El éxito del trabajo bien hecho
24-07-2026. Plaza de la catedral. Gala Lírica: obras de J. Strauss, G. Bizet, J. Massenet, G. Puccini, R. Leoncavallo y A. Dvorak. Vanessa Goikoetxea (soprano), Andeka Gorrotxategi (tenor) y Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Dirección musical: Óliver Díaz.
Uno se encuentra por las calles de Zamora momentos antes de la gala lírica inaugural de la XI edición de Little Ópera y reconoce a críticos afamados, ilustres cantantes y aficionados anónimos de esos que uno reencuentra, una y otra vez, en distintas plazas líricas del estado. Y es que Zamora y su Little Ópera ya tiene renombre y se ha convertido en un atractivo de indudable interés para acercarse a esta ciudad el último fin de semana de julio. Y nos alegramos por ello porque detrás hay un grupo nada desdeñable de voluntarios que, con el paso del tiempo, se han convertido en expertos en lo suyo, que es ayudar a levantar un festival tan sencillo como eficiente y atractivo. Ya lo decía su máxima responsable, Conchi Moyano, en una muy reciente entrevista a este medio: durante estos años se ha hecho una buena siembra y está habiendo una buena cosecha.
Siendo como es un festival dedicado a la ópera de cámara, Little Ópera se hace una pequeña trampa en el solitario para acercar la gran ópera y el repertorio más habitual a través de una gala lírica, a la que siempre acuden cantantes de importante carrera internacional. En este caso los dos elegidos han sido dos vizcaínos que viven en pueblos limítrofes y que nos propusieron un programa largo, complejo y exigente, en la que se alternaron piezas en solitario y dúos. Estos dos cantantes son Vanessa Goikoetxea, soprano, y el tenor Andeka Gorrotxategi. Ella, soprano lírica, va a agrandando su repertorio introduciéndose en caminos áridos cuales son la Lady Macbeth verdiana o la Salomé straussiana; él, tenor spinto, parece ir superando una crisis que le ha dejado fuera del ruedo lírico durante algunos meses.

El grueso del programa lo ocupó Giacomo Puccini, con tres dúos mas arias de Manon Lescaut, Tosca y Madama Butterfly, en los que el peso principal lo llevó la soprano. Ella añadió una página de la Micaela de Bizet más la canción de la luna de Rusalka; Gorrotxategi nos brindó la página de tenor de Le Cid (Massenet) junto a la célebre Vesti la giubba, de Pagliacci.
Vanessa Goikoetxea brilló fundamentalmente en las páginas de Tosca, con un Vissi d’arte en el que marcó su cénit particular por fraseo, fiato e intensidad dramática. Muy convincente en su Manon Lescaut y su versión intensa de Cio-Cio-San. Me dio la impresión de que su inicio de recital con la delicada Micaela le quedó algo más frío, quizás por el peso y color que va adquiriendo la voz en esta evolución natural. De todas formas Goikoetxea se encuentra pletórica y tiene la facultad de dotar a cada personaje de sus características dramáticas personales, como pudimos vivir en el dúo del acto I de Tosca, con su capacidad de seducción para con Cavaradossi… y el público.

Me alegro de que Andeka Gorrotxategi vuelva a los escenarios aunque no puedo negar que me transmite la impresión de que aún está demasiado “obsesionado” con la técnica y emisión. Ha perdido algo de naturalidad pero de toda crisis solo hay dos posibles salidas y Gorrotxategi ha apostado por la más complicada pero, así lo espero, la más fructífera. Su voz sigue siendo de un bello color spinto y su versión del aria de Pagliacci marcó el mejor momento de sus prestaciones aunque creo que el momento en el que más se liberó fue, curiosamente, en el bis, el dúo de El gato montés, de Penella.
Para terminar, apuntar las páginas orquestales de Johann Strauss y Giacomo Puccini que abordó la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, muy eficientemente dirigida por Óliver Díaz, que estuvo siempre muy atento a los cantantes, tratando de superar los inconvenientes de un lugar muy hermoso, junto a la catedral, pero con los inevitables problemas del aire libre: viento, ruidos de la estructura metálica,…
Hay que apuntar que toda valoración vocal está condicionada por las circunstancias de la noche: además de que refrescó de forma evidente, la presencia del viento y la inevitable amplificación hacía que el sonido nos llegara a los espectadores fluctuante en intensidad, dependiendo de los movimientos de los cantantes. En ocasiones era difícil hasta apreciar la intensidad de los aplausos del público dada la dispersión del sonido. Eso sí, buena respuesta popular, con una ocupación del noventa por ciento de los asientos habilitados.
