© Martí E. Berenguer
El orgullo de(l) Casals
Barcelona, 09/06/2026. Palau de la Música catalana. Obras de Shostakovich y Brahms. Cuarteto Casals. Alexander Mélnikov. piano
En una moderna costumbre que ya tuve oportunidad de lamentar recientemente en la crítica con motivo del Concierto para Orquesta de Bartók y el Concierto para Violín de Brahms en el Auditori, hubo arenga antes del concierto. El concierto iba dedicado a Pau Casals, que nació hace 150 años y cuyos méritos son incuestionables. Por si fuera poco Casals da nombre al cuarteto que protagonizaba la velada. Espero que en el próximo concierto que tenga que reseñar no haya ningún pretexto para la locuacidad y la cosa vaya al grano.
Aunque el Cuarteto nº3 en fa mayor op.73 de Dimitri Shostakovich es, como su nombre indica, el tercero de una serie de quince, no se trata de una obra de juventud. Fue escrito en 1946 cuando su autor cumplía ya 40 años y se estrenó ese mismo año en Moscú, en un entorno que debía ser de una destrucción desoladora, dado que entre 1941 y 1945 la Unión Soviética había sufrido en sus propias carnes la ofensiva alemana en plena IIªGuerra Mundial. Sin embargo el primer movimiento se caracteriza por la jovialidad de su Allegretto. Una jovialidad ambigua, naturalmente, tratándose del autor del que hablamos. Desde el tema que introduce este allegretto pudimos disfrutar (como ya pude explicar a los lectores de esta revista con motivo de la ejecución de esta misma obra por esta misma agrupación en Madrid) del excelente, expresivo y elegantísimo fraseo de Vera Martínez-Mehner al violín. En tono neoclásico, después de la exposición doble del tema aparece un pasaje fugado tras el cual nuestros héroes se mostraron muy sensibles con las dinámicas y el estilo galante. Y cerraron estupendamente con el Poco più mosso final.

En el segundo movimiento (Moderato con moto) cabe destacar, dentro de la excelencia general, la prístina limpidez del pasaje con corcheas picadas a golpe de arco, que fue de gran belleza. En el tercer movimento (Allegro non troppo) Arnau Tomàs ofreció una base poderosa con su cello y en general el grupo ejecutó con gran precisión y sensibilidad las diferentes transiciones. El Adagio fue atacado y sostenido con misteriosa belleza, Vera Martínez-Mehner desplegó una extrema sensibilidad dinámica y el duo entre la viola y el cello creó la atmósfera que se requiere. La toma del tema saltarín "con sordina" en el último movimiento fue de una elegancia conmovedora en un último movimiento sobre el que todo lo que puedo decir es que fue terroríficamente bello.
La segunda parte consistía en el Quinteto para piano en Fa menor, op.34, escrito en 1864, para lo cual se incorporaba al conjunto el pianista ruso Alexander Mélnikov. La apuesta de Melnikov, muy acorde con el espíritu de la obra, fue la de no tomar en ningún momento un papel "solista". Por otra parte su sonido tendió a ser un tanto vaporoso lo cual perjudicó la irrupción rítmica del piano después de la primera corona, que resultó un tanto borrosa. En la exposición del tema y la secuencia posterior Arnau Tomàs se mostró muy concentrado y expresivo al cello. Mélnikov siguió anteponiendo la sutileza al dramatismo y la expresión, en exceso en mi modesta opinión, particularmente en ese oscuro juego de repuestas con el cello. El final del movimiento se favoreció de una ejecución brillante e intensísima de los violines.
Durante el segundo movimiento (Andante, un poco adagio) las intenciones expresivas del pianista siguieron pareciendo poco concretas, por ejemplo en el pasaje "sempre poco accelerando". En cambio tanto él como el conjunto estuvierion sembrados en el tercer movimiento (Scherzo. Allegro), moderno e inquietante. Y cabe decir que, más allá de los detallitos mencionados la ejecución fue excelente hasta el final, con lo cual se redondeó una velada realmente brillante. Hecho al cual, por otra parte, esta agrupación nos tiene acostumbrados.
El bis, muy oportunamente, fue un arreglo para quinteto de El cant dels ocells, pieza tradicional inevitablemente asociada a Pau Casals, que la interpretaba con conmovedora expresividad. En realidad creo que se trataba más bien de añadir la introducción para piano (que típicamente usaba Casals antes de entrar al solo de cello) a un arreglo para cuarteto. Todo bellamente interpretado, en cualquier caso. Con toda seguridad Pau Casals estaría orgulloso de todo lo visto y oído.

Fotos: © Martí E. Berenguer