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El placer de cantar

Girona. 05/03/2026. Auditori de Girona. Nadine Sierra, soprano. Vincenzo Scalera, piano.

Aunque pueda parecer paradójico, en los recitales de los cantantes de ópera no siempre se tiene la plena sensación de que el protagonista disfruta cada segundo de su actuación. Nadine Sierra no solo lo hace, sino que consigue transmitirlo en todo momento gracias a su extraordinario carisma y a un estado vocal que solo se puede calificar como esplendoroso. Todo ello se puso de manifiesto en su debut en el Auditori de Girona, donde ofreció un recital arrollador que se extendió durante más de dos horas y media. La percepción, además, fue que, de ser por ella, a estas horas aún seguiría en el escenario por el puro placer de cantar. La soprano norteamericana se encuentra en un momento pletórico en todos los sentidos, exhibiendo un dominio absoluto de todos los recursos técnicos y expresivos en el repertorio de lírico ligera que, interpretado con esa voz carnosa, tímbricamente brillante y perfectamente controlada y proyectada, constituye un auténtico deleite.

Arrancó a lo grande con un “Je veux vivre” de la Juliette de Massenet, uno de sus caballos de batalla, expuesto sin reservas y con la voz ya perfectamente caldeada. Fraseo imperial, brillante coloratura y dicción perfecta que presagiaban una noche de fuegos artificiales. Le siguió una bella interpretación de “Chi il bel sogno di Doretta”, de La rondine pucciniana a la que, sin embargo, le faltó ese punto intangible de ensoñación. Por ahora es en el bel canto donde Nadine Sierra se muestra imbatible, y lo volvió a demostrar con una cavatina de Norina en Don Pasquale insuperable, repleta de chispa y elegancia a partes iguales. Un pequeño receso sirvió para que su acompañante, Vincenzo Scalera, se luciera en solitario con la Danse Sibérienne de Rossini.

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El pianista norteamericano merece mención aparte, porque volvió a dar una lección magistral de su negociado. Se trata, sin duda, de un auténtico referente que ha acompañado, a lo largo de su trayectoria, a algunos de los más grandes mitos del canto. La lista sería interminable. Escuchándolo en este recital se entiende perfectamente el porqué. A su conocimiento absoluto de las necesidades del intérprete y de la mecánica vocal hay que añadir una pulsación sutil, un sonido equilibrado, un fraseo elegante siempre al servicio del solista y un dominio del oficio absolutamente ejemplar. No cabe duda de que su buen hacer contribuyó al éxito atronador de la velada.

Sierra volvió al escenario para cantar el aria de Le nozze di Figaro “Deh vieni non tardar”. Si bien no se la asocia especialmente con el repertorio mozartiano, su interpretación fue irreprochable, sincera, sin amaneramientos y con el encanto necesario. Tan solo mostró ciertas limitaciones en las incursiones a una zona grave que resolvió con inteligencia. El momento cumbre del recital, como era previsible, llegaría con la gran escena del primer acto de La traviata, título del que actualmente Sierra es una de las intérpretes descollantes a nivel mundial. Volvió a dejar constancia de ello con un recitativo, andante y cabaletta memorables en todos los sentidos, rematados con una elaborada cadenza final marca de la casa coronada con un mi bemol corto, pero sólido. Un gran colofón a una primera parte extraordinaria.

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Para gustos colores, pero considero que fue una lástima y excesivo, teniendo en cuenta el estado de gracia de la soprano, dedicar toda la segunda parte del recital a un repertorio más ligero y esencialmente crossover. Se inició con una sobrada versión vocal de “Me llaman la primorosa”, aunque la dicción fuera un tanto inteligible, a la que siguieron “Melodia sentimental” de Villa-Lobos y la célebre “I could have danced all night”, del musical My fair Lady.

Tras una deliciosa recreación del “Intermedio” de La leyenda del beso por parte de un inspirado Vincenzo Scalera llegó lo que, en principio, era la traca final integrada por un evocador “Summertime”, la canción “Estrellita”, de Manuel Ponce y otra pieza del compositor brasileño Ernani Braga. Afortunadamente, pese al dominio y flexibilidad estilística mostrada por la cantante en este repertorio, este no fue ni mucho menos el final del concierto. Nadine Sierra regaló hasta seis propinas convirtiendo los encores, como ella mismo comentó ya desatada y descalza, en una tercera parte del programa.

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Para empezar, se lanzó con el “Vissi d’arte” de Tosca, ópera que nunca ha interpretado en escena. Nadine Sierra parece haber iniciado una progresiva evolución hacia papeles de perfil claramente lírico, lo cual parece lógico en una voz que cada vez posee más cuerpo. Es un tránsito natural, pero que debe hacerse con cautela para no poner en riesgo la homogeneidad del instrumento. Esperemos que esta gran soprano mida bien los pasos para poder seguir disfrutando de su talento muchos años. Evidentemente, Tosca aún queda muy lejos de sus características vocales actuales, pero en su “Vissi d’arte” mostró acentos dramáticos y reguladores que auguran emociones fuertes. Tras tres propinas más dedicadas al musical y con un público entregado, cantante y pianista cerraron una gran noche con el aria de Musetta y un “O mio babbino caro” desgranadas con absoluta delectación.

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Fotos: © Gemma Martz