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El valor de una orquesta

Barcelona, 27 de mayo de 2026. Palau de la Musica Catalana. Obras de Schumann y Wagner. Budapest Festival Orchestra. Ingela Brimberg (Brünnhilde), Hanno Müller-Brachmann (Wotan). Iván Fischer, director.

Schumann y Wagner no solo fueron contemporáneos sino que se trataron personalmente en el período en que ambos coincidieron viviendo en Dresden, adonde Schumann se había trasladado en 1844. Acerca de un encuentro en 1846 se dio un curioso caso de incomunicación: según Schumann era imposible relacionarse con Wagner, hablaba sin parar. Según Wagner era imposible comunicarse con Schumann: no decía palabra. Lo que queda claro es que ninguno de los dos mentía acerca de la naturaleza de su encuentro. Significativamente en la velada dedicada a ambos autores que nos ofreció la Budapest Festival Orchestra el pasado miércoles había una obra sin palabras a cargo de Schumann (que por otra parte era un excelente compositor de canciones) y un fragmento vocal (y textualmente prolijo) de Wagner.

Dirigía el conjunto Iván Fischer, fundador junto a Zoltán Kocsis de la orquesta que nos ocupa. Y hay que decir que se trata de una orquesta excelente. Por precisión y por calidad de sonido. Y este fue, sin duda, el punto fuerte de la velada. No fue tan incuestionable ni la dirección de Fischer ni la aportación de los cantantes.

La primera parte consistió en la Sinfonía núm. 3, en Mi bemol mayor, op. 97, llamada 'Renana', que fue la última sinfonía escrita por Schumann aunque no la última publicada, puesto que la llamada 4ª Sinfonía fue publicada postumamente pero es de composición anterior.

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Desde que empezó la ejecución de la sinfonía de Schumann quedó claro el excelente nivel técnico de la orquesta. En cuanto al enfoque interpretativo del director se podría decir que fue poco romántico, lo cual no tiene nada de malo en principio, pero a mí me parece más bien que hubo, en el primer movimiento, demasiada prisa y poca amplitud de respiración. Siempre es dudoso si eso responde a una apuesta estética particular o un pragmatismo de vuelo bajo. Pero la cosa mejoró a partir de este momento en cuanto se refiere a la dirección de Fischer. Todo fue, de aquí al final, una exhibición de virtuosismo orquestal. Precisión en los detalles y ductilidad en el discurso dinámico, plasticidad en el fraseo y todo lo que cabe esperar de una orquesta de primer nivel. Fischer empezó a respirar con la orquesta y bastaba esto para que la música fluyera con un equilibrio perfecto entre las secciones, cuerdas ligeras cuando hizo falta y detallistas a nivel rítmico. En conjunto una ejecución casi redonda que dejaba un buen sabor de boca de cara a la segunda parte.

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Dado que las apuestas estéticas de Wagner y Schumann no sólo no eran idénticas sino que aparecieron en su época, hasta cierto punto, como opuestas, el enfoque interpretativo no puede tampoco ser el mismo. Si el enfoque de Fischer acerca de Schumann resultaba un tanto clásico pero plausible, su Wagner fue algo más Boulez (sin la radicalidad de este) que Furtwängler o Knappertsbusch. De hecho no solo estuvo extremadamente lejos de ese tipo de enfoques sino que tampoco tuvo la flexibilidad de fraseo de enfoques menos románticos como el de Karajan o, por poner ejemplos actuales, de Thielemann. Afortunadamente la orquesta siguió desplegando un sonido maravilloso y a pesar de todas las salvedades acerca del director el contexto orquestal tuvo momentos estupefacientes y se creó un clima realmente emocionante. Es una lástima que Fischer quisiera que el clímax posterior a la frase de Brünnhilde "Der diese Liebe mir ins Herz gehaucht" fuese tan frígido, porque esa orquesta da para mucho más.  También lo fue una gestión de las pausas muy lejana a la lógica dramática de la obra. Igualmente, momentos necesariamente apoteósicos como el crescendo orquestal previo a "Der Augen leuchtendes Paar" fueron ejecutados con muy escasa sensibilidad, y eso es responsabilidad del director. Y aún así el fraseo del solo de las cuerdas posterior a este momento fue de una belleza inenarrable.

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La aportación de los cantantes fue desigual pero globalmente aceptable. De la Brünnhilde de Ingela Brimberg hay que poner en valor una entrega encomiable y una real inmersión en el personaje, aparte de una vocalidad correcta. Fue mucho más fría la interpretación de Hanno Müller-Brachmann en el papel de Wotan. este cantante tiene un centro de sonoridades realmente bellas, pero a la mencionada frigidez expresiva se añade un registro agudo muy mal resuelto, y eso no es algo que uno se pueda permitir en un papel tan exigente como este. 

La principal conclusión que se puede extraer de una velada como esta es que a pesar de las limitaciones de la prestación de un director o de un par de cantantes, cuando se tiene una orquesta como esta es realmente difícil que las cosas salgan mal. Y no solo no salieron mal, sino que nos ofreció momentos realmente emocionantes.

Fotos: © A. Bofill