003_Turandot_Les_Arts.JPG© Miguel Lorenzo - Mikel Ponce | Les Arts

El brillo del foso

Valencia. 3/06/2026. Palau Les Arts. Puccini. Turandot. Ekaterina Semenchuk (Turandot), Gregory Kunde (Calaf), Carolina López Moreno (Liù), Liang Li (Timur), Jan Antem (Ping), Pablo García-López (Pang), Mikeldi Atxalandabaso (Pong). Orquestra y Coro de la Comunitat Valenciana. Dirección de escena: Alex Ollé. Dirección Musical: Sir Mark Elder.

Es bien conocido que la Orquestra de la Comunitat Valenciana es una de las formaciones españolas que mejor funcionan en el foso. Nos han dado noches extraordinarias. La llegada a la titularidad de la orquesta de Sir Mark Elder ha dado un plus de calidad al rendimiento de los músicos y sobre todo ha contenido uno de los pocos peros que se podían poner a veces a su rendimiento: el excesivo volumen orquestal. Y es que Elder, sin quitar esplendor y exuberancia a los pasajes más briosos, ha sabido también controlar los momentos líricos sacando de ellos notas de una belleza que hasta un buen conocedor de la partitura casi no recordaba. Estoy hablando, claro, de la Turandot de Giacomo Puccini, con libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni,que estos días presenta el Palau de Les Arts de Valencia.

Y es que el director inglés encuentra oro en esta ópera dominada por el aria por excelencia: Nessun dorma. Más allá de los pasajes de gran esplendor musical, siempre bien medidos, Elder encontró momentos para el lucimiento de los músicos como ese homenaje a Strauss y su Salome que hay en el tercer acto, o en cualquiera de los momentos más líricos como los protagonizados por el personaje de Liù. Es, sin duda, una lección de elegancia y estilo la que emana del foso valenciano.

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Il mio nome non sai. Dimmi il mio nome. Dimmi il mio nome prima dell'alba, e all'alba morirò! Estos versos que pronuncia Calaf al final del segundo acto resumieron toda la carrera de un cantante. La forma como el gran Gregory Kunde cantó esas líneas fue toda una lección de veteranía, de conocer a fondo un papel, de sentir lo que se dice. La carrera de Kunde, con 72 años, es ejemplar y sobre todo sorprendente por su longevidad. Porque el tenor norteamericano sigue defendiendo un papel como el del Príncipe ignoto con la misma valentía y arrojo con la que siempre lo ha hecho. No vamos a obviar que hay muestras de cansancio vocal en algún pasaje, sobre todo al comienzo de la obra, donde también el volumen resulta un poco escaso. Pero fue afianzando su rol a lo largo de la función y con la zona aguda en perfecta forma pudo brindarnos momentos de auténtica maestría, con un estupendo Nessun dorma. Bravo por él.

Ekaterina Semenchuk es una gran mezzo que nos ha brindado noches de estupendo trabajo. No soy yo nadie para decir que es lo que debe cantar o no, una costumbre que algunos compañeros críticos no comparten. Siempre he pensado que estamos hablando de profesionales, nadie conoce mejor que ellos su voz. Turandot es un papel de enorme dificultad, sobre todo en la zona alta. Semenchuk es una gran profesional y defendió su papel con entrega pero a sus agudos les faltó brillo y una punta más afilada y más identificación con el papel vocalmente. Si In questa reggia no destacó, sí que resolvió mucho mejor la escena de los enigmas poco después. Un rol que la cantante seguramente irá haciendo suyo con el tiempo.

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Al papel de la esclava Liù le deberían llamar el 'bombón Liù'. Si encuentra una buena intérprete, como es el caso que comentamos, el éxito está asegurado. Carolina López Moreno supo sacar todo el jugo a este papel emblemático y los aplausos y bravos finales hicieron justicia a una interpretación impecable en la que destacó su bello timbre, algo oscuro pero de gran brillo, y su exquisita técnica. En sus intervenciones siempre estuvo a muy buen nivel, especialmente en la escena de su muerte, en la que además demostró ser la mejor actriz sobre el escenario. Una cantante con futuro que dará mucho que hablar.

Con soltura y buen hacer vocal se desenvolvieron los tres 'ministros' del Emperador: Jan Antem, excelente Pink; Pablo García-López, cada vez más asentado como un estupendo Pang; y el gran Mikeldi Atxalandabaso como Pong. A buen nivel el resto de cantantes, destacando el canto de Liang Li como Timur, una voz que no suele estar bien servida, pero que en Les Arts eligieron con acierto.

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Punto y aparte se merece el Cor de la Generalitat Valenciana, dirigido por Jordi Blanch, que estuvo a un altísimoa un altísimo nivel en toda la representación. Il popolo di Pekino tiene mucho que cantar en esta obra, desde forti hasta tramos mucho casi susurrantes y los componentes del Cor supieron realizar un grandísimo trabajo. También actoral, porque la producción no se lo puso fácil y desplazarse y distribuirse por el complejo escenario tendría su dificultad. Estuvieron acompañados por unos acertados coros: la Escuela Coral Veus Juntes y la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats.

Àlex Ollé firma la producción de esta Turandot, procedente de dos teatros japoneses: el New National Theatre de Tokio y el Tokyo Bunka Kaikan. Fiel a su estilo, Ollé plantea una historia que va más allá del clasicismo. La acción parece situarse en un Pekín indefinido históricamente, muy relacionado con las películas o series apocalípticas de ciencia-ficción. El director basa la más espectacular parte de su propuesta en una excelente escenografía de Alfons Flores que recuerda con sus escaleras laberínticas al famoso pozo indio de Chand Baori, pero también a veces las celdas de una enorme colmena. Por el hueco que queda entre las tres grandes paredes, baja en ocasiones una especie de rectángulo volante, una gran plataforma donde habitan Turandot y el emperador, marcando siempre la distancia entre los semidioses que gobiernan y el pueblo.

La historia de Turandot es contada sin salirse del libreto con la única libertad de que la protagonista se suicida con la misma daga que lo ha hecho Liù. Con un buen vestuario de Lluc Castells y una fabulosa iluminación de Urs Schönebaum, Ollé nos sirve una obra de gran vistosidad, muy bien pensada y que resuelve sin pretensiones pero muy acertadamente las distintas escenas. Quizá se eche en falta una mayor pasión en la propuesta actoral, pero el resultado es altamente positivo.

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© Miguel Lorenzo - Mikel Ponce | Les Arts