© Javier del Real | Teatro Real
Verdi siempre vence
Madrid. 19/09/2025. Teatro Real. Verdi: Otello. Brian Jagde (Otello), Asmik Grigorian (Desdemona), Gabriele Viviani (Iago) y otros. Nicola Luisotti, dirección musical. David Alden, dirección de escena.
El Otello de Verdi tiene bien ganada la fama de ser una ópera imposible. Se apunta con ello sobre todo al intrincado compromiso vocal que implica el rol protagonista, pero lo cierto es que toda la obra es colosal y compleja; cualquiera de los roles es exigente en grado máximo, y ni orquesta ni coro se quedan atrás en el compromiso. Para abrir su temporada 25/26 el Teatro Real se ha atrevido con Otello, nuevamente en la producción de David Alden estrenada aquí mismo en 2016. El resultado global ha quedado lejos de ser memorable, pero Verdi siempre vence.
El tenor Brian Jagde debutaba con el rol titular y dejó la impresión de tener todavía por delante mucho trabajo con el papel. Evidentemente Jagde tiene las notas, puede cantar Otello, pero no tiene en cambio ni el color ni el carácter para convencer en la piel del moro de Venecia. A su Otello le faltó garra, temperamento, contrastes y genuina desesperación…
Fueron muchas las frases que pasaron sin pena ni gloria (un ‘O mostruosa colpa’ plano y anodino) y Jagde no pareció estar del todo cómodo con el rol en ningún momento, ya digo, por más que tenga las notas para sacarlo adelante. Hubo más de un titubeo con el texto, algunas notas de ataque irregular…
Seguramente debutar Otello abriendo la temporada del Real no ayuda a bajar la presión y a buen seguro Jagde irá a mejor con las funciones restantes, pero tampoco creo que sea Otello el rol donde mejor se desarrollen sus virtudes vocales e interpretativas.

A su lado se impuso una Asmik Grigorian sumamente inteligente, aunque algo comedida aquí en la piel de Desdemona. Fue interesante ver una Desdemona consistente y algo más fuerte de lo habitual en “Esterrefatta fisso” y en "A terra! Sì, nel livido fango”, dos páginas cantadas por Grigorian con exquisito gusto vocal y consistencia teatral. Por momentos pareció que fuese ella la verdadera protagonista de la velada. Obviamente su mejor momento fue el esperado ‘Ave María’ del último cuadro, con Grigorian recogiendo su instrumento a placer y generando, a buen seguro, el único momento de verdadera emoción de la representación.
El Iago de Gabriele Viviani fue un tanto rudo y monolítico, si bien el cantante italiano pareció afanarse al menos en dar intención a su texto. En conjunto pintó un Iago bastante canónico, envarado, pero vocalmente ortodoxo, resolviendo sin fisuras tanto la escena del sueño de Cassio como su monumental Credo.
Solvente, sin grandes luces ni sombras, el resto del cartel, con voces bien familiares por estos lares como el Cassio de Airam Hernández o el Roderigo de Albert Casals. Junto a ello sonó contundente el Lodovico de In Sun Sim y solvente también la Emilia de Enkelejda Shkoza.

La producción de David Alden no dijo gran cosa en 2016 y sigue sin decir nada relevante casi diez años después. Al margen de algunas inconsistencias con el libreto, que podríamos llegar a pasar por alto, quizá lo más decepcionante sea su parca dirección de actores, que incurre además en momentos de una alarmante falta de tensión, como el dúo del tercer acto entre Otello y Desdemona (Dio ti giocondi…). Quizá lo más desesperante de todo sea el cuadro final, empezando por la ridícula resolución de la muerte de Desdemona, de un beso/bocado que deja perplejo a cualquiera, y rematando con el suicidio del propio Otello, verdaderamente plano y simplón, resuelto con una precipitación desconcertante.
La versión musical dispuesta por Nicola Luisotti tendió a ser bastante caprichosa en materia de tiempos y dinámicas, con la sensación de querer iluminar con un toque genial pasajes que sin embargo pierden su efectividad teatral si se deconstruyen así, como planteó por ejemplo con el colosal número de conjunto hacia el final del tercer acto, tan diluido y detallado que tendió a ser tedioso. Luisotti abunda en decibelios en algunos momentos y en otros en cambio decide reducir la orquesta a su mínima expresión, y no siempre parece haber un criterio claro para estas decisiones.
La orquesta titular del Real rindió a buen nivel, con una cuerda entonada y cálida, si bien los metales tendieron a sonar más desabridos y destemplados. Como es costumbre el coro titular del coliseo madrileño volvió a hacer un gran trabajo tanto en el plano teatral como en el plano vocal. Mención de honor para los Pequeños Cantores de la ORCAM, que siempre rinden a un nievel excelente.
Fotos: © Javier del Real | Teatro Real