hay que proteger esa integridad. Pero hay una falta de valentía enorme: en mi experiencia hay unos cuantos que abusan del poder y hay muchos que se venden a su abuso, por miedo. Y no se qué es peor, si quien te vende al abusador o el abusador en sí. Al final es lo mismo. Hay que posicionarse y hablar claro. Porque venderse por un plato de lentejas lo único que produce es enfermedad. Y que nada cambie cuando todos tenemos el poder de cambiar lo que está mal, siendo nuestra responsabilidad. Animo a todos los que tienen miedo, no van a perder nada porque ya lo tienen todo perdido en esa posición.

Afronta ahora su debut como Nabucco, uno de los pocos papeles de Verdi que le faltaban en repertorio.

Nabucco para mí es un papel que me va como anillo al dedo. Me siento muy preparado para cantarlo. Seguramente ya lo estaba antes, pero al final la agenda se impone y cantas lo que te ofrecen, no puedes elegir tan a menudo. El caso es que ahora llega Nabucco y luego llega también Macbeth en Marsella, dos debuts importantes para mí. También haré Ballo in maschera en Roma y tengo compromisos en Frankfurt. Yo me siento muy libre con lo que tengo. Todo lo he conseguido por mi mismo, no le debo nada a nadie. Y a lo mejor por esto algunas cosas llegan más tarde más despacio del o que deberían, pero no me importa.

¿Le sigue costando estar presente en las temporadas de ópera de España?

Sí, sigue costando. La próxima temporada en el Liceo tengo sólo un concierto. Y en el Real no hay planes, a pesar de que he cantado un Rigoletto y una Traviata con mucho éxito. Poca cosa, pues; no todo lo que tendría que ser. Creo que soy uno de los pocos barítonos españoles de hoy en día con una trayectoria internacional. No soy el único, hay grandes colegas trabajando ahí fuera. Pero al final se imponen esos intereses de los que hablábamos antes. Parece que pronto haré algo en Valencia y en Sevilla, pero cuesta mucho cerrar las cosas. En general la presencia de artistas españoles en nuestros teatros es muy pobre; se cubre el expediente, nada más. Se sigue pensando que los españoles valen para los comprimarios pero no para los protagonistas. Conviene que nuestros responsables políticos se fijen en los repartos de los teatros y ver qué cantantes están una y otra vez en los mismos sitios y qué agentes les llevan. Italia e sun ejemplo de protección con sus cantantes, pero en España todo tiene su explicación y por eso tanta gente se harta y se va fuera a buscarse la vida. Por eso yo digo las cosas tan claras y soy incómodo, porque me la juego y por eso me castigan luego y me quieren enterrar. Pero no pueden, porque creo en mi valor y lo único que quiero es trabajar y hacer arte con justicia. Lo único que quiere un artista es cambiar el mundo con su trabajo, a través del arte. Y eso debería ser lo primero y lo más importante. En este sentido, además de con mis clases y mi ejemplo para los cantantes más jóvenes, me gustaría, a corto plazo, ocuparme de la dirección artística de un teatro donde pueda dar oportuidades a todos los artistas que buscan sensibilizar y conmover.

 

 

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