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Fidelio Semperoper Klaus Gigga

La esperanza interminable

Dresden. 17/05/18. Semperoper Dresden. Elisabeth Teige (Leonore/Fidelio), Tomislav Mužek (Florestan), John Lundgren (Don Pizarro), Tuuli Takala (Marzelline), René Pape (Rocco), Simeon Esper (Jaquino), Christoph Pohl (Don Fernando), Torsten Schäpan  (Primer prisionero), Norbert Klesse (Segundo prisionero). Sächsischer Staatsopernchor Dresden. Sinfoniechor Dresden -Extrachor der Semperoper Dresden. Sächsische Staatskapelle Dresden. Dir. Coro.: Cornelius Volke. Dir. Mus.: Adam Fischer. Dir. Esc.: Christine Mielitz. 

Estrenada en la Semperorper de Dresde el 7 de octubre de 1989, esto es poco más de un mes antes de la caída del muro de Berlin, esta producción de Fidelio de Beethoven firmada por la directora de escena alemana Christine Mielitz, tiene el aura de la producciones clásicas que aguantan con dignidad el paso del tiempo.  Dresde, actual capital de Sajonia y que en el periodo de la extinta RDA fue una de sus ciudades clave, estrenó esta producción mientras en la calle se vivían los históricos momentos de clamor popular por la cercana reunificación alemana. ¿Qué mejor que una ópera que habla de la esperanza, de la libertad, de la metáfora del amor conyugal y de la justicia por encima de la tiranía personal y política como Fidelio para encarnar un momento histórico tan importante? 

Mielitz que en 1989 era la directora general de la Semperoper ,va directa al grano y muestra la historia con claridad, ayudada por una producción bien delimitada. Una valla omnipresente separa la cárcel, escenario, del público mientras que una escenografía rotatoria muestra las diferentes estancias comunes de la prisión con los cambios de escena: patio de presos, comedor de los guardias, oficinas o mazmorras donde esta prisionero Florestán. La caracterización de los personajes es la esperada, la pareja joven y más bien naïf de Marzelline y Jaquino, un Rocco todo humanidad y ternura, una Leonore llena de fuerza y determinación, un Florestán rebosante de idealismo y humanidad, un Pizarro tenebroso y tirano, y el fugaz liberador de Don Fernando quien desvela la injusticia de la situación y ayuda a resolverla para el lieto fine

La portentosa orquesta de la Sächsischer Staatskapelle tiene también una especial relación con este título beethoveniano, ópera de repertorio de la orquesta y del teatro desde su estreno en Dresden en 1823 dirigida por Carl Maria von Weber, quién en esos años era el director musical titular de la formación y del teatro de ópera. No hay que olvidar que la Sächsischer Staatskapelle, orquesta creada en 1548, es una de las más antiguas, si no ¡la más antigua de Alemania!. En su dilatada historia impresionan los grandes directores musicales que se han hecho cargo de su titularidad, desde Weber, pasando por Wagner, hasta los históricos Fritz Reiner, Fritz Busch, Karl Böhm, Joseph Keilberth, Rudolf Kempe, Otmar Suitner, Kurt Sanderling, Herbert Blomstedt, Giuseppe Sinopoli…Bernard Haitink fue el titular del 2002-2004, más recientemente Fabio Luisi, entre 2007-2010. Desde la temporada 2012 / 2013 Christian Thielemann es su director titular. 

Hasta tres grandes versiones se han grabado de Fidelio con la Staatskapelle, pero es la del recordado Karl Böhm la que destaca como una referencial grabación de estudio para DG. El espectacular reparto de nombre lo dice todo: G. Jones, J. King, T. Adam, F. Krass, E. Mathis, P. Schreier y M. Talvela. Esto es lo que se llama tener solera, y en un teatro con esta historia, con un orquesta como la Staatskapelle, ver y disfrutar de un Fidelio es siempre un grato regalo para los sentidos. 

El director húngaro Ádám Fischer, arrancó con lirismo y profundidad emocional desde los primeros compases de la Obertura Fidelio o Leonora 4, mostrando las virtudes de la excelsa orquesta, cuerdas empastadas de generosa tersura, madera y metal prístinos y expresivos, toda una fiesta musical que no cesó en las poco más de dos horas que dura la ópera. Fischer, supo dotar de humanidad los papeles de Florestán, salida emotiva y gran sensibilidad atmosférica, coro de los prisioneros poético y nada efectista o el siempre ‘incantable’ O namenlose Freude, dúo imposible del que sin embargo parece ser la semilla de donde Wagner sacaría parte del dúo cósmico de Tristan und Isolde. Modélico en el tempo y los diferentes planos canoros fue el milagroso Mir ist so wunderbar, ese cuarteto que nace de la sombra de la Zauberflöte de Mozart y  que un dechado de sensibilidad y equilibrio. En suma, una lectura fluida, expresiva y cuidada hasta el mínimo detalle, aria de Marzelline, que desbocó en el catártico final con esa luz especial que pide la partitura beethoveniana.

