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Mirando al futuro

Ámsterdam. 14/03/26. Opera Forward Festival. Dutch National Opera. The Knife of Dawn: Hannah Kendall, música; Tessa McWatt, libreto. Sakhiwe Mkosana (Martin Carter). Cappella Amsterdam. Ragazze Quartet; Doriene Marselje, arpa. Gavin-Viano, dirección escénica. Robert Kahn, dirección musical.

Ámsterdam. 14/03/26. Opera Forward Festival. Dutch National Opera. Theory of Flames: Michel van der Aa, música y libreto. Aphrodite Patoulidou (Neola), Helen Charlston (Marianne), Roderick Williams (Josh), Julia Bullock, (Científica). Chorus of Dutch National Opera. Residentie Orkest. Michel van der Aa, dirección escénica. Elena Schwarz, dirección musical.

Ámsterdam. 15/03/26. Opera Forward Festival. Dutch National Opera. Requiem for Mariza: Meriç Artaç, música; Sarah Sluimer, libreto. Nina van Essen (Mariza), Maayan Licht (Ra). Chorus of Dutch National Opera. New European Ensemble. Silvia Costa, dirección escénica. Sora Elisabeth Lee, dirección musical.

Ámsterdam. 15/03/26. Opera Forward Festival. Frascati. Les enfants terribles: Philip Glass, música y libreto. Eva Rae Martínez (Elisabeth), Ismael Correa Ulriksen (Paul), Steven van der Linden (Gérard), Aaike Nortier (Agathe / Dargelos). Béatrice Lachaussée, dirección escénica. Daniel Ruiz de Cenzano Caballero, Leonardo Moyano Ortiz, pianos. Nicolas Krüger, piano y dirección musical.

La Dutch National Opera ha vuelto a acoger el Opera Forward Festival, la iniciativa fundada en 2016 por Pierre Audi –histórico director artístico de la institución durante tres décadas y fallecido súbitamente el año pasado–, que vuelve a situar a Ámsterdam en los focos de la vanguardia operística internacional. Esta décima edición ha estado marcada por la voluntad de dar espacio a artistas emergentes, con varias iniciativas orientadas a promover microóperas de nueva creación y la búsqueda de nuevas maneras de hacer ópera, representadas en dos grandes estrenos absolutos. Cuatro han sido los títulos principales que han ocupado los escenarios, extendiéndose también a diversas salas de la ciudad y del país, además del emblemático Studio Boekman y la joya de la corona, el Het Muziektheater.

El festival acogió oportunamente la conferencia de primavera de Opera Europa, cuya charla principal contó con destacadas personalidades de la industria, como el libretista Stefano Simone, las compositoras Susie Self y Netia Jones, el director de escena Tobias Kratzer, y el compositor Michel van der Aa, protagonista de la presente edición por el estreno de su nueva ópera en un acto, Theory of Flames. En ella se abordaron temas como el papel de la educación, el apoyo a artistas emergentes y la percepción de “dos audiencias”: una más reacia a la ópera contemporánea y otra, generalmente más joven, más receptiva. También se subrayó la necesidad de crear nuevas óperas para un mundo en constante cambio.

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El festival acogió la tercera producción hasta la fecha de la ópera de cámara de Hannah Kendall (1984) Knife of Dawn, estrenada en Londres en 2016. El libreto gira en torno al encarcelamiento del poeta Martin Carter, en plena lucha contra el colonialismo británico en la Guyana de los cincuenta. El barítono Sakhiwe Mkosana encarnó al activista con implicación y soportó el peso del monólogo con convicción dramática, fuerte en su registro medio-grave. El cuadrilátero propuesto por el escenógrafo Julian Maiwald casó bien con la aspereza puntillista de una partitura intencionadamente monótona, aunque algo extenuante para el espectador, aunque el equipo de efectos y el trío vocal también sumaron para mantener a flote el claustrofóbico monodrama.

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El –doble– “as en la manga” de esta décima edición fue Theory of flames, la última film opera encargada al ecléctico y polifacético Michel van der Aa (1970), el compositor actual más destacado de Países Bajos. Resiguiendo la estela de sus últimas grandes producciones dentro y fuera de la DNO, el neerlandés firma la partitura, el libreto y la dirección escénica en una arriesgada y compleja propuesta interdisciplinar.  El argumento trata sobre Neola, una cineasta que, en medio del rodaje de su película, descubre un paralelismo con un caso real en el que un laboratorio es destruido por las llamas tras un importante hallazgo sobre viajes en el tiempo –igual que en su película–, lo cual, la obsesiona tanto que no solo la lleva a reescribir el guion de la película, sino que acaba por destruir su relación con Marianne, la protagonista de su obra, y finalmente, por consumirla.

