© Bilbao Orkestra Sinfonikoa
Dos mundos y un acorde
26/02/2026. Palacio Euskalduna, de Bilbao. Obras de Fazil Say y Ludwig van Beethoven. Fazil Say (piano) y Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Dirección musical: Nil Venditti.
Muy interesante el programa de abono de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, fusionando dos universos radicalmente distintos cuales son el clasicismo germano representado por Ludwig van Beethoven y el contemporáneo otomano representado por el pianista y compositor Fazil Say. Ambos nacieron en el año 70: en 1770 el sordo de Bonn y en 1970 el turco. “Solo” doscientos años les separan y en un concierto con dos partes bien distintas se han encontrado en el palacio Euskalduna. La encargada de llevar adelante tal fusión ha sido la directora italo-turca Nil Venditti, de 32 años, que ha terminado por convertirse en la verdadera protagonista de la noche. ¿Por qué? Porque me costará encontrar en mi memoria musical una batuta, sea hombre o mujer, que haya transmitido tanta energía, pasión y vehemencia a la hora de interpretar cualquier obra. Y dado que parece ser inevitable el “necesario peaje” de la popularidad se programó en la segunda parte la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92, de Ludwig van Beethoven, la sinfonía apologética de la danza, con la que la señora Vendetti nos ha llevado hasta el mismo límite del precipicio en una interpretación rápida, efectista y enérgica. Me cuesta recordar una interpretación más acelerada y dinámica junto a una auténtica sensación de control y pujanza. La puesta de Vendetti se aleja de la tradición musical, larga y extensa en la interpretación de las sinfonías beethovenianas.
¿Ha de entenderse por todo esto que estamos ante una interpretación hueca o banal? Nada más lejos de la realidad: Vendetti sabe muy bien lo que se trae entre manos y transmite tanta ilusión que contagia. Se podrá alegar la necesidad de cierta necesaria pausa ante el celebérrimo allegretto, unido sin solución de continuidad con el primero pero su propuesta es de una coherencia absoluta. Los dos últimos movimientos, los danzables, fueron llevados con un tempo de absoluta locura y, claro, ello solo era posible porque los maestros de la Bilbao Orkestra Sinfonikoa respondieron a las exigencias, que no eran pocas, de la batuta. ¡Vivida la experiencia, me hubiera encantado ver el primer ensayo!

Toda la primera parte del concierto se centró en la obra del turco Fazil Say con dos de sus obras: la primera, Grand Bazaar, op. 65, una suerte de obertura de tonos arabizantes bastante elementales que propuso que dos percusionistas, caja y tambor árabe, se colocaran en lugar preeminente junto a la directora, adquiriendo gran protagonismo en el desarrollo de la obra, de unos quince minutos de duración. Atrás, en su disposición ordinaria, más percusionistas daban a la obra una densidad sonora relevante, queriendo transmitir el bullicio propio de este tipo de lugares.
La obra principal de la primera parte era el estreno en el estado de Mother Earth (Madre Tierra), concierto para piano y orquesta, op. 111 del mismo compositor. La labor solista la asumió él mismo. El concierto está estructurado en siete partes: un preludio, las partes dedicadas a la tierra y al bosque, un interludio, las dedicadas al mar y al río y un postludio. El preludio nos ofrece una música muy cercana a la música ligera que es interpretada por el solista en solitario. La orquesta se introduce con la tierra y en esta y en las sucesivas partes asistimos al desarrollo de una obra casi programática, muy descriptiva, en la que percusión y metales adquieren enorme relevancia.

Estas dos secciones intervienen para describir la naturaleza: la eternidad de la misma tierra y su insondable resonancia; los ruidos de los habitantes del bosque; el sonido del agua del mar y del río. Y junto a ellos, ataques de distintas secciones orquestales que complementan el volumen, en ocasiones ensordecedor del concierto. Y entre todo este magma sonoro Fazil Say interpretaba su piano en ocasiones siendo sepultado por la densidad orquestal, en ocasiones buscando la delicadeza de los pequeños sonidos, buscados sobre todo en las notas más agudas, cuando la orquesta le cedía el paso. Es una obra de estética contemporánea en la que se encuentran música de raíz árabe u otomana, otras de procedencia más comercial y líneas de estética más radical, más vanguardista. La obra transmite muchas “sensaciones”, imágenes identificables y nos muestra la polisonoridad de la naturaleza
La respuesta del público a esta parte fue contenida aunque algo más que simplemente cortés. Tras la segunda, tras la obra de Beethoven, la respuesta fue mucho más extrovertida y a ello ayudó una Venditti totalmente entregada, simpática… y muy vacilona: anunció un bis que constaría de una obra muy conocida que íbamos a identificar a la primera. Levantó los brazos, tocó un solo acorde en tutti orquestal, saludó y salió por la puerta. Una auténtica crack. Espero que podamos volver a disfrutar de su peculiar forma de trabajar.

Fotos: Bilbao Orkestra Sinfonikoa