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Italiana Bartoli Salzburg2018 

Bartoli, mezzo-tutto

Salzburgo. 02/06/2017. Festspielhaus. Rossini: L’Italiana in Algeri. Cecilia Bartoli (Isabella), Peter Kálmán (Mustafá), Edgardo Rocha (Lindoro), Alessandro Corbelli (Taddeo), José Coca Loza (Haly), Rebeca Olvera (Elvira), Rosa Bove (Zulma). Ensemble Matheus. Philharmonia Chor Wien. Dir. Escena: Mosche Leiser, Patrice Caurier. Escenografía: Christian Fenouillat. Vestuario: Agostino Cavalca. Iluminación: Christophe Forey. Dir. musical: Jean-Christophe Spinosi.

L’Italiana in Algeri vio su premier el 22 de mayor 1813, el mismo día en el que nació Richard Wagner, coincidencias que gustan y dan pie a Cecilia Bartoli para proponer una nueva aventura rossiniana, pues aunque por su edad y dilatada carrera cueste pensarlo, esta Isabella supone un debut de rol para la mezzo-soprano romana.

Definido como drama jocoso por su propio libretista Angelo Anelli y puesto en música por primera vez por Luigi Mosca en 1808, lo que menos sorprende de esta historia esque su parte menos jocosa tuviese protagonistas de carne y hueso. De hecho, nuestra Isabella respondió en su día al nombre de Antonietta Frapolli, una milanesa de la alta sociedad que tras su rapto en alta mar en 1805 por parte de unos piratas acabaría en el harem del bey de Argelia, Mustafa-ibn-Ibrahim, para finalmente volver a Italia.

De atrevida me atrevería a calificar la puesta en escena de Mosche Leiser y Patrice Caurier, a quienes no les ha temblado el pulso a la hora de recurrir a numerosos tipismos en la escena diseñada por Christian Fenouillat. No creo que falte prácticamente nada: musulmanes con colorida ropa de marca deportiva (a todas luces falsificada) dando voces a diestro y siniestro y manejando mercancía electrónica de dudosa procedencia, casas populares repletas de parabólicas abusivas o un mercedes (Clase E) con más kilómetros que la furgoneta del Equipo A y pendiente de la ITV desde hace al menos 15 años. La lectura satírica está sin duda a la altura del drama, pero tiene el peligro de pisar un terreno folklórico demasiado próximo a herir determinadas sensibilidades, sobre todo allá donde lo políticamente correcto tiende a ahogar hasta la cultura. Les podría señalar tranquilamente cinco conocidos teatros que se lo pensarían dos veces antes de levantar el telón. 

Conociendo la partitura me sorprendió en un primer momento el reto que Cecilia Bartoli asumía con este debut, pues la tesitura (para los más curiosos: en raras ocasiones supera el Re4, moviéndose con regularidad entre Do3 y Do4) me resultaba en principio algo baja para las dotes que había demostrado. Roles con anterioridad aclamados sí se correspondían con la tesitura de la mezzo-soprano romana, sin embargo Isabella requeriría más bien una mezzo-contralto. Es evidente que Bartoli sabe a estas alturas qué batallas afrontar con ciertas garantías y la virilidad vocal del papel señalado, aunque sin ser excelsa, fue acometida en estos primeros tentativos – otros pronto vendrán – con más que dignidad. Todo lo que la mezzo arriesga con su voz lo compensa además con una interpretación redonda, y las pocas vacilaciones de su coloratura se impregnan de una dramaticidad que se extiende cual velo sobre toda su actuación. 

Edgardo Rocha solo saldría perjudicado en sus prestaciones si lo comparásemos con lo que pocas hora antes habíamos escuchado a Camarena, palabras mayores en todo caso en ambos casos. Su buena asimilación del papel, su caracterización inmaculada y sus precisos agudos lo convierten en un Lindoro con cartas suficientes como para luchar en la batalla de ases que propuso Bartoli en el reparto.

Gran equilibrio entre los más bufones de la trama, Alessandro Corbelli como Taddeo y Peter Kálmán como Mustafá, dos caracteres similares pero con psique y proveniencia antagónica con los que Rossini nos regala las situaciones más cómicas, y a las que ambos intérpretes supieron responder con gran mérito vocal y teatral. Sobresaliente la actuación global del coro vienés de la Philarmonie, un merecido asiduo del festival.

Jean-Christophe Spinosi no es tampoco para mi particular gusto Capuano, no goza del refinamiento y profundidad de lectura que mostró el milanés en el concierto anterior, sin embargo es buen escudero de la Bartoli, a quien acomoda sin tapujos su formación, mientras el resto del reparto y el coro gozan de muchos menos privilegios y autonomía. Sea como fuere el Ensemble Matheus estuvo comedido en sus fuerzas, relegándose cuando tocaba a un segundo plano. 

Por lo equilibrado de la propuesta ésta Italiana es en definitiva uno de los mejores tributos que se podía hacer a Rossini es este 150 aniversario de su fallecimiento. Aprovechamos para recordar que el título no se quedará en las dos representaciones de este Festival de Pentecostés, sino que tendrá cinco merecidas réplicas más los días 8, 11, 14, 16 y 19 de agosto del presente año, en las que el único cambio sustancial radica en el rol de Mustafá, encomendado para la ocasión a Ildar Abdrazakov.

 

 

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