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Florez 2016 

Do de pecho en Zaragoza

Zaragoza. 17/02/2017. Auditorio de Zaragoza. Obras de Rossini, Mozart, Leoncavallo, Puccini y Verdi. Juan Diego Flórez, tenor. Vincenzo Scalera, piano.

Había mucha expectación entre el público que llenaba el Auditorio de Zaragoza por ver la actuación de una de las voces de más prestigio dentro del actual mundo de la lírica. Juan Diego Flórez es un nombre que atrae no sólo a los aficionados que acuden habitualmente a conciertos de clásica sino también, dada su proyección mediática, a muchas más personas. La calidad del tenor peruano está fuera de cualquier duda y lo demostró ampliamente en este concierto. Con los años, Flórez ha ido ensanchando su voz y ahora su centro y sus graves suenan con más seguridad, más rotundos. Quizá la seña de identidad de la casa, ese agudo restallante y con especial brillo ahora se aprecie levemente más tirante, pero la sensación de facilidad, de ligereza, para llegar a esas notas estratosféricas sigue estando ahí. Y lo demostró a lo largo de su actuación con una selección muy inteligente, quizá falta de un hilo conductor, pero que nos permite recorrer la carrera de este excepcional cantante.

Comenzó el concierto con tres canciones de Rossini: la bella, y perfecta para calentar la voz “La lontananza”, seguida del “Bolero” en donde alguna coloratura sonó más atropellada (el tenor se quejó de la sequedad del aire y tuvo que retirarse a beber agua en varios momentos) y “Addio ai Viennesi” donde ya Flórez empezó a deslumbrar y a sacar lo mejor de sí mismo. Y es que el peruano tiene una técnica que le permite unos fiati interminables y unos pianissimi espectaculares. Siguió con dos arias de Mozart. Fue la primera “Ich baue ganz auf deine Stärke” una bellísima página del Rapto del Serrallo que cantó con una delicadeza y un encanto especiales. Más rudo estuvo en “Vado incontro” de Mitridate, unica pieza en la que requirió el apoyo de la partitura. Para finalizar y recordándonos que Rossini ha sido su compositor fetiche durante toda su carrera brindó una estupenda versión de “Ah, dov’e il cimento” de la ópera seria Semiramide.

La segunda parte nos hizo avanzar en el tiempo con tres canciones de Leoncavallo: “Aprile”, la bellísima “Vieni, amor mio” y la muy conocida “Mattinata”. El papel de Rinuccio de la pucciniana Gianni Schicchi le viene como anillo al dedo a Flórez y su aria “Avete torto...Firenze è como un albero fiorito” así lo demostró. Pero fue la extraordinaria e intimista interpretación de “Che gelida manina” de La bohème donde el tenor demostró por qué es tan grande. Es verdad que alargó tempi y moldeó la melodía a su placer pero el resultado fue magnífico. También estuvo estupendo en la archiconocida “Pourquoi me réveiller” de Werther de Massenet, papel que ya ha cantado en el escenario pero en el que se antoja puede llegar más lejos todavía. Final verdiano con “La mia letizia infondere” de  I Lombardi y el aria y cabaletta “De’ miei bollenti spiriti… O mio rimorso” de La traviata, donde  por supuesto ofreció el agudo que Verdi no escribió pero la tradición manda.

A estas alturas el público que llenaba el auditorio estaba entusiasmado y Juan Diego Flórez supo llegarle directamente al corazón con la primera propina: la jota “Te quiero morena” cantada con hondura y cariño. Hasta entonces (y en la última propina) había acompañado al tenor un excelente Vincenzo Scalera al piano. Es palpable la conexión entre ambos artistas y que el pianista conoce a la perfección al cantante. No es que nos hiciera olvidar a la orquesta en las partes operísticas pero defendió muy dignamente el papel del piano de concierto. Después, Flórez cogió la guitarra, y nos deleitó con tres piezas del repertorio hispanoamericano a cual más bella: el tango “Volver”, “Cucurrucucú paloma” en una interpretación antológica, cercana, maravillosa y “Amanecí otra vez entre tus brazos” una de esas melodías que nunca se olvidan. Fueron los momentos más cercanos, más íntimos de un Flórez que se mostró más suelto en el escenario que en otras ocasiones, bromeando y mostrándose muy caballero con los espectadores del coro que no lo podían oír con la misma calidad que el resto del auditorio. Cómo traca final una especialidad de la casa: la parte final de “A mes amis” de Le fille du régiment de Donizetti con sus increíbles nueve Do de pecho. Un final apoteósico para un concierto de gran nivel.

 

 

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