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Boheme Maestranza mayo17 

Bohème en el museo

Sevilla. 28/05/2017. Teatro de la Maestranza. Puccini. La Bohème. José Bros (Rodolfo), Anita Hartig (Mimí), Juan Jesús Rodríguez (Marcello), María José Moreno (Musetta), Fernando Radó (Colline) David Lagares (Schaunard). Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dirección de escena: Davide Livermore. Dirección Musical: Pedro Halffter.

Es indudable que cien años después el idilio entre el público y las obras de Giacomo Puccini sigue vigente. Es difícil que si un teatro programa alguna de las más conocidas obras del compositor de Lucca no ponga el cartel de no hay entradas a las pocas semanas de sacarlas a la venta. Y es que la fórmula mágica pucciniana continúa funcionando. Los libretos de sus óperas se acercan a la realidad cotidiana y sus personajes siempre buscan la fibra más sensible del espectador. Su música, culminación de la gran tradición italiana que recorre todo el s. XIX, también se acerca mucho al oyente y de su temática e intención tomará ejemplo la música cinematográfica: narrar sentimientos y situaciones a través de las notas. Quizá haya quien tilde a este binomio tan bien engranado entre texto y música de concesión a lo fácil o lo manido. Creo que no es así. Puccini aunque puede rozar en algún momento la sensiblería es de una forma muy leve, porque su música contiene la suficiente profundidad y clase como para ser inmortal. No confundamos nunca lo cercano con lo cómodo, simplemente el compositor es capaz de crear grandes obras que gustan a grandes públicos.

No es la excepción La bohème, ópera de la que el Teatro de la Maestranza de Sevilla ha programado seis representaciones, seguro del éxito que siempre acompaña a Puccini. Y además se ha asegurado un reparto sólido acompañado de las huestes musicales de la casa que son siempre garantía de éxito. Para el rol de Mimì se ha contado con una de las especialistas más destacadas de la actualidad en este papel, la soprano rumana Anita Hartig. Con un timbre muy especial, su voz parece poseer un vibrato muy controlado pero palpable sobre todo en la zona media y baja de la tesitura que desaparece en la zona aguda donde la voz suena con gran belleza y poderío. Controla perfectamente sus recursos y nos brinda actoralmente una modistilla sin excesivos dramatismos, consciente de su situación, de gran ternura. Su potencia vocal es apabullante y sus agudos cruzaron como rayos todo el espacio del auditorio. Muy brillante en todas sus intervenciones, destacaría el dúo del primer acto y también todo el tercero, ambos con el tenor, aunque todo su trabajo fue muy redondo y convincente. José Bros es uno de los tenores más destacados del panorama nacional. Lo que más se admira de su trabajo es su honradez a la hora de mostrar sus cualidades, la valentía con la que asume, en este caso, el difícil y arriesgado papel de Rodolfo. Su timbre, tan característico y reconocible, sigue sonando limpio, brillante, con ese toque a tenor clásico que no siempre oímos en colegas con menos tablas. Es verdad que tuvo alguna vacilación en la zona aguda sobre todo en el primer acto, pero en otros momentos acometió con limpieza y arrojo la subida a la tesitura más complicada. Correcto actoralmente, siempre queda con él la sensación de que lo da todo. 

Puccini no mima demasiado a sus barítonos. No crea papeles de tanta enjundia y fuerza como los que compusiera Verdi para esta cuerda pero aún así siempre es necesario contar con un primer espada para en sus óperas. El onubense Juan Jesús Rodríguez es reconocido como uno de los mejores barítonos verdianos de la actualidad. En Puccini era la primera vez que le escuchaba y no me pareció que estuviera cómodo en el primer acto, no parecía encajar totalmente con Marcello. Esta impresión se borró a partir del segundo acto donde se le vió mucho más cómodo, matizando cuando era necesario, desplegando esa línea de canto tan espectacular y que le ha dado tan justa fama. Precioso su breve dúo con Rodolfo en el cuarto acto, un momento donde se puede disfrutar de la esencia del Puccini más auténtico. Grata sorpresa de los otros dos “bohemios”. El aria de Colline “Vechia zimarra senti” es una de esas peritas en dulce que aparecen para esta cuerda en óperas donde el bajo no es protagonista. El argentino Fernando Radó la bordó, y aunque pueda desearse una voz más profunda en estas notas, la elegancia y la belleza de su canto estuvo fuera de cualquier duda. Estupendo el Schaunard de David Lagares, un joven que lo dio todo y bien, especialmente  en el primer acto, donde tiene más intervenciones. Un lujo la Musetta de María José Moreno que, como siempre, demostró su facilidad para el agudo pero sin caer en los tonos alocados de soubrette que se ven en otras representaciones. Espectacular su aria del segundo acto, uno de los momentos más bellos y de melodía más pegadiza de la obra. El Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza (acompañados esta vez de la Escolanía de los Palacios) ha cumplido ampliamente con su trabajo en el segundo acto aunque ha habido en algunos momentos demasiado volumen que ha amortiguado la voz de algún solista. Muy correcto Alberto Arrabal en su doble papel y bien el resto de comprimarios.

Parece fuera de cualquier duda que el terreno donde el maestro Pedro Halffter se siente más cómodo es en el repertorio centroeuropeo. Gracias a su interés en este repertorio hemos podido disfrutar en el Maestranza de títulos fundamentales del s. XX que aún están por estrenar en teatros con más renombre y sobre todo más presupuesto. Pero Halffter también tiene una especial relación con Puccini y sus interpretaciones del compositor siempre tienen interés. No ha sido una excepción esta Bohème, bien calibrada, elegante, con tiempos acordes con la acción, precisos, siempre pendiente de lo que ocurría en foso y escenario. La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla sigue siendo, como ya se ha dicho otras veces, una de las orquestas más destacadas en el foso de un teatro de ópera español. Su sonido es de indudable calidad y la conjunción de sus diversas familias impecable, destacando esta vez unas cuerdas en estado de gracia.

Lo mejor que se puede decir de la producción que firma Davide Livermore (procedente del Palau de Les Arts de Valencia y que retoca para la reposición en el Maestranza Emilio López) es que piensa en el cantante y en el público. Reduce el espacio escénico que queda completamente cerrado y que hace que las voces se proyecten mucho más fácilmente hacia el auditorio. A esto hay que añadir que casi siempre los cantantes trabajan en la corbata del escenario con lo que, repito, sus voces llegan con gran facilidad y volumen a cualquier rincón del teatro. Del resto poco que destacar, el mobiliario escénico es casi inexistente y todo la escenografía se sustenta en proyecciones de vídeo que reproducen cuadros casi siempre impresionistas y que tienen una relación temática con el libreto. Son recursos en algunos momentos bellos, pero su reiteración y sus cambios distraen de la acción y no aportan gran cosa. En cuanto al movimiento en el escenario es bastante correcto en todos los actos menos en el tercero. No es fácil organizar el caos del barrio Latino y el café Momús pero ni la constante entrada y salida del coro femenino, ni las aparentes escenas cómicas que se desarrollan más allá de la acción principal, ni el apelotonamiento general en el escaso escenario ayuda a crear un cuadro colorista e impactante que es lo que buscaba Puccini. Adecuado vestuario firmado por el propio Livermore y acertada la iluminación que en Sevilla firma Antonio Castro.

 

 

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