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Una digna versión alternativa

Sevilla. 26/05/2026. Teatro de la Maestranza. Philip Glass: Einstein on the Beach. Ictus Ensemble. Collegium Vocale Gent. Suzanne Vega, narradora. Germaine Kruip, dirección de escena. Tom De Cock, dirección musical, 

Corría el año 1976 cuando el compositor Philip Glass y el director de escena Bob Wilson estrenaron su primera obra conjunta en el Festival de Aviñón. La efeméride es recordada por musicólogos y melómanos ya que dicha representación alteró para siempre el mundo de la música. En tierras francesas vio la luz la primera ópera minimalista de la historia, la cual llamaron Einstein on the Beach. 

Si bien Glass y Wilson estuvieron inmersos en este proyecto durante los dos años previos a la première, el grado de implicación de Wilson fue mayor de lo que suele imaginarse. Raras veces un director de escena ha intervenido de forma tan decisiva en la escritura de una ópera. Según consta en la autobiografía del compositor norteamericano, su compañero no solo colaboró en la elección de la figura de Albert Einstein como protagonista de la obra (aunque se trató de la segunda opción, ya que Wilson propuso primero a Adolf Hitler al haber trabajado recientemente en una creación basada en Stalin). Glass cuenta en sus memorias que Wilson decidió la futura estructura de la pieza (empezando por los célebres knee plays), la temática de cada sección (los viajes en tren, los juicios, la nave espacial, los dos bailes…), y el que apostó por Christopher Knowles (un niño diagnosticado con autismo) para que fuese el libretista principal.

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La huella de este gran artista fallecido hace menos de un año está presente en cada compás de Einstein on the Beach, y no solo en su mítica puesta en escena. De hecho, la ópera también ha sido representada con dos propuestas escénicas alternativas: la de Achim Freyer estrenada en Stuttgart, y la de Susanne Kennedy en Basel. Sin embargo, en estos tiempos contemporáneos, no es tan común escenificar la pieza. Más bien, se tiende a suprimir la parte teatral. Valga decir que interpretar la ópera en versión concierto es la alternativa ideal para aquellos teatros o auditorios de música que desean incluir dicho título en sus programas y no pueden permitirse alquilar la costosa obra magna de Wilson, o comisionar nuevas producciones. En este sentido, la versión semi-escenificada que ideó la artista visual neerlandesa Germaine Kruip hace algunos años ha servido para llevar Einstein on the Beach a múltiples ciudades europeas en formato tour. Una de las últimas sedes que ha acogido este montaje singular ha sido el Teatro de la Maestranza.

El público sevillano fue testigo de una versión musical muy cercana a la partitura original, a pesar de haber sido recortada considerablemente. La duración de la propuesta de Kruip no se sitúa entre las cuatro y cinco horas canónicas: ésta se redujo a tres horas y veinte minutos exactos. Resulta difícil determinar dónde se efectuaron los recortes en la parte instrumental, dado que se interpretaron todas las secciones de la pieza (incluidos los cinco knee plays y los dos bailes). La síntesis se percibe con mayor claridad en la dimensión verbal de la obra. Por ejemplo, los textos de los abogados, los testigos y los dos jueces fueron fusionados en ambos juicios. La famosa cantante de pop-folk norteamericana Suzanne Vega encarnó todos los roles que aparecen en esta ópera sin argumento, reforzando ese efecto de unificación. Su declamación fue fluida y envolvente, aunque se echó de menos el matiz irónico del pasaje All men are equal o el romanticismo empalagoso del fragmento de los dos amantes que cierra Einstein on the Beach.

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El conjunto belga Ictus Ensemble y los once miembros de la formación coral Collegium Vocale Gent se convirtieron en los auténticos héroes de la velada. Ni el director musical Tom De Cock, ni los integrantes de ambas formaciones abandonaron el escenario durante las más de tres horas de duración que se efectuaron sin pausas. En parte, porque la propuesta semi-escénica de Kruip les permitía tumbarse en el suelo o hacer estiramientos cuando no participaban tocando o cantando. Por otro lado, no está de más recordar que la partitura original de Glass ya contempla los tiempos de descanso de los músicos.

Fueron especialmente impactantes las intervenciones de los dos teclistas Jean-Luc Plouvier y Brecht Valkenaers tocando en un estado de trance absoluto, sobre todo durante la primera escena del tren. Una mención aparte merece el violinista Igor Semenoff (el supuesto alter ego de Albert Einstein) por su dominio virtuoso del instrumento que se requiere en todas sus apariciones, así como la soprano Elisabeth Rapp, quien ejecutó en solitario la famosa aria del cuarto acto. Por último, cabe destacar el buen trabajo de amplificación de las voces y la música por parte del ingeniero de sonido Alexandre Fostier. Su magnífica labor potenció la sensación de empaste del coro y de densidad instrumental.

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Fotos: © Guillermo Mendo