Sorprendió el virtuosismo técnico de una producción innegablemente inmersiva, concatenando planos grabados y escenas en vivo pero delimitando bien el intrincado juego de matrioskas argumentales en el que las realidades se entrelazan. Logística y sincronización fueron claves en este collage tecnológico, y algunos de los momentos más logrados fueron, precisamente, los números corales, en los que interactuaron personajes “reales” con “virtuales” sin fisuras apreciables. Roderick Williams (Josh) y Julia Bullock (Científica), que ya habían actuado anteriormente en trabajos de Van der Aa, protagonizaron algunos de ellos o bien en dúo, trío o junto al coro.

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Una potentísima Aphrodite Patoulidou encarnó a una Neola nítida y realista dentro y fuera de la partitura, complementada tímbricamente con una fiable Helen Charlston (Marianne). Sin embargo, el clímax final de Bullock estuvo algo desaprovechado por una electrónica quizá demasiado contundente o prolongada, echándose de menos algo más de la orquesta, conducida por Elena Schwarz, que repetía en el foso del auditorio. 

En resumen, la nueva ópera de Van der Aa resulta una nueva exitosa hibridación, bien acogida tanto por su formato como por su calidad técnica y artística. Si bien no innovadora, ya que muchos elementos ya estaban de alguna manera presentes en anteriores trabajos de Van der Aa, sí que consolida la apertura hacia nuevas formas de contar una historia sobre un escenario, algo importante en un género tan hermético e incluso históricamente conservador como la ópera. Independientemente de los gustos y opiniones de la audiencia, resulta innegablemente positivo que la ópera contemporánea aborde tanto temas sociales como científicos para aportar variedad a los libretos.

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Un coro fantasmagórico recibía, entre versos litúrgicos, a Mariza (Nina van Essen), una joven que desciende a las profundidades de su propia existencia mientras analiza sus vivencias – y “lo que pudo llegar a ser”– al tiempo que es seducida por un siniestro ser encapuchado llamado Ra (Maayan Licht). Requiem for Mariza, con libreto de Sarah Sluimer y estrenada parcialmente en noviembre, fue la nueva ópera de Meriç Artaç (1990): una propuesta interesante que discurrió entre lo fúnebre y una fantasía conceptual. El coro cumplió con los profundísimos divisi marcados por la compositora turca, y, a pesar del interesante duelo de coloraturas entre mezzosoprano y contratenor, la partitura adoleció de secciones algo estancadas a nivel temático y musical. Destacaron los pasajes dedicados a la maternidad y a la vida amorosa, y, en el foso, las intervenciones del exótico violín chino. La dirección escénica y la sorprendente caja de vidrio inteligente –capaz de volverse transparente u opaca y de proyectar vídeos– ayudaron a mantener a flote una obra con muchas luces y alguna sombra.

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El Frascati fue uno de los teatros que acogió la tragicómica Les enfants terribles, la “anti-Bohème” de Philip Glass, una coproducción sin danza de la Opera Zuid, la Nederlandse Reisopera y la propia DNO, que, cómo no, agotó las entradas para la función dominguera. Dirigida escénicamente desde uno de los pianos por Nicolas Krüger, la propuesta basada en la novela homónima y que culmina la trilogía Cocteau, gustó al público, y contó con un elenco bien cohesionado y capaz de sacar punta a los delirantes roles de sus personajes. Encabezó el cuarteto una reveladora Eva Rae Martínez (Elisabeth) de elegante color y radiante vibrato, y el resto del elenco tampoco decepcionó. También destacó Ismael Correa Ulriksen dando vida al quebradizo Paul. Un punto a favor también fue su metamórfico attrezzo, modulado por los propios cantantes que recreó las distintas estancias.

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El OFF se consolida, un año más, como uno de los principales laboratorios de ópera y un referente europeo, y se reafirma, con creciente rotundidad, como una cita imprescindible del sector: un espacio que mira al futuro, propone nuevos aires tanto en la forma como en el fondo y abre camino a numerosos artistas emergentes.