© Quincena Musical- Iñigo Ibáñez
En la variedad está el gusto
San Sebastián. 25-26/08/2026. Kursaal. Quincena Musical. Obras de Jae-il, Mozart, Mendelssohn, Respighi, Adams y Beethoven. Orquesta Filarmónica de Seúl. Bomsori, violín. Matthias Goerne, barítono. Coro EASO. Jaap van Zweden, dirección musical.
Extenso y prolijo doble programa el ofrecido por la Orquesta Filarmónica de Seúl en su primera visita a la Quincena Musical de San Sebastián. Liderada por Jaap van Zweden (Ámsterdam, 1960), su director titular desde el año 2024, la formación surcoreana se presentó en dos veladas consecutivas con obras de Jung Jae-il, Mozart, Mendelssohn, Respighi, Adams y Beethoven.
A lo largo de dos noches el conjunto surcoreano -fundado en 1945- hizo gala de una enorme competencia técnica, exhibiendo una gran capacidad de concertación y una cuidada minuciosidad en la ejecución. La Filarmónica de Seúl se confirmó desde luego como una formación flexible, transitando con suma naturalidad entre repertorios tan variados y dispares. Seguramente esa era la vocación de estos dos programas, en los que cuesta encontrar otro hilo conductor que no fuera el de mostrar precisamente las virtudes y capacidades del grupo surcoreano.
Jaap van Zweden, acusado el pasado año de conductas autoritarias en su desempeño desde el podio, posee un gesto efusivo, de trazo amplio e incisivo, a veces incluso demasiado, como si quisiera remarcarlo todo. Pero a lo largo de estas dos citas no quedaron desde luego dudas de su musicalidad y de su compromiso con el desempeño de los conciertos.

El primero de ellos se abrió con la obra de un autor surcoreano contemporáneo, Jung Jae-il (1992), y titulada Inferno. Se trata de una pieza estrenada hace apenas unos meses en el Carnegie Hall de Nueva York, precisamente a manos de la formación surcoreana. Su autor se hizo célebre por escribir la banda sonora de El juego del calamar y Parásitos. Inspirada en Las ciudades invisibles de Italo Calvino, la impronta cinematográfica es palpable; la obra tiene un aliento inquietante, de notable impacto dramático y poderosa sonoridad.
La pieza trabaja la textura de las cuerdas de un modo especialmente notable, casi mahleriano, al tiempo que se apoya -quizá en demasia- en la rotunidad de los metales ya desde su propio inicio. Jae-il se mueve con soltura en los bordes de la tonalidad, al tiempo que desarrolla amplias líneas melódicas, en un estilo ciertamente ecléctico. La partitura, en cualquier caso, resulta interesante y expresa un estilo propio, dando a entender que el autor surcoreano tiene un indudable potencial sinfónico.
A continuación escuchamos una versión muy medida y estilosa de la Sinfonía no. 40 de Mozart, con Jaap van Zweden incidiendo en dinámicas ágiles, con el punto justo de solemnidad y sin recrearse en exceso en el lirismo de la obra. En esta ocasión se ofreció la segunda versión de la pieza, reescrita por Mozart para contar con dos clarinetes. La formación surcoreana mostró aquí su flexibilidad, plegándose a una sonoridad menos rotunda y más luminosa.
Abriendo la segunda mitad de este concierto irrumpió la violinista Bomsori, compatriota de la formación de Seúl, con la que dijo sentirse muy honrada de actuar en estos conciertos en la Quincena Musical tras haber visitado meses atrás el Kursaal junto a la Euskadiko Orkestra. Bajo la batuta del maestro neerlandés escuchamos en sus manos el Concierto para violín de Mendelssohn, exquisitamente ejecutado, con un sonido nítido y brillante, de arco amplio y expresivo. Quizá pudo desearse un grado mayor de impliación emocional, pero lo cierto es que la interpretación de Bomsori fue irreprochable.
Y finalmente el esplendor sonoro de los rutilanes Pinos de Roma de Ottorino Respighi. Jaap van Zweden y los suyos desplegaron aquí todas sus capacidades para brindar una interpretación realmente brillante y espectacular, con parte de los metales situados en los laterales de la sala del Kursaal. El director neerlandés hizo aquí gala de un dominio total del conjunto surcoreano, dando la impresión de sentirse especialmente cómodo con el manejo de las grandes masas sonoras. La música de Respighi fue un broche notable a un programa tan extenso como intenso y en el que la formación de Seúl hizo gala de su capacidad con repetorios bien diversos.
La segunda velada se abrió con The Wound-Dresser, una obra de John Adams estrenada en 1989 y basada en textos del poeta norteamericano Walt Whitman. El texto recoge sus propias experiencias como enfermero voluntario atendiendo a soldados heridos en los hospitales militares de Washington durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Adams explora ya aquí un lenguaje más propio, de caracter post-minimalista, planteando una declamación del texto cuajada de inflexiones dramáticas.
Matthias Goerne fue el barítono encagado de interpretar la obra. Sus mejores años han quedado seguramente atrás; la voz presenta una extraña cobertura en el centro, de rara guturalidad, y los extremos están ahí pero no suenan fáciles. Dicho todo esto, quedan por supuesto la autoridad y el sentido narrativo, especialmente esto último de gran relevancia para dar relieve al intenso texto de Walt Whitman. Goerne tendió a sonar un tanto monótono pero supó desde luego otorgar intensidad a su recitado, secundado desde el podio por un seguro Jaap van Zweden.

Y finalmente llegó la celebérrima Novena sinfonía de Beethoven, comandada por Jaap van Zweden a un ritmo realmente trepidante. El movimiento lento de la pieza nunca se había escuchado tan rápido. Pero no fue una Novena acelerada sino dinámica, inercial, muy auténtica. Se echaron de menos algunos remansos, momentos de mayor contemplación, pero admiró la resolución técnica de la pieza con semejante vigor dinámico. No cabe pues sino aplaudir a los atriles de la Filarmónica de Seúl, ciertamente resueltos y virtuosos en esta ocasión.
El Coro EASO contribuyó con esmero aunque los tiempos impuestos por Jaap van Zweden pusieron en aprietos al conjunto en más de una ocasión; seguramente una versión como esta habría requerido de mayor tiempo de ensayos, para un mejor ensamblaje dinámico. Muy sólido sonó finalmente el cuarteto vocal, integrado por el ya citado Matthias Goerne -mejor de lo esperado en su intervención inicial-, y tres cantantes surcoreanos, todos ellos de gran proyección vocal: Gloria Jieun Choi (soprano), A Kyeong Lee (mezzosoprano) y Ji Hoon Son (tenor).

Fotos: © Quincena Musical- Iñigo Ibáñez
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