© Gemma Martz
Ensayo general
Girona. 23/05/2026. Auditori de Girona. Obras de Franz Schubert. Lise Davidsen, soprano. James Baillieu, piano.
El Auditori de Girona decidió celebrar el 20ª aniversario de su inauguración a lo grande y a fe que lo hizo. Para conmemorar la efeméride programó un recital de la que, probablemente, sea la soprano más importante de la actualidad, Lise Davidsen. La cantante noruega, reina indiscutible en territorios wagnerianos y straussianos, ha decidido emprender una gira internacional de recitales liederísticos junto al pianista James Baillieu y la primera parada ha sido en la ciudad catalana. No era la primera vez, sin embargo, que Davidsen ofrecía un liederabend por estos lares pues en 2018, en los albores de su gloriosa carrera, se presentó en la Schubertíada a Vilabertran haciendo temblar los muros de la canónica románica dejando ya atónitos a los presentes.
En aquella ocasión el programa que ofrecieron soprano y pianista incluyó obras de Grieg, Brahms, Strauss y Wagner, compositores con un tratamiento vocal de características más operísticas. En esta, en cambio, han propuesto un recital monográfico dedicado a Franz Schubert, proyecto que supone un más difícil todavía para la cantante. Por un lado, por ser Franz Schubert quien es, el patriarca del Lied, que exige todos y cada uno de los recursos expresivos y dominio estilístico absoluto. Por otro, porque plegar un instrumento del volumen y potencia como el de Davidsen para plasmar todas las sutilezas y matices de estas canciones supone una auténtica proeza técnica. Pero no hay obstáculo que el talento de esta cantante no sea capaz de superar, como quedó demostrado en este concierto que tuvo momentos memorables, pero también margen de mejora.
La de Girona era la primera cita de esta gira y eso se notó, dejando la sensación, por momentos, de que la cantante, tras sus sonados debuts como Isolda, aún se estaba situando. No tanto en el aspecto vocal, pues el instrumento lució esplendoroso de principio a fin, sino en encontrar el pulso a las primeras canciones y la compenetración con el siempre estupendo James Baillieu. Así, Am Bach im Frühling y Ganymed no encontraron la fluidez y los acentos necesarios, algo que mejoró en unos Der Zwerg y Gretchen am Spinnrade más entonados gracias a un dramatismo tan contenido como eficaz. El nivel del recital, sin embargo, aumentó de manera sensible en el segundo bloque de la primera parte. En Mignon (Kennst du das Land), los Gesänge aus Wilhelm Meister (magnífica versión de Nur wer die Sehnsucht kennt) y Der Tod und das Mädchen afloraron ya destellos de una liederista en toda regla, elegante y expresiva, de pulcra dicción y adecuado instinto dramático.
Es necesario, sin embargo, mencionar dos aspectos que limitaron el impacto del rendimiento musical. Por un lado, los inacabables discursos de ambos intérpretes entre bloques de canciones que aportan poco y cortan irremisiblemente el ritmo interno de un recital de Lied. Por otro, la excesiva dependencia del atril por parte de la soprano, algo que cortocircuita de manera inevitable la conexión íntima y necesaria con el público. Si bien las peroratas persistieron en la segunda parte, afortunadamente en esta la cantante se mostró más liberada de ese muro de papel y fue capaz de dar lo mejor de sí en un tramo final realmente brillante.
El festival empezó con un Du bist die Ruh en el que Davidsen dejó sin aliento personal gracias a un control de dinámicas, fiato y reguladores solo al alcance de los elegidos. Con Die Allmacht, canción que, como ella mismo comentó, está más cercana a la ópera que al Lied, estuvo a punto de provocar un seísmo, desplegando un material de calidad, riqueza y potencia deslumbrante. Die junge Nonne y Erlkönig llegaron ya con el ambiente caldeado y una Davidsen reconcentrada que mostró en estas canciones también la fuerza de su capacidad narrativa. La guinda del pastel llegó con Litanei Auf das Fest aller Seelen, expuesta con un lirismo, una calidad tímbrica y una introspección desarmantes.
Dos propinas remataron el primer recital de esta gira y, viendo el resultado, uno no deja de pensar en el nivel al que llegarán Davidsen y Baillieu en los últimos. Éste en el Auditori de Girona, pese a momentos sensacionales, pareció en cierto modo un preámbulo. Un ensayo general, eso sí, de auténtico lujo.
© Gemma Martz