© Miquel González – Shooting
Delicias venecianas
Peralada. 09/08/2026. Esglèsia del Carme. Festival Perelada. Obras de Albinoni, Ferrandini, Vivaldi y Geminiani. Núria Rial, soprano. Lina Tur Bonet, concertino. Les musiciennes du Concert des Nations. Jordi Savall, dirección musical.
La cuadragésima edición del Festival Perelada ha llegado a su fin con un positivo balance artístico e indiscutible éxito de público. Hasta once espectáculos han obligado a colgar el cartel de sold out, contribuyendo decisivamente al 96% de ocupación global que han dado a conocer los responsables del certamen. Este último es un dato importante no solo para confirmar la saludable vitalidad del festival, sino, por encima de todo, para afrontar con el optimismo necesario un futuro que pasa por la construcción del aplazado y ansiado nuevo auditorio. Para cerrar esta edición conmemorativa, el Festival Perelada ha invitado a un mito como Jordi Savall que, al frente de Les Musiciennes du Concert des Nations y con solistas de la talla de la violinista Lina Tur Bonet y la soprano Núria Rial, han ofrecido un programa centrado en el barroco italiano, con especial acento en la escuela veneciana.
Una de las más loables características de las propuestas de Savall y su equipo a lo largo de su extraordinaria carrera ha sido el rigor histórico y musical vertido en la estructuración de los programas de sus conciertos. Nada es gratuito en ellos y siempre hay un eje temático concebido y trabajado en profundidad. En este caso la fuente de inspiración y elemento vertebrador ha sido L’Ospedale della Pietà de Venecia, un convento que durante el siglo XVII hizo también las funciones de orfanato y conservatorio para niños y niñas que adquirió gran prestigio y relevancia musical en la época. Partiendo de esa idea, Savall concibió un programa con especial protagonismo de compositores venecianos o vinculados de algún modo a la Serenissima. La música de Antonio Vivaldi se situó en el centro, con derivaciones hacia Tomaso Albinoni, el menos conocido Giovanni Battista Ferrandini y Francesco Geminiani.

A todo eso cabe añadir que la formación que dirigió Savall en esta ocasión también nació con aquel L’Ospedale veneciano en mente. Les Musiciennes du Concert des Nations fue creada hace dos años como prolongación del Concert des Nations. Una orquesta de cámara barroca formada íntegramente por mujeres, evocando las formaciones femeninas surgidas en aquella institución. Y lo cierto es que fue especialmente emocionante y una auténtica bocanada de aire fresco ver entrar al escenario a todas esas instrumentistas ataviadas con vestidos coloridos y desprendiendo una particular energía. Una energía que se convirtió en música con la primera pieza, el Concierto para violín en La mayor de Tomaso Albinoni. Lina Tur Bonet asumió el papel de solista y de concertino durante toda la velada, convirtiéndose en la auténtica líder del conjunto.

Esta primera pieza sirvió para confirmar la calidad del sonido de la formación, cálido y compacto. Mayor complejidad que la obra de Albinoni plantea el Concierto para violín en Re mayor, conocido con el sobrenombre de “Grosso Mogul”. Vivaldi lo escribió hacia 1710, aunque posteriormente lo revisó simplificando las vertiginosas cadencias del original. Lina Tur Bonet se enfrentó con la primera versión de una obra que conoce bien al haberla grabado con su conjunto Musica Alchemica, y lo hizo con arrojo, musicalidad y virtuosismo, aunque algunos problemas de afinación y de cohesión con un conjunto que se limitó a seguirla empañaron por momentos el resultado global. La tercera pieza estrictamente instrumental del programa fue, en líneas generales, la más lograda. El triángulo formado por Tur Bonet, el bajo continuo liderado por Bianca Riesner y Marie van Rhijn al clavicémbalo impulsó el Concerto Grosso que Geminiani concibió a partir de La Folia de su maestro Arcangelo Corelli para ofrecer una versión más contrastada en ritmo y dinámicas.

El resto del programa estuvo dedicado a la música vocal y contó con una especialista de lujo, la soprano Núria Rial. Su timbre cristalino, impecable fraseo, sabiduría estilística e impoluta afinación dieron especial relieve a una obra menor como es la cantata Il pianto di Maria, de Giovanni Battista Ferrandini. Las otras dos obras pertenecían al inagotable catálogo de Antonio Vivaldi, el Salve Regina en Fa mayor y el extraordinario Laudate pueri Dominum que cerró el concierto. Esta última pieza fue, probablemente, la más redonda de la noche gracias a una orquesta más engrasada y una Rial que, pese a la complicada acústica de la Esglèsia del Carme, regaló momentos magistrales. También regaló dos propinas, la última un “V’adoro pupille”, del Giulio Cesare de Händel, que se alzó como auténtico broche de oro del concierto y del verano musical en Peralada.

Fotos: © Miquel González – Shooting