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LangLangAuditori

Dominio y magnetismo

Barcelona. 26/2/16. Auditori. Mozart: Così fan tutte, obertura. Concierto para piano y orquesta, núm 24 KV 588. Rachmaninov: Concierto para piano y orquesta núm. 1, Op. 1 (rev.1917). Lang Lang, piano. Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña. Dirección: Rubén Gimeno.  

Hablar de artista global de la música clásica hoy en día es hablar de Lang Lang (Shenyang, China, 1982). El joven y mediático pianista chino parece que tiene que luchar con la etiqueta de músico de masas, pese a su evidente y desbordante virtuosismo, peaje apriorístico que se esfuma cuando se le ve tocar, interpretar y sentir conciertos como el del pasado viernes en l’Auditori de Barcelona. Con un programa polarizado en uno de los conciertos más dramáticos, dentro del estilo clásico, de Mozart y una obra de juventud de un Rachmaninov todavía en el conservatorio, la dualidad y riqueza de la propuesta ofrecía un plato de atractivo crisol sonoro. 

Después de una efectiva obertura del Così fan tutte a cargo de la OBC y el director valenciano Rubén Gimeno, la orquesta engrasó maquinaria para ofrecer la justa y solemne entrada al piano solista de Lang Lang, con el Allegro inicial del KV. 491, donde la digitación limpia e incisiva del chino llamó la atención desde el primer acorde. Es cierto que su lenguaje corporal es muy expresivo y gesticulante, ora dirigiendo la orquesta, ora señalando entradas o anunciando las ricas intervenciones solistas de los instrumentos de viento, nunca faltando el respeto del aseado trabajo de Rubén Gimeno al podio, una labor siempre atenta con el solista, dejándole el justo protagonismo sin perder autonomía. Lang Lang en contraste a su manierismo físico, en su labor pianística es un dechado de virtud cristalina y en estilo, sonido limpio y de fraseo incisivo y dramático, en su uso del pedal con la cadenza quizás algo demasiado protagonista, pero justificado al ser el momento de mayor muestra del virtuosismo instrumental del solista, con trinos y un uso del tempo deslumbrantes, donde el control del sonido y la riqueza conseguida fueron de una autoridad sin mácula. Por si fuera poco con el ensoñador Larghetto, Lang Lang volvió a demostrar que la musicalidad no está reñida con el histrionismo físico con un inicio evocador y dulce recogido por la orquesta con delicadeza. Se hizo evidente uno de los quids de las obras del músico de Salzburgo, la aparente facilidad y transparencia orquestal de la partitura, nada fácil de trasladar en una ejecución donde el mínimo fallo ensucia una prestación que ha de ser impoluta. Bravo por la sección de viento (oboes, clarinetes, fagotes y flautas) que dieron justa respuesta en forma de serenata con el diálogo melancólico de un piano que Lang Lang interpretó cual aria de una ópera. Con el Allegretto final, a un ritmo marciale impuesto desde el piano, orquesta y solista cerraron una feliz interpretación, donde la pulcritud del estilo mozartiano brilló a la altura de un instrumentista que modula a placer virtuosismo y musicalidad. 

Si bien en Mozart Lang Lang supo protagonizar sin eclipsar el difícil equilibrio del estilo clásico, con Rachmaninov y esta obra de juventud, el cambio de actitud y resultados fueron una explosiva combinación que galvanizó al público desde el impactante Vivace inicial. Parece que el carácter expansivo y virtuosista de este concierto, Op.1 pero en su revisión de 1917, se adecua mejor al espírito fogoso y comunicativo del pianista chino pues su inmersión en las notas y la gracilidad de su técnica fluyó con un lenguaje arrebatado y explosivo que dejó al público al borde del aplauso espontáneo al acabar el primer movimiento. Pero de nuevo Lang Lang marcó diferencias y clase, si como bien recuerda el programa de mano firmado por Miquel Gené, este concierto está inspirado en su estructura en el Concierto para piano y orquesta de Grieg, Lang Lang supo buscar y encontrar sonoridades impresionistas y de ritmo jazzísitco, como demostró en el atmosférico y ambiental Andante. Magnético y carismático llevó al público totalmente hipnotizado al Allegro vivace final coronando un concierto de intachable ejecución donde demostró por qué se le considera uno de los mejores pianistas de la actualidad. Un control total del instrumento, servido con inteligencia de medios, concentración absoluta y musicalidad el borde de cada gesto y algo que pocos músicos poseen en tantas dosis como Lang Lang, una comunicación directa con el público, que vive y se contagia de la energía del pianista a nivel colectivo. Más que marketing y más que un músico mediático, lo demostró y con creces.

 

 

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