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 rinaldo alessandrini

Bach en un caleidoscopio

Barcelona. 29/11/17. Palau. Bach: Sonata en Sol mayor para flauta travesera, violín y continuo, BWV 1038. Diversos cánones sobre las ocho primeras notas fundamentales del Aria, BWV 1087. La Ofrenda musical, BWV 1079. Concerto Italiano. Dirección: Rinaldo Alessandrini. 

Con más de tres décadas a sus espaldas, si por algo se ha destacado la trayectoria del celebrado Concerto Italiano junto a su fundador el clavecinista Rinaldo Alessandrini es por sus versiones de Monteverdi, así como de todo el renacimiento y barroco italiano, sin dejar no obstante de ampliar su repertorio. Fue precisamente con un solvente Orfeo del compositor cremonés que el conjunto visitó el Auditori a principios de este año en el inicio del año Monteverdi, como reseñó en detalle Jordi Maddaleno desde Platea Magazine. Esta vez sin embargo llegaron a Barcelona para irrumpir en el ciclo Palau Bach con un programa coronado por la –siempre exigente– Musikalisches Opfer frente a una buena asistencia, como suele suceder en este esmerado ciclo.   

El Trío sonata representaba para los autores de principios del XVIII la piedra de toque del dominio contrapuntístico: será magistral en el caso de Bach, a pesar de encontrar pocos ejemplos en su catálogo. Uno de ellos, esta Sonata en trío BWV 1038, compuesta en scordatura (y pese a que cada vez menos, aún para alguno de discutida autoría) corresponde a su etapa como Kantor en Leipzig, a principios de los años treinta del XVIII. Dirigido desde el clave por Alessandrini el conjunto italiano derrochó calidez y juego de matices sin descuidar un logrado equilibrio sonoro. Algo excesiva fue la articulación de Marco Ceccato desde el violonchelo en el Largo, y mucho más adecuado en el dibujo de las frases en el Adagio final, como pertinente también fue la exquisita musicalidad de la flautista Laura Pontecorvo, vibrante y precisa en los tiempos rápidos.

Resulta siempre admirable la inventiva inagotable de Bach para edificar tal complejidad a partir de un tema de sólo 8 notas como es el que le ofrece el inicio del Aria sobre el que se asientan las Variaciones Goldberg. Ese juego de metamorfosis constituye un punto de encuentro entre ciencia y arte que siempre presenta grandes retos al intérprete, para poder superarlo en sentido hegeliano: trascender ambos aspectos incorporándolos. Imaginativo y elegante resultado el que logró Concerto Italiano, dejando respirar con buen criterio la música, en la antesala de la ardua tarea que les esperaba para cerrar el programa. 

Más allá de lo que decíamos más arriba respecto a la trío sonata, el atrevimiento de la Ofrenda musical la arroja fuera de cualquier clasificación y situación histórica o temporal, por mucho que podamos seguir hablando del origen anecdótico que la vincula al célebre tema propuesto por el rey Federico II de Prusia (Thema regium). Si bien Bach improvisó el Tema real al teclado frente al monarca, el edificio de esta inasible Ofrenda musical se aleja en una abstracción inalcanzable desde el papel, pero al mismo tiempo exige la materialización del sonido, la concurrencia de un intérprete sensible y honesto; atrevido incluso quizás, como fueron las conocidas lecturas creativas de Webern con el asombroso ricercar a 6 o más recientemente Gubaidulina sobre el Tema real. El director y clavecinista romano, que estuvo brillante, comenzó algo atropellado –puntualmente errático incluso– en esa espléndida fuga improvisada que es el ricercar a 3. Algo simplemente anecdótico en el dispendio de rigor técnico y sustancia musical con el que abordó a partir de entonces la intemporal Ofrenda. Toda la abstracción matemática se fue materializando, objetivando platónicamente, sonando a verdad con soltura y por el único camino posible de la precisión y destreza a la que Bach somete al esforzado intérprete. Una lectura profundamente expresiva y colorista pero muy cuidada, que recorrió con fluidez los recovecos herméticos de esta música para abrir todas sus puertas con adecuación estilística y elocuencia estética. La agilidad del violonchelo de Ceccato en el Allegro de la Sonata sopr’Il soggetto reale dotó de ligereza al discurso, y memorable fue el Andante con un impecable dúo entre Pontecorvo (flauta) y Andrea Rognoni (violín). 

Sonido opulente y musicalidad luminosa la de este Concerto Italiano que se despidió con la calidez con la que llegó, echando mano de una pequeña muestra de la encantadora y digestiva Tafelmusik telemanniana, en las antípodas del estado de recogimiento que lograron con el caleidoscopio sonoro de ese eterno vanguardista que fue y será Bach. 

 

 

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