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 Una velada desigual

Granada. 28/06/2026. Festival de Granada. Obras de Verdi, Falla y Ravel. Orchestra Giovanile Luigi Cherubini. Riccardo Muti, dirección musical. 

El debut del simpar Riccardo Muti en el Festival de Granada era una de las citas más notables de la 75 edición de esta cita ya histórica con la música en la Alhambra de la capital andaluza. Para la ocasión el maestro napolitano se hizo acompañar de la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, impulsada por él mismo en el año 2004. La formación presentó un programa con obras de Giuseppe Verdi, Manuel de Falla y Maurice de Ravel.

El concierto fue, claramente, de menos a más, animándose la velada gracias al ahínco y vitalidad del director, infatigable camino ya de los 85 años que cumplirá a finales de julio. La joven formación presentó flaquezas importantes, sobre todo con una cuerda aguda falta de empaste y afinación. A cambio destacó el buen hacer de la sección de maderas, singularmente atinado el clarinete de Davide Pellegri, el oboe de Pietro Carlotta y la flauta de Chiara Picchi. 

La velada comenzó a medio gas con una desigular versión de la Sinfonía de Nabucco. Muti ha dirigido esta pieza miles de veces y su electrizante mirada sobre esta obra no terminó de encontrar traducción en los atriles de la Cherubini. Se hizo aquí ya muy evidente que las cuerdas iban a lastrar el desarrollo del concierto en las páginas sucesivas y los desajustes entre secciones se fueron sucediendo sin que la batuta del napolitano terminara de poner orden y concierto.

Seguía el programa con un plato fuerte, 'Le quattro stagioni', los bailables de I vespri siciliani de Verdi. Este ballet "es la página sinfónica más importante de Verdi', sentenció Muti antes de la interpretación, añadiendo que a menudo "los directores de escena no saben que hacer con él" y por eso se corta. "Eso es un crimen", dijo Muti.

El director italiano espoleó lo indecible a sus jóvenes músicos, con un gesto sumamente pedagógico e inspirador; pero la pieza se hizo larga, precisamente porque faltó virtuosismo y soltura en la resolución musical de la misma. Lo que en manos de una orquesta en forma hubiera sido una pieza brillante, no pasó aquí de ser un trámite fatigoso.  

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En la segunda parte del programa Riccardo Muti no dejó pasar la ocasión de rendir homenaje a Manuel de Falla por el 150 aniversario de su nacimiento. La Suite no. 2 de El sombrero de tres picos fue la pieza elegida para ello. El maestro italiano se afanó en extraer el alma de esta pieza que parece embrujada de principio a fin y que no es nada fácil de resolver, ni desde el punto de vista técnico ni desde el punto de vista expresivo. La versión de la Cherubini fue aseada pero sonó sin embrujo, por más que Muti se afanse con brazadas amplias en imprimir intensidad al fraseo de sus músicos. El maestro napolitano lo dio todo, pero nuevamente su orquesta mostraba un techo evidente.

Mejoraron un tanto las cosas con el célebre Boléro de Ravel que ponía el broche al programa. Muti logró cuajar una versión bastante épica de la pieza, como hubiera conseguido que los músicos de la Cherubini quisieran por fin superarse y dejar un recuerdo menos amargo. Hacer grandes cosas con una gran orquesta tiene mucho menos mérito; a un gran director se le mide por su capacidad para hacer que una formación discreta se crezca y ofrezca la mejor versión de sí misma. Eso sucedió precisamente con este Boléro, donde volvió a destacar el buen hacer de los citados solistas en las maderas. Junto a ellos brilló también el denonado trabajo del primer contrabajo Alessandro Pizzimento así como la intervención de Sofia Alice Zavattini en el saxo tenor, amén del percusionista en la caja -me ha sido imposible localizar su nombre-, a quien Muti hizo saludar en solitario ante el público congregado en el Palacio de Carlos V.

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Fotos: © Fermín Rodríguez