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Dos repartos, dos obras

Oviedo. 11 y 12/09/2018. Ópera de Oviedo. Rossini: Il Turco in Italia. Simón Orfila y Ricardo Seguel (Selim), Sabina Puértolas y Sara Blanch (Donna Fiorilla), Alessandro Corbelli y Pablo Lóez (Don Geronio), David Alegret y Juan de Dios Mateos (Don Narciso), Manel Esteve y Pablo Gálvez (Prosdocimo), Laura Vila (Zaida) David Astorga (Albazar). Orquesta Oviedo Filarmonía. Coro de la Ópera de Oviedo. Dir. Escena: Emilio Sagi. Escenografía: Daniel Bianco. Dir. musical: Iván López Reynoso. 

Ágil, brillante y, sobre todo, cómica. Así es Il Turco in Italia, la ópera bufa compuesta por el gran Rossini ya en 1814 y que muestra la genial pareja que, en ocasiones, la ópera es capaz de formar con la comedia.

No es sencillo hacer reír a un público de este siglo con un libreto del XIX y, con todo, esta obra lo consigue. Y lo hace demostrando que el humor también es atemporal siempre y cuando trate de temas tan humanos como el amor. Lo que sí puede perder vigencia son los ambientes en los que éste se desarrolla, y por ello, Emilio Sagi ha apostado como regista de esta producción por actualizarlos, trasladando la acción a la Italia de los años 60. Bajo esta premisa, y sirviéndose de la colorida escenografía diseñada por Daniel Bianco, Sagi nos presenta un Turco juvenil y funcional que, aún contando con muy pocas modificaciones escénicas entre actos, nunca llega a mostrarse monótono.

Plagada de referencias cinematográficas, no faltan en la obra detalles como posters de películas y actores e incluso una motocicleta vespa, cuyo porte “alla italiana” no puede evitar recordarnos un tanto a aquellas vacaciones en Roma de Gregory Peck y Audrey Hepburn.

Por otro lado, sobraba quizás algún que otro intento por incluir textos y momentos no contemplados en el libreto original, tales como una llamada telefónica a uno de los miembros del coro interrumpiendo la obra, y que es reprendida por un sonoro “¡por qué no te callas!” procedente de uno de los protagonistas. A fin de cuentas, ¿es necesario tratar de mejorar el humor rossiniano con añadidos como ese? Sin animo de parecer carca o purista, creo sinceramente que no.

Desde el punto de vista musical, la propuesta de la Ópera de Oviedo no careció de interés, especialmente atendiendo a los dos repartos propuestos, cuyas grandes diferencias entre si pusieron de relieve la importancia que tienen los artistas al momento de dotar a una producción de personalidad e interés. Así pues, el rol de Fiorilla recayó en las sopranos Sabina Puértolas, que cubrió cuatro funciones, y Sara Blanch, que se ocupó de una. Ambas cantantes ofrecieron versiones notables y muy distintas de su personaje. La primera, Puértolas, nos presentó una Fiorilla muy meditada y madura, de una astucia casi felina perfectamente capaz de controlar a placer al pánfilo de Don Geronio al tiempo que, en el plano vocal, demostraba un innegable dominio de su propio instrumento, sellando unas intervenciones de precisión casi quirúrgica en las que sólo echamos en falta un timbre de tinte algo más amable y menos metálico… No sucede esto, en cambio, en el caso de Sara Blanch, cuyo instrumento resulta naturalmente privilegiado, tal y como se evidencia especialmente en la emisión de las partes más agudas, que aborda con gran claridad y, sobre todo, manteniendo un color muy agradable y un tanto oscuro. Por lo demás, su Fiorilla resulta aún un tanto ingenua, especialmente si tenemos ocasión de compararla con la de Puértolas. Aunque, eso sí, sirve para demostrar las enormes capacidades de su joven intérprete, cuya carrera, estamos seguros, no hará sino catapultarse a lo largo de estos próximos años.

El rol de Selim, el turco cuyo periplo da nombre a la obra, recayó sobre Simón Orfila y Ricardo Seguel respectivamente. El primero, acompañando a Puértolas, firmó una versión más que solvente del personaje, marcada por una capacidad actoral excelente y una voz segura y templada, que llevó a su personaje a las altas cotas que de él se esperaban. Por otra parte, escuchar a Ricardo Seguel abordar el rol fue algo así como una revelación, pues ya había visto al joven bajo-barítono sobre las tablas de este mismo teatro interpretando hace un año el Monterone de Rigoletto pero, sinceramente, no esperábamos resultados como los obtenidos con este Turco, de emisión rotundísima y segura. Todo un placer, por tanto, escucharle abordando este rol, lo que nos lleva a desear volver a verle abordando nuevos papeles protagónicos ya sea en el Campoamor o en cualquier otro teatro.

Alessando Corbelli y Pablo López nos demostraron que, como rival natural de Selim, el papel de Don Geronio puede abordarse de diversas formas, ya sea ahondando en su patetismo y torpeza, como hace genialmente Corbelli, o potenciando sus celos y manteniendo cierto carácter, como es el caso de López. Por comenzar a definir uno de ellos, podemos decir que Corbelli es una gran elección para este personaje, pues consigue moldearlo a placer, manteniendo con él una solvente emisión vocal al tiempo que despliega todas sus capacidades actorales para desvelarnos un personaje colmado de pequeños detalles. Con él, Geronio parece ese marido pasmado, bonachón y un tanto bobalicón que Rossini habría soñado. Por su parte, López ofreció una versión algo menos naif del personaje, cuyo carácter no se preocupa en censurar a la hora de plantarle cara a Selim, a quien casi consigue hacer frente.

Excelentes, pues su parte, tanto Manel Esteve como Pablo Gálvez abordando la parte de Prosdocimo, el poeta a quien encarnan con esa juventud y bohemia tan propias cualquier joven escritor italiano. No terminaron de convencer, en cmabio, los “Don Narcisos” de David Alegret y Juan de Dios Mateos que, si bien debían hacer frente a un personaje un tanto ingrato, su desempeño sobre el escenario no pasó de la mera corrección. Asimismo, cabe destacar la solventes interpretaciones de Laura Vila, como Zaida, que supo sacar adelante sin reproche alguno ese rol de la gitana por quien Selim está enamorado y de David Astorga, quien se mostró irreprochable y muy entregado en su rol de Albazar.

El trabajo de Ivan López Reynoso sedujo desde el foso, y fue generosamente reconocido por el público. Así pues, el joven director mexicano llevó la obra con pulso y vitalidad, obteniendo solventes resultados de todas las secciones de la Orquesta Oviedo Filarmonía y, especialmente, prestando gran atención a los cantantes. Esto puedo apreciarse escuchando dos funciones con diferentes repartos, constatando como el sonido de la OFI se desinhibía durante la segunda obedeciendo a la mayor capacidad de proyección de los cantantes que completaban el elenco de ésta.

Por último, como es ya costumbre, debemos referenciar los solventes resultados obtenidos por el Coro de la Ópera de Oviedo que, bajo la dirección de Elena Mitrevska, consigue siempre que no escribamos sobre él sino valoraciones positivas.

Ahora, tras esta comedia de carácter tan universal, sólo resta esperar unas semanas hasta la llegada de la siguiente producción de la entidad ovetense, que sólo deberá trasladar la acción unos pocos kilómetros al norte y sin cambiar de país, para situarnos en la agitada Roma de la actriz Floria Tosca con la que Oviedo superará el Ecuador de su Temporada.

Foto: Ópera de Oviedo

 

 

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