© Alfonso Suárez
Con mantón de Manila
16/05/2026. Oviedo. Teatro Campoamor. XXXIII Festival de Teatro Lírico Español. Tomás Bretón: La verbena de la paloma, con Carmen Romeu (Susana), Sara Salado (cantaora), César San Martín (Julián), Gurutze Beitia (Antonia), Antonio Comas (Hilarión), Rafa Castejón (tabernero), Gerardo López (Sebastián), Amparo Navarro (Rita) y otros. Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Orquesta Oviedo Filarmonía. Dirección de escena: Nuria Castejón. Dirección musical: Víctor Pablo Pérez.
Hay obras que en su género son indiscutibles; incluso aunque el género no te termine de convencer asumes sin mayor problema que esa obra está muy bien construida y, por lo tanto, es en lo suyo indudable referencia. Y no, no estoy insinuando que la zarzuela no me gusta; lo que quiero subrayar es que La verbena de la paloma es en el llamado género chico una obra absolutamente maravillosa, que de principio a fin rueda sin mácula alguna. El argumento te puede chirriar, puede que no te identifiques con el Madrid de chulapos, churros y organillo; puede que algunas expresiones utilizadas te suenen a rancias o incluso que no las entiendas pero musicalmente hablando, estamos ante una obra genial.
Una zarzuela que apenas llega a la hora de duración y que, sin embargo, exige un plantel de cantantes-actores cercana a la veintena de personas, además de coro, orquesta y tablao flamenco. Es decir, que tiene todos los ingredientes para ser poco atractiva para los programadores… si no fuera porque desde el preludio y hasta el coro final toda la obra nos es reconocible y desprende magia por todos sus poros. Tiene además esta zarzuela algunos personajes que son en sí arquetipos del género: el chico celoso, la chica coqueta, el viejo verde, los guardias atontados, el sereno vago, las señoras con mala leche, etc. Todos ellos encuentran en La verbena de la paloma su modelo y si es cierta la leyenda de que Tomás Bretón escribió esta obra en unas pocas semanas, casi como pura diversión, reconozcámosle que, queriendo o sin querer, dio un enorme pelotazo con este trabajo aparentemente rutinario.

La función ovetense fue más que notable. Escénicamente, nada nuevo bajo el sol en la propuesta de Nuria Castejón: unas simples fachadas que nos permitían intuir las calles y plazas del agosto caluroso matritense. Vestuario convencional, iluminación suficiente y movimientos escénicos realizados por artistas con experiencia. Por este lado, poco que contar. Sin embargo, en lo vocal la cosa fue mejor. No entraremos en la relación de los dieciocho solistas pero sí conviene destacar que nadie ni deslució ni hipotecó la función.
Por apuntar algunos nombres, imponente en su prestancia vocal y actoral el Julián de César San Martín, con muy buen recitado de sus partes habladas; Carmen Romeu construyó una notable Susana y no le anduvo a la zaga su hermana, Casta, María Zapata. Imponente y muy distinto a lo habitual el Hilarión de Antonio Comas, enseñándonos un boticario más joven de lo acostumbrado, incluso vocalmente. Se alejó de la tradición para enseñarnos una nueva forma de enfocar al personaje y a mí me convenció.
Impagable Gurutze Beitia como tía Antonia y digna de reconocimiento Amparo Navarro como la señá Rita; la intervención de la cantaora Sara Salado fue sobresaliente y emocionante. Acertado el Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo y notable Víctor Pablo Pérez llevando con buen pulso a la Oviedo Filarmonía en una obra que es sinónimo de alegría, desparpajo y naturalidad. En definitiva –porque podríamos seguir con los parabienes para con todos y cada uno de los participantes- resumir que se dieron las circunstancias para redondear lo que ha constituido una velada muy disfrutable.

La verbena de la paloma, producto del llamado teatro de una hora tiene esa duración comprometida que te obliga a incluir otra zarzuela chica… o hacer el teatrillo que, en homenaje al desaparecido Teatro Apolo, se nos propuso, titulado, precisamente, Adiós, Apolo. Los mismos cantantes de la función nos ofrecieron, dentro de un supuesto último ensayo de la zarzuela, teatralizado el momento del golpe que produce a la compañía el saber que se cierra un teatro tan vinculado al género. Así, la función que hemos reseñado se convierte en el último servicio de la compañía que pierde su trabajo pero no la ilusión por servir al arte. Durante el mismo se nos ofrecieron páginas de la misma La verbena de la paloma mas otros fragmentos de El sobre verde, El año pasado por agua, La Gran Vía, La gente seria, El pobre Valbuena y El bateo. Alguno de estos títulos, harto infrecuentes en las tablas, bien podría vivirse en este Festival en los próximos años. Por pedir…
El Teatro Campoamor estaba hasta la bandera, lo que era fácilmente previsible. La complicidad del público fue notoria y todo ello facilitó el último éxito. El XXXIII Festival de Teatro Lírico Español afrontará el próximo junio su último título con el reestreno de Maharajá, de Guillermo Martínez, una suerte de zarzuela hindo-asturiana que se estrenó en el mismo teatro de la capital asturiana en junio de 2017.

Fotos: © Alfonso Suárez