Dentro de un reparto ajustado y bien cincelado, destacó la voz poderosa y penetrante de la soprano noruega Elisabeth Teige. Si bien el timbre es algo duro o áspero al principio, con algún agudo tendente al sonido fijo, no puede sino alabarse su capacidad dramática, su canto incólume y sin fisuras, destacando en el terrible Abscheulicher con una facilidad y suficiencia pasmosas. Se le podría pedir una mayor gama de colores en el plano expresivo, pero es una voz importante que parece ofrecer un futuro más que prometedor.

Hay que destacar por méritos propios e importancia vocal el todavía imponente Rocco del gran René Pape. Elegantísimo en el Hat man nicht auch Gold beineben, broncíneo y fundamental en el cuarteto, la voz de Pape ha ganado en matices y dice el texto como nadie, virtuoso en el fraseo y con una articulación majestuosa y empática.

Sorprendió el Florestán bien impostado y la frescura del timbre del tenor croata Tomislav Mužek, más si cabe como al parecer, mirando su agenda, acaba de debutar rol . El color es más bien claro, de incisivos agudos, fácil y bien proyectados, cantó su hermosa salida con atención a las dinámicas y se supo administrar con inteligencia en el dúo con Leonore. Un grato debut para un tenor que parece avanzar hacia personajes más dramáticos con buen pie. 

Todo un actual Wotan de Bayreuth, el bajo-barítono John Lundgren, demostró incomodidad vocal y limitaciones en su canto como Don Pizarro. La voz es atractiva, de color ideal, teatral y expresivo, pero parece ser que un leve catarro, anunciado en el descanso a petición personal, enturbió su caracterización. Lundgren sin embargo, un cantante siempre generoso e impecable, acabó la ópera con la dignidad que dan las tablas y la profesionalidad de un cantante-actor intachable.

Con un ligero vibrato pero de canto fresco y timbre ideal para la ligereza del personaje ‘alla Singspiel’ de Marzelline, la soprano finesa Tuuli Takala sirvió un canto fino y transparente gracias a una emisión limpia, clara dicción y emotivo carisma con el personaje. Empastó bien el color claro y timbre incisivo del tenor norteamericano Simeon Esper como Jaquino. Miembro del Ensemble de la Semperoper, supo aportar la química musical y vocal necesaria con Takala para redondear un reparto impecable. 

Cerró el apartado solista el siempre correcto barítono alemán Christoph Phol como Don Fernando. También miembro de la Semperoper, su color denso, a pesar del timbre algo seco, supo encontrar la dignidad vocal que necesita el personaje que encarna la llegada de la justicia final a la ópera.  Equilibrado, con atractivos colores y emotiva expresión los miembros del coro masculino encarnaron el famoso coro de los prisioneros con la justa medida de esperanza y belleza para que el inenarrable ¡Oh welche lust! sonara como como lo que es, uno de los momentos cruciales e inolvidables de la ópera. 

Por último mencionar el toque poético que supuso el telón transparente con la pintura del cuadro “Der Vogelmensch” del pintor surrealista alemán Edgar Ende. Un cuadro donde la figura de un hombre alado y desnudo boca abajo, con la cara como bebiendo de un bol situado en el patio de un edificio sin puertas y lleno de ventanas y pájaros blancos, parece querer evocar el sentido de libertad beethoveniano que tiene inmanente el Fidelio de Beethoven. Este cuadro-telón, solo aparece al principio de la ópera, al alzarse comienza la función y al acabar la música vuelve a bajar. 

Edgar Ende fue un pintor semiolvidado alemán, tachado de artista Entartete (Arte degenerado para los nazis), y padre el famoso escritor Michael Ende, el creador de La historia interminable. Ese guiño poético de una esperanza que nunca se pierde, pero que necesita de algo más, con la proyección sobre el telón final de la frase: “Die Hoffnung nährt micht…” firmada por Beethoven, algo así como: “La esperanza no alimenta”, supuso el toque final a esta estimulante producción.

Una producción que el año que viene cumplirá nada menos que treinta años desde su estreno, pero que mantiene la vigencia de su origen histórico para una ópera fundamental en el repertorio alemán y operístico.

 

 

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