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Rigoletto Paris 2017

Rigoletto entre cartones

París. 18/06/2017. Ópera de la Bastilla. G. Verdi: Rigoletto. Zeljko Lucic (Rigoletto), Vittorio Grigolo (Duque de Mantua), Nadine Sierra (Gilda), Kwangchoul Youn (Sparafucile), Elena Maximova (Maddalena).Orquesta Ópera Nacional de París. Dirección musical: Danielle Rustioni. Dirección de escena: Klaus Guth.

¿Cómo es la vida de Rigoletto después de que en el último acto de la ópera se enfrente a la la muerte de su propia hija, que él mismo ha provocado con su sed de venganza? ¿Qué fue del jorobado al que el cruel destino ha dado ese mortal golpe? Claus Guth nos propone una plausible solución: el antiguo bufón acaba alcohólico, destrozado, casi loco, viviendo entre cartones y recuerdos,en un tiempo actual indefinido, lejos de la Mantua medieval,  y llevando, como  único equipaje, una caja de cartón de la que va extrayendo los objetos que conserva de su desgracia: Su traje de bufón, la máscara con la que los nobles le engañan cuando raptan a su hija, el traje ensangrentado de la inocente Gilda… La escena propuesta es una gran caja de cartón donde los recuerdos de Rigoletto toman otra vez forma, donde los personajes de la tragedia vuelven a la vida. Una gran idea, casi siempre bien resuelta, que se ve completada con una acertada dirección de actores (aunque en ocasiones se le vaya la mano al director como con la sobreactuación del coro o el numerito de music hall en casa de Sparafucile) y donde puntuales proyecciones complementan los recuerdos del bufón. Su presencia, la del actor que representa al Rigoletto de ahora, es constante en el escenario, recordándonos siempre la tragedia que se fragua, el futuro de destrucción de los personajes de la historia. Gran trabajo del actor Henry Bernard Guizirian en este papel.

El rol protagonista lo asumía uno de los barítonos verdianos actuales con más tablas y que conoce perfectamente este papel: Zeljo Lucic. Siempre he admirado de este cantante la nobleza de su canto, que entronca con lo mejor de la tradición verdiana. Poseedor de un timbre bellísimo, el oír cómo frasea, cómo matiza cada nota, es un verdadero placer. Lástima que esta vez la expresión dramática haya brillado por su ausencia. Ni por exigencias del director escénico (si las ha habido) se puede entender un Rigoletto exento de pasión, de garra, de emoción. Si a veces rechina en otros cantantes ese bufón histriónico y sobreactuado, casi es preferible a esta pasividad, a este estoy aquí pero todo me es ajeno. El canto fue, como dije, muy bueno, pero si le arrancamos su esencia se convierte en un mero ejercicio académico. Todo lo contrario del Duque de Vittorio Grigolo, un derroche de energía y acción en todo momento. Poseedor de una voz con gran potencia, bien proyectada y de indudable pegada, supo atraerse a un público que siempre aplaude a un tenor que llegue a los confines del teatro. Pero su timbre es poco llamativo y su canto un poco tosco y alejado del refinamiento al que estamos acostumbrados en este papel que tiene aún mucho de bel canto. Ramplón en el agudo del dúo del segundo acto, sí que estuvo brillante tanto en “ella mi fu rapita” como en “la donna é mobile” donde recibió cerrados aplausos.

Rigoletto Paris2 2017

La triunfadora de la noche, para quien firma esta crónica, fue, sin duda, Nadine Sierra como Gilda. Sierra tiene esa frescura pero a la vez esa calidez y belleza ideales para este papel. Si a eso unimos facilidad para la coloratura tenemos a la Gilda perfecta. Pocas veces se puede oír un “caro nome” cantado con tanta intención, con tanta soltura, con esos agudos siempre bien colocados, perfectos, sin rozar el grito. Espectacular. Como actriz estuvo espléndida y su participación tanto el cuarteto “bella figlia dell’amore” (quizá el momento más redondo de la ópera) como en la escena final (en la que aparece como un espectro en el recuerdo de Rigoletto) fueron los momentos más emocionantes musicalmente de la representación.

Un lujo absoluto el Sparafucile del coreano Kwangchul Youn, bajo estrella en papeles wagnerianos como Marke o Gurnemanz. Su breve papel fue una demostración de su extraordinaria calidad. Correcta la Maddalena de Elena Maxilova y adecuados a sus papeles el resto de comprimarios. Contundente, bien empastado y actoralmente activo el excelente coro de la Ópera de París que tuvo su momento más brillante en la narración del rapto de Gilda en el tercer acto.

Ya avezado en el repertorio italiano, el joven Daniele Rustioni dejó una versión fresca y contrastada de la partitura verdiana, donde permitió respirar tanto a orquesta como cantantes dejando bien claro las diferencias estilísticas de esta partitura a caballo entre el Verdi de galeras y el maduro y más refinado compositor que vendrá después. Atento a los cantantes también estuvo siempre puntilloso con la batuta dirigiendo a una experimentada y muy profesional Orquesta Nacional de la Ópera de París que demostró su indudable calidad en todas sus secciones, pero donde destacó una cuerda excepcional.

“Povero Rigoletto” canta el coro. Pobre, abandonado, alcohólico, un auténtico clochard que vive, entre delirios, recordando la tragedia  de una venganza que se volvió contra él.

 

 

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