© Miguel Lorenzo - Mikel Ponce | Les Arts

Tu voz suena a música 

Valencia. 25/04/2026. Palau Les Arts. Strauss. Salome.Vida Miknevičiūtė (Salome), Nicholas Brownlee (Jochanaan), John Daszak (Herodes), Michaela Schuster (Herodias) Christopher Sokolowski (Narraboth). Orquestra de la Comunitat Valenciana. Dirección de escena:Damiano Michieletto. Dirección Musical: James Gaffigan. 

“Habla de nuevo, Jokanaán, tu voz suena a música en mis oídos” (Sprich mehr, Jokanaan, deine Stimme ist wie Musik in meinen Ohren), le dice Salomé al Profeta en esa especie de cortejo que hace la princesa de Judea al envíado que anuncia la llegada del Salvador. Estos versos se podían evocar al final de la función de estreno de Salome de Richard Strauss dentro de la temporada del Palau de Les Arts de Valencia. Porque después de oír y ver esta ópera, el primer éxito en este género del compositor alemán, muchos de los espectadores, estoy seguro, querrían volver otra vez al principio de la tarde. Conseguir una especie de enorme bis que nos permitiera disfrutar otra vez del excelente espectáculo que se nos había blindado. Y es que todo funcionó perfectamente: escena, cantantes, foso.

Pero sobre todo el foso. Porque la versión que nos ofreció la Orquestra de la Comunitat Valenciana, dirigida por James Gaffigan, fue espectacular. La riqueza musical y tímbrica de la partitura de Strauss tuvo un reflejo perfecto en una orquesta, reconocida siempre como excelente, pero que me atrevo a decir que esa tarde estaba en estado de gracia. No se puede destacar ninguna familia orquestal, todas anduvieron a la par en entrega y buen hacer, con una calidad enorme. Junto a la virtuosidad de los atriles estuvo la estudiada versión de Gaffigan. El director norteamericano, hasta hace poco director musical de la orquesta de Les Arts, supo encontrar toda la profundidad, toda la riqueza orquestal de la obra straussiana. Tanto en los momentos más meditativos como en los grandes tuttis su dirección fue precisa, sin aspavientos, con un ritmo que se adaptaba perfectamente a la escena, sin prisas, marcando desde la sensualidad de la danza de los siete velos a la enorme tragedia de las últimas escenas. Magníficos.

Salome_LesArts_26_b.JPG

La parte musical se completó con un buen grupo de cantantes en el que descollaron los dos protagonistas. Vida Miknevičiūtė compuso una Salomé memorable, tanto en lo vocal como en lo escénico. El rol tiene una indudable dificultad, con cambios constantes de tesitura, sobre todo centrada en la zona más aguda, lo que acerca el instrumento casi al grito. La soprano lituana supo dominar ese escollo y brindarnos una recreación espectacular, llena de matices y con una entrega absoluta. Ella es la gran protagonista de la obra y todo su trabajo se centró en demostrarlo con la mayor brillantez posible. También en lo escénico. Porque Miknevičiūtė se integró perfectamente en la producción, haciendo totalmente creíble la propuesta y demostrando la enorme actriz que es. Fue una de esas interpretaciones que difícilmente se olvidan.

Salome_LesArts_26_c.jpg

A su lado la voz espectacular de Nicholas Brownlee puso el contrapunto de realidad a las fantasías de la caprichosa Salomé. La producción, enfocada en un Jochanaán hierático y apocalíptico, no le favoreció a la hora de lucirse como actor, pero vocalmente estuvo espectacular. Brownlee posee un timbre bello y su proyección es excelente, aunque en algún momento se viera tapado por una orquesta demasiado espoleada. Se sintió en el teatro cada una de sus trágicas predicciones sobre el futuro como tremendas losas vocales, demostrando la inteligente manera de asumir el papel del bajo-barítono norteamericano. 

Salome_LesArts_26_d.JPG 

No es fácil tampoco el papel de Herodes. Requiere una voz de tenor con mucha versatilidad que vaya, una vez más durante la obra, de un lado a otro de la tesitura pero forzando sobre todo el agudo. John Daszak conoce perfectamente este papel y se entregó en llevarlo a buen puerto aunque tuvo evidentes dificultades en la afinación en la zona aguda. Lo compensó con una entrega absoluta en un rol que tanto desagrada en la historia narrada. Algo parecido le pasó a Michaela Schuster, una cantante que nos ha regalado veladas estupendas pero que en el papel de Herodías, la madre de Salomé y esposa de Herodes, es el foco del odio de Jochanaán. Su voz muestra que ya no está en su mejor momento pero que aún puede conseguir una odiosa Herodías. Muy bien Christopher Sokolowski como Narraboth, el capitán de la guardia enamorado de Salomé. Con su voz empieza la ópera y con un timbre más grave de lo que se suele oír en este rol consiguió destacar por su calidad, su volumen y su entrega. Muy bien los comprimarios, formado por consumados cantantes, algunos de ellos procedentes del Centro de Perfeccionamiento de Les Arts, destacando el paje de Lioba Braun que encajó muy bien en la visión del director escénico.

Salome_LesArts_26_e.JPG 

Oigo batir sobre el palacio las alas del ángel de la muerte” (Ich höre die Flügel des Todesengels im Palaste rauschen). Otra vez aparecen los versos de Strauss, que había adaptado la obra de Oscar Wilde, en esta crítica. Y es que Damiano Michieletto, pese a lo que pueda parecer a primera vista, ha sido casi literal en su propuesta, procedente del Teatro alla Scala de Milán, reproduciendo en muchos momentos el libreto. Esos ángeles de alas negras, preludio de la muerte y la tragedia narrada pululan en muchos momentos por el escenario, en un movimiento lento, bello e inexorable. Salome es una ópera muy versátil a la hora de llevarla a escena, con enfoques que muchas veces no tienen nada que ver con el libreto. Insisto, no es el caso. El director italiano es casi literal a la hora de reproducir la historia, lo que añade es una propuesta de interpretación de lo que pudo haber antes de lo que ocurre en la tragedia. Se nos narra en una especie de precuela por qué Salomé, pero también sus padres, tiene las reacciones que tienen, lo que sufrió hasta llegar a ser la caprichosa princesa que conocemos. También hay una referencia teológica específica al sacrificio del cordero, símbolo de la pasión de Cristo. Lo aceptaremos o no, pero no se puede negar que encaja y visualmente es, en varias escenas, impactante.

Salome_LesArts_26_f.jpg

Esta crónica sería demasiado larga para explicar con detalle una puesta que funciona perfectamente en escena, sin dinamitar lo musical. Simplemente nombraré algunos recursos teatrales, dentro de una producción ya de por sí muy teatral. El primero, cambiar el enfoque del papel de Narraboth que pasa de ser el capital de la guardia a un timorato admirador de Salomé vigilado por una nodriza, que es en lo que convierte Michieletto al personaje de el paje, un cambio que funciona a la perfección. El segundo, el impactante momento en el que Salomé se pone un enorme vestido blanco manchado de sangre que nos insinúa una violación paterna anterior a nuestra historia. Y finalmente la estupenda escena de la danza de los siete velos, un alarde coreográfico y en el que Miknevičiūtė estuvo arrebatadora. Gracias a un gran equipo (Paolo Fantin, escenografía; Carla Teti, vestuario; Alessandro Carletti, iluminación; Thomas Wilhelm, coreografía) Damiano Michieletto consigue empatizar con la obra y, creo por mi parte, también con el público.

Salome_LesArts_26_g.jpg

Fotos: © Miguel Lorenzo - Mikel Ponce | Les Arts