© Jean-Baptiste Millot
Sin grandes alteraciones
08/10/2026. Palacio Euskalduna, de Bilbao. Temporada de la Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Obras de A. Dvorak, J. N. Hummel y L. van Beethoven. François Leleux (oboe) y Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Dirección musical: François Leleux.
No pudimos, por desgracia, acercarnos al primer concierto de abono de la nueva temporada de la Bilbao Orkestra Sinfonikoa, que presentaba un programa de lo más interesante; por ello, y a modo de personal desagravio, nos acercamos al segundo para, al menos, hacer constar el inicio de una temporada de muy interesante global planteamiento.
Toda la temporada se recoge bajo el bilingüe eslogan Basoa/Bosque y por ello el recinto está rodeado –desconozco si lo estará en todos los conciertos de la temporada- de árboles y cetros vegetales de verde dominante que rodean tanto el escenario como el acceso al mismo, dando al lugar un tono natural y hermoso que se agradece, rompiendo la habitual austera imagen del escenario del Palacio Euskalduna.
El programa que nos convocaba era llamativo y supongo que elegido por el director, a la sazón también oboísta, François Leleux. Por un lado Leyendas, una obra de Antonin Dvorak (1841-1904) compuesta por diez breves piezas surgidas, en origen, para piano a cuatro manos y que el mismo compositor orquestó posteriormente. Curiosamente, de las diez piezas originales se seleccionaron siete y dadas las características de la obra, parece plausible pensar que poco hubiera costado unir las restantes y ofrecer la obra completa, obra que, por otro lado, no es tan frecuente en los programas sinfónicos. Lo cierto es que Leyendas no es el más característico Dvorak y la selección propuesta dejó al respetable algo frío. Nada que objetar al empeño de la batuta por dibujar los distintos colores de la naturaleza descritos por el compositor checo.
A continuación el director-oboísta asumió todo el protagonismo con la infrecuente Introduccióm, tema y variaciones para oboe y orquesta, op. 102, de Johann Nepomuk Hummel (1778-1837). Ya sabemos que de este compositor, estricto contemporáneo de Ludwid van Beethoven aunque a años luz de su calidad, solo se recuerda el concierto para trompeta mientras el resto de su obra es apenas recordado por las orquestas sinfónicas. La pieza está escrita para mayor gloria del solista, con lo que más que una obra para oboe y orquesta simula ser una obra para oboe con orquesta a su servicio. Aquí François Leleux nos mostró todas sus habilidades virtuosísticas, que parecen infinitas. Mientras la orquesta se limitaba, las más de las veces, a simples acordes acompañantes, Leleux nos dejó con la boca abierta, demostrando que puede hacer casi lo que quiera con el instrumento. Eso sí, dirigir, lo que es dirigir, poco y es que estar en misa y repicar es casi imposible. La reacción popular fue demostrativa del impacto causado por la técnica del solista y su bis bachiano, un regalo intrascendente aunque al menos tuvo el detalle de compartirlo con los componentes de la orquesta..
Toda la segunda parte se dedicó a la Sinfonía nº 6 en fa mayor, op. 68, Pastoral, de Ludwig van Beethoven. Ante este monumento sinfónico la lectura de Leleux fue algo desequilibrada: un primer movimiento Allegro ma non troppo algo sobreexcitado para luego ofrecer un Andante molto moto más adecuado. La Bilbao Orkestra Sinfonikoa supo responder a las demandas de la batuta con acierto y subrayaría la labor de la cuerda grave y el acierto de la batuta en el cuarto movimiento, Allegro. Leleux es parco en número de gestos aunque los que utiliza son aparatosos. Su sinfonía no estuvo mal aunque algo más de poesía hubiera sido de agradecer.
En definitiva, un programa curioso con una obra mutilada, otra virtuosística y de relativo interés y una tercera que, en este caso sí, era una creación muy disfrutable.
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