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Poner en valor

Las Palmas, 24/03/26. Teatro Pérez Galdos. Verdi. Otello. Michael Fabiano (Otelo), Erika Grimaldi (Desdémona) Gabriele Viviani (Yago),  Bror Magnus Tødenes (Casi). Coro del Festival de la Ópera. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Carlo Antonio de Lucia, dirección de escena. Carlo Montanaro, dirección musical.

Después de la caída del telón del Teatro Pérez Galdos en el cuarto acto del Otello de Giuseppe Verdi, obra que se encuadra en la 59 Temporada de la Ópera de Las Palmas de Gran Canaria que impulsan los Amigos Canarios de la Ópera, tuve claro que era necesario poner en valor una serie de hechos que acabábamos de ver. El primero es el esfuerzo del propio teatro y de la asociación canaria en poner en pie una representación de tan alta calidad musical. No es fácil, sobre todo para un grupo de particulares que se asocian por su amor a la lírica, conseguir una vida tan larga y, con su impulso, presentar a día de hoy, una temporada tan digna. Ejemplo de ello, insisto, es este Otello, que exige tres voces de gran calidad en sus papeles principales, y aquí las hubo. En España hay algunas asociaciones que son el alma, desde hace mucho tiempo, de la vida artística de su ciudad o comunidad y esta de Las Palmas es una de las más veteranas y con mejores resultados.

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En segundo lugar quería recalcar el esfuerzo, trabajo y arte del protagonista de esta función, Michael Fabiano. El tenor norteamericano es una figura de primer nivel en el mundo lírico internacional y verlo debutar este papel tan emblemático aquí ha sido todo un lujo. Como explicó hace pocos días en nuestra revista, el rol de Otello era uno de los que más deseaba cantar y desde hace unos ocho años lo está estudiando. Ahora ha creído, con buen criterio, que era el momento de abordarlo en un escenario y los resultados han sido excelentes. Hay siempre dos facetas a la hora de abordar un papel que evoluciona tanto a lo largo de la ópera como este, gracias al gran trabajo de Arrigo Boito como libretista y adaptador de la homónima obra de Shakespeare y a la maravillosa y novedosa música del gran Verdi.

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En el lado actoral, como explica el cantante en su entrevista, su evolución fue lógica. No apareció desde el principio como el ser airado y tiránico que bordea constantemente la violencia, sino que poco a poco el veneno inoculado por el vengativo Iago lo convierte en un ser que no razona, poseído totalmente por los celos, fruto de una inseguridad palpable. Si lo hizo así de bien en su debut, la segura evolución en escena convertirá a su Otello en referencia psicológica del personaje. Vocalmente también demostró, en general, una gran seguridad. Su voz es bella, de una proyección y fuerza muy estimables y con un elegante legato. Estuvo exultante en la zona central y baja. La primera parte de 'Dio, mi potevi scagliar', fue, sin duda lo mejor de la noche con Fabiano en el suelo, derrotado, cantando maravillosamente a media voz mientras sonaba la vanguardista música verdiana. Todas sus intervenciones estuvieron llenas de ese poderoso estilo, tan valorado en este cantante aunque también hay que reseñar que en la zona más alta, sobre todo en la primera parte de la función, hubo notas inseguras y agudos no bien resueltos. Pero esto no empaña una actuación sobresaliente que emocionó en muchos momentos. 

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Estupendo trabajo de Erika Grimaldi como Desdémona. Le dio a su papel la dulzura que necesita pero sin sacrificar su canto en ningún momento. Controlando perfectamente una voz de atractivo sonido, sus intervenciones brillaron siempre, especialmente en los dúos con Otello y el acto cuarto, podríamos decir “su acto”, con La canción del sauce y el Ave María. Demostró ser una soprano con un agudo limpio y bien timbrado y un fiato de calado.

Gabriele Viviani supo llevar a su terreno el ingrato papel de Iago, uno de los más crueles creado por Verdi. Su poderosa y sonora voz, con tintes un poco rudos, va como anillo al dedo al rol. Mostró toda la malicia del personaje y nos regaló un magnético Credo in un Dio crudel!, su gran momento musical. Fue muy aplaudido, como el resto del reparto.

A buen nivel el Casio de Bror Magnus Tødenes y el resto de comprimarios. Estupenda actuación del Coro del Festival de Ópera de Las Palmas, sobre todo en la espléndida primera escena, una de las oberturas corales más bellas y difíciles de Verdi, y en el coro que cierra el tercer acto.

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Musicalmente, el responsable de que todo funcionara como un reloj fue sin duda Carlo Montanaro. El director italiano entendió a la perfección la partitura verdiana e impuso ritmos ligeros, con nervio, sin olvidar la elegancia en los momentos más líricos. Llevó a la excelente Orquesta Filarmónica de Gran Canaria a unos destacables momentos de virtuosismo y sobre todo “cantó” la ópera con un fraseo magistral que dejaba morir con belleza cada una de las melodías más lentas. Un gran director musical.

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Este Otello se anuncia como nueva producción de la Amigos Canarios de la Ópera. Lo de nueva nadie lo diría después de ver la propuesta de dirección de escena de Carlo Antonio de Lucia. La puesta del director italiano es rancia, carece de cualquier atractivo y parece una recuperación de alguna producción de hace, por lo menos cincuenta años, pese a la (mala y dispar) presencia de proyecciones videográficas. Las escenografías pueden ser clásicas, se puede disponer de poco dinero, pero ante tales circunstancias se debe acudir al talento  y sacar el mayor partido de lo que se dispone, y no es el caso. La escenografía es casi inexistente, es correcto el vestuario y es casi nula la dirección de escena (ejemplo claro fue el trabajo con el coro). Un trabajo fallido que no empaña la muy buena sensación de la que salí del Pérez Galdos gracias a un director musical, una orquesta y unos cantantes que lo dieron todo en el escenario.