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 Gustavo Gimeno photo Alfonso Salgueiro

Concepciones de oxímoron

Madrid 12 y 15/11/18. Auditorio Nacional. Fundación Ibermúsica. Obras de Bartók, Beethoven, Mahler y Tchaikovsky. Vilde Frang, violín. Miah Persson, soprano. Orchestre Philharmonique du Luxembourg. Gustavo Gimeno, dirección musical.

Benditas sean las contradicciones. Partamos de esa base, pero cuando son para ir a más o a mejor. Que el Concierto para violín de Beethoven es música de cámara es un oxímoron en sí mismo. Benditos sean los oximorones cuando como recurso literario... y también musical, por qué no, se mantienen en pie por sí mismos, pero hay contradicciones que no las puede defender nadie, y esta es una de ellas. Es la concepción que la violinista noruega Vilde Frang aclara tener de esta partitura que, escuchada en su instrumento, parece sonar más a un escudo, a una explicación previa para defender una lectura que se viene bastante abajo ya desde su inicio. No es que esté mal ejecutada, pero su carencia de dinámicas, su sonido pequeño, su distensión y su falta de lirismo y fantasía la alejan por completo de lo que servidor siente que es Beethoven. A ello debe unirse el hecho de que Frang no juega a ser la enfant terrible que otros sí dicen ser, como su colega Patricia Kopatchisnkaja o Teodor Currentzis en la