
Recuperar y conocer
21/03/2026. Teatro Campoamor, de Oviedo. XXXIII Festival de Teatro Lírico Español. Manuel García: El gitano por amor. Suzana Nadejde (soprano, Rosita), Begoña Gómez (mezzosoprano, Laura), Juan de Dios Mateos (tenor, Hernando), Pablo Gálvez (barítono, Baldaquín), Pablo López (bajo, corregidor), María José Moreno (soprano, Inés), José Ángel Florido (tenor, Manolo), Enric Martínez-Castignani (barítono, marqués del Pino). Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Oviedo Filarmonía. Dirección de escena: Emilio Sagi. Dirección musical: Carlos Aragón.
A veces conviene reparar en lo más obvio, y en este caso observar que el festival ovetense que nos ocupa es, a pesar de que en muchas ocasiones se reduce al género de la zarzuela, uno dedicado al teatro lírico español. Por lo tanto la ópera tiene su hueco natural junto a la zarzuela o la opereta. Por ello, es de agradecer que este festival se haya atrevido a descubrirnos un título que en época moderna no se conoció hasta 2024, cuando el Teatro Cervantes a través de la Ópera Estudio de Málaga tuvo a bien ponerla en escena. El gitano por amor es una de las muchas obras líricas –¡casi medio centenar!- que escribió Manuel del Pópulo Vicente García, Manuel García (1775-1832) para los mortales, cantante, empresario y compositor clave en las primeras décadas del siglo XIX, aunque quizás sea más conocido por ser el padre de María Malibrán y Pauline Viardot.
Uno tiene la impresión de que si Manuel García fuera alemán o italiano sus óperas serían mucho más habituales en los escenarios europeos. Y eso que últimamente, aquí y allá, se reponen algunos de sus títulos (Il finto sordo, por poner un ejemplo) pero Manuel García sigue siendo un perfecto desconocido en los teatros españoles y costará tiempo que se haga justicia con su obra. Este gesto, tras el estreno malagueño, ha llegado en marzo de 2026 a Oviedo y está previsto que llegue el mes que viene al Teatro de la Zarzuela con gran part de los cantantes de esta ocasión por lo que, en cierta forma, se compensa el cronificado destierro artístico del compositor sevillano.
En 1829 se estrenaron o compusieron, entre otros títulos líricos, Agnes von Hohenstaufen, de Spontini, Il castello di Kenilworth e Il Giovedí grasso, de Donizetti, Guglielmo Tell, de Rossini o Zaira y La straniera, de Bellini. Y entre tanto nombre grande de la ópera se nos aparece en el Teatro Palenque de Gallos, de México El gitano por amor, la obra que hoy muchos, prácticamente todos los espectadores, hemos descubierto en el Campoamor. Basada en la novela ejemplar La gitanilla, de Miguel de Cervantes y Saavedra nos narra una historia que se nos hace muy conocida por habitual en la ópera: un grupo de gitanos asume en su grupo a Hernando, noble que se ha enamorado de la joven gitana Rosita a pesar de estar comprometido con su prima, noble por supuesto, Inés. Después de los inevitables incidentes, de disfraces y de suplantaciones de personalidad todo terminará con un final feliz tan poco creíble como esperable. ¡Hay que ver qué facilidad tenían los nobles para perder hijos y recuperarlos y aceptarlos en aquellos tiempos pasados!

Los principales papeles de la ópera nos trasladan continuamente, por tesitura y composición del personaje, a otros que se nos hacen muy familiares: el “héroe”, Hernando, dispuesto a renunciar a sus privilegios como noble por amor nos recuerda en su tesitura al también rossiniano Conde de Almaviva mientras que Baldaquín, su criado, nos retrotrae al Leporello mozartiano. Inés es un trasunto de la Condesa de Le nozze di Figaro y Rosita, hasta en el nombre, es una Rosina en otra tesitura. Para terminar, el grupo de gitanos nos trasladan al del Rossini de Il turco in Italia: los zíngaros, andaluces por supuesto, solo ansían cantar, bailar y leer las manos.
García es hijo de su tiempo y escuchar El gitano por amor es escuchar una ópera típica del momento, con personajes arquetípicos y tesituras bien repartidas por clases sociales, así como los modos de hablar: los gitanos se comunican en andaluz y su canto es más popular y dinámico mientras que los privilegiados lo hacen en castellano de Castilla y su canto es más noble y señorial.
Escénicamente la propuesta es casi camerística: el pequeño escenario del Campoamor es sustancialmente reducido con un panel florido en tonos rojizos que corta el tablado a la mitad y recoge toda la acción en pocos metros cuadrados. El coro, con un papel de relativa importancia, apenas lo componen dieciséis voces y la plantilla orquestal se nos aparece también en formato reducido. Emilio Sagi apuesta por lo que le es familiar: la luz y, sobre todo el color. Rojo dominante en el primer acto, blanco luminoso en el segundo. Crea imágenes impactantes en la última escena del acto I, el Finale, con la simulación de un naufragio utilizando muy bien la oscuridad (buena labor de Eduardo Bravo en la iluminación) y las sillas del simple atrezzo.

Vocalmente la labor del grupo es muy adecuada sin poder llegar a disfrutar de voces sobresalientes. Juan de Dios Mateos es dueño de una hermosa voz de tenor lírico-ligero, de fácil agudo aunque con un volumen limitado. En su gran momento, el aria Hernando desventurado se dejó la piel y acertó en color y timbre. Su criado Baldaquín lo ha encarnado Pablo Gálvez en esa tesitura conflictiva entre barítono y bajo, con notas graves exigentes y actividad actoral relevante. Su voz es más poderosa y supo dar al personaje esa dimensión tragicómica que tienen este tipo de papeles.
La verdadera protagonista, la dinamizadora de toda la acción, es Rosita, la gitana seductora que en realidad es una noble antaño perdida y que Suzana Nadejde ha cantado con solvencia aunque su agudo esté algo hipotecado. La intervención de María José Moreno, que ha asumido un papel breve porque en realidad es solo una aria –exigente, eso sí y con la que se abre el acto II, Amor, piadoso amor-, ha sido un caramelo en la voz de la veterana soprano y más que solvente cantante, muy vitoreada por el respetable. En el resto de papeles, Begoña Gómez fue una Laura creíble y bien actuada; José Ángel Florido enseñó una voz pequeña pero de timbre hermoso como Manolo, otro noble reencontrado; Pablo López dio enjundia al papel del corregidor en la escena final, cuando encuentra dos hijos en apenas dos minutos; y, finalmente, Enric Martínez-Castignani dijo sus pocas frases con suficiencia a pesar del desgaste vocal.

Carlos Aragón, empeñado en el proyecto de recuperación de esta ópera bufa, dirigió la Oviedo Filarmonía con precisión; supongo que la sensación de falta de volumen, de continuo recogimiento orquestal será algo deliberado. La batuta tuvo que meter en vereda en alguna ocasión al Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, que se descuadró por ejemplo en la escena con coro del acto II.
El Festival de Teatro Lírico Español ha hecho una de las cosas más relevantes que a cualquier estructura organizativa a de exigírsele, cual es el de recuperar aquello que por distintas circunstancias haya quedado en el cajón del olvido. Saquemos a la luz lo que está entre tinieblas y luego el público y el tiempo dictarán sentencia pero que al menos nos permitan conocer lo que nos es desconocido ya por desidia, ya por comodidad. Vista la reacción del público ovetense, relevante aunque sin grandes alharacas, El gitano por amor podría tener cierto recorrido.
