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Christoph König, director musical: "La voz es la base de todo"

El maestro aleman Christoph König (Dresde, 1968) dirige esta semana a la Orquesta de RTVE, en un programa con obras de Shostakovich y Mendelssohn. Dada su relación con las orquestas de nuestro país, es un interlocutor privilegiado para valorar la situación de nuestro panorama sinfónico. Está retomando su vinculación con la ópera, que fue clave en los inicios de su carrera profesional. Conversamos con él para conocer más de cerca sus orígenes y sus inquietudes.

Su relación con nuestro país es ya muy estrecha y viene de lejos. De hecho ha sido el principal director invitado de la Real Filharmonia de Galicia y viene trabajando frecuentemente con otras formaciones sinfónicas españolas, como la Orquesta de Córdoba, la Filarmónica de Gran Canaria o la Orquesta de RTVE, con la que actúa esta semana en Madrid. ¿Qué programa tienen entre manos?

Sí, son ya muchos años trabajando con orquestas españolas. Esta semana con la Orquesta de RTVE, dentro de un ciclo sobre música rusa, tenemos un programa con la Sinfonía no. 8 de Shostakovich en la segunda mitad. En la primera parte hacemos música coral el Coro de RTVE, con el que tengo muy buena relación, tras dirigir con ellos el Officium Defunctorum de Tomás Luis de Victoria. Asi, en estos conciertos interpretamos dos salmos de Mendelssohn, el 114 y el 42, que es una de las piezas más hermosas de todo el repertorio coral, a mi entender.

Desde su experiencia dirigiendo a diversas orquestas españolas, y con una agenda que está también cuajada de compromisos en Europa y Norteamérica. ¿Diría que el nivel de nuestras orquestas es comparable al de otros países de nuestro entorno?

Absolutamente. No tengo ninguna duda. Yo tengo un gran respeto por las orquestas españolas. Debo decir no obstante que hace ahora quince o veinte años, cuando yo empezaba, la situación era algo distinta. Faltaba entonces una mejor preparación para las cuerdas, por ejemplo. Creo que antes de la llegada de la democracia a España apenas había media docena de orquestas funcionando en el país. Ahora, habrá una treintena de ellas, repartidas por todo el país. Siempre hubo una gran tradición de vientos, metales y maderas, quizá por las bandas de Valencia y otras regiones. A día de hoy, el nivel de las cuerdas ha mejorado mucho en España y las orquestas de este país son muy fiables. Las orquestas en Alemania son fantásticas, pero no todo es tan idílico allí.

¿A qué se refiere exactamente?

Bueno, creo que desde fuera se tiene la impresión de que todas las orquestas alemanas son como las cinco o seis mejores, las grandes orquestas del país, como la Filarmónica de Berlín, la Filarmónica de Múnich, la Staatskapelle de Dresde, etc.. Pero hay tantas orquestas allí que hay muchos niveles y a veces no todo es tan idílico como se pueda pensar desde fuera. Hay algo poco conocido sobre la historia de Alemania, que ha tenido su reflejo también en el mapa musical del país. Alemania era un país sumamente fragmentado, con una multitud de condados y principados que terminaron unificándose. En cambio, en España, en Francia, en Inglaterra o en Italia siempre hubo uno o dos grandes centros culturales, desde donde emanaba todo. Esa centralización difiere mucho de la situación que tuvimos en Alemania, donde cada pequeño conde quería tener su propia orquesta. Por esto hay tantas orquestas en Alemania pero no todas son excelentes, ni mucho menos.

Creo que usted creció en la Alemania Oriental. Ahora que se cumplen 30 años de la caída del Muro de Berlín, me gustaría preguntarle por sus vivencias de aquellos días y su impresión hoy, su valoración sobre cómo ha cambiado el mapa cultural a raíz de la unificación.

Le agradezco mucho esta pregunta. Lo primero que me viene en mente cuando me preguntan por esta cuestión es una sensación de orgullo. Orgullo de haber sido parte de una transformación increíble, de esas que pasan muy raras veces. Creo que los alemanes de mi generación no somos del todo conscientes de hasta qué punto nuestro país y nuestras vidas han cambiado en estos últimos treinta años. Realmente hemos construido un país nuevo. Yo siempre tuve, no obstante, la sensación de formar parte de ambos lados del país. Aunque crecí en la Alemania Oriental, enseguida tuve oportunidades profesionales en el otro lado del país. Por eso entiendo muy bien las quejas y suspicacias que se han vertido desde ambos lados de la población. Pero he luchado siempre contra los prejuicios, porque un país como el que hoy tenemos en Alemania solo era posible si se superaban esas barreras.

Sus orígenes profesionales son también un buen ejemplo de cómo en Alemania suele forjarse la trayectoria profesional de un director musical, empezando desde abajo, dirigiendo en el foso de pequeños teatros, accediendo allí a la posición de Kapellmeister y tomando contacto con el oficio desde sus raíces.

Correcto. Es importante poner en valor este hecho. Hoy en día se sabe cada vez menos sobre esta tradición, pero sigue existiendo, por fortuna. Somos muchos los directores centroeuropeos que hemos empezado así, estudiando piano o canto, quizá otro instrumento, para pasar después a estudiar dirección. Primero fui pianista correpetidor en la Semperoper de Dresde durante tres años. Más tarde fui el segundo Kapellmeister en Wuppertal y Gelsenkirchen y después el primer Kapellmeister en la Ópera de Bonn. En otros países es más habitual que un músico se forme como solista, con su instrumento, y que luego haga un máster en dirección. En cambio, este sistema alemán permite conocer desde dentro, muy de cerca, cómo funcionan una orquesta y un teatro. 

Recuerdo una broma de Lorin Maazel. En unas clases magistrales para jóvenes directores, le preguntaron por un último consejo y respondió "No dirijáis nunca una obra por primera vez" (risas). Ahí está el problema. Hay que empezar, hay que atreverse, pero es bueno enfrentarse primero a lo que no funciona, en un formato más pequeño, más local, para ganar experiencia y aprender, de cara a retos mayores. Quizá sea un inicio menos dorado, porque los pequeños teatros alemanes no siempre funcionan bien a nivel interno, pero es ahí donde se aprende el oficio verdaderamente. El itinerario de un Kapellmeister hoy no tiene tan buena prensa como tiempo atrás, pero lo cierto es que algunas de las mejores carreras han salido de ahí. Pienso en Vladimir Jurowski o en Kirill Petrenko, que han seguido precisamente ese recorrido.

Por eso decía antes que tendemos a idealizar lo que pasa en algunos países, como en el caso de Alemania, menospreciando las mejoras que ha habido en España en las últimas décadas. Desde mi experiencia, los problemas son los mismos en todas partes. Quizá la única excepción, en referencia a las orquestas, sean las formaciones británicas, que por lo general disponen de poco tiempo de ensayos y son muy ágiles, con una enorme velocidad de lectura a primera vista, lo que hace muy flexible el trabajo con ellos.

La música coral es uno de sus principales intereses, en materia de repertorio. Y de hecho es algo que ha estado presente en su vida desde su infancia, habiendo formado parte del Dresdner Kreuzchor. ¿Hasta qué punto es valorado suficientemente el repertorio coral?

Cuando hablamos de música, yo diría que la voz es la base de todo. Con apenas nueve años yo formaba parte ya de un coro muy profesional, con cinco horas de ensayos al día, algo bastante fuera de lo común. Para mí era algo muy intenso pero muy gratificante y ahí están mis raíces como músico. En los últimos diez o quince años, yo había dejado un poco abandonada mi relación con la ópera y con los coros, pero he retomado con cada vez más intensidad esta parte de mi agenda. 

Sobre todo porque me hago una reflexión, en torno al papel que desempeñan estos coros, vinculados a las orquestas. A menudo son coros semiprofesionales, con gente que dedica su tiempo libre a estudiar y ensayar, para actuar con la orquesta de su ciudad. El fenómeno de estos coros es algo muy valioso. En ellos se reune gente que canta mejor, gente que canta pero, pero todos ellos juntos logran un nivel medio que les permite actuar en concierto. Y ahí surge el vínculo entre la orquesta y la sociedad, a través del coro, a través de la voz, que es lo más humano que existe. En Madrid, por ejemplo, es sorprendente y quizá único que existan hasta tres coros estables vinculados a tres orquestas, la ORCAM, la RTVE y el Coro Nacional. No conozco otro caso semejante en Europa. 

En su formación ha habido maestros importantes, como Sir Colin Davis o Sergiu Celibidache. ¿Qué distinta impresión tuvo trabajando con estos dos maestros tan diversos y casi contradictorios en su estilo y en su personalidad?

Con Sergiu Celibidache tuve contacto tan solo en un curso para directores de orquesta. Mi experiencia con él no fue tan favorable como yo esperaba. Me pareció que le importaba más su propia proyección que la formación que pudiera transmitirnos. Siento ser tan franco, pero eso no merma mi admiración y mi respeto por un músico grande y extraordinario como él. 

En el caso de Sir Colin Davis, en cambio, sí tuve ocasión de trabajar estrechamente con él. Era igualmente alguien con una gran personalidad, pero fue un músico con una gran generosidad. Era un maestro flexible, capaz de dejar fluir la música con enorme naturalidad. Era un gran Kapellemeister, siguiendo con la referencia que antes empleamos. Yo le conocí en Dresde, trabajando con la Staatskapelle, siendo su asistente en ocasiones. Era además un ser humano de una gran dignidad; yo le tenía mucho aprecio.

Creo que es el director titular y director artístico de una orquesta en Luxemburgo, les Solistes Européens, con quienes va a grabar la integral de las sinfonías de Beethoven.

Así es. Esta orquesta reune a grandes músicos de toda Europa; es lo que llamaríamos una festival orchestra. Tenemos músicos de la Orquesta de París, de la Filarmónica Checa, de la Tonhalle de Zúrich, etc. No tenemos una temporada completa y estable, como una orquesta al uso. Pero hacemos entre seis y ocho conciertos al año, dentro de una mínima temporada de abono, en Luxemburgo. Y además, grabaciones y otros proyectos puntuales. Este sistema de trabajo nos aporta mucha frescura, a diferencia de la rutina en la que a veces caen las orquestas que tienen conciertos y ensayos cada semana. Grabamos con el sello Rubicon, una iniciativa de Matthew Cosgrove, que fue directivo de Deutsche Grammophon y DECCA.

Por último, me gustaría destacar algunos de los compromisos por venir en su agenda, donde destaca la propuesta para dirigir El murciélago en el Teatro Colón de Buenos Aires.

Sí, en el futuro tengo previsto regresar a Estados Unidos con frecuencia, para dirigir allí a las orquestas de Rochester, New Jersey, North Carolina, Pittsburgh y Baltimore, también con un proyecto en Washington que se está cerrando. También estoy dirigiendo más ópera, algo que había quedado algo apartado de mi agenda durante unos años; yo había dirigido muchísima ópera al inicio de mi carrera y tengo un repertorio bastante amplio. Hace poco dirigí Der Rosenkavalier en Alemania, por vez primera desde hace quince años. En Chemnitz, en ese mismo teatro, voy a dirigir Die Walküre, parte del Anillo de Richard Wagner. También haré El murciélago en el Teatro Colón de Buenos Aires.

 

 

 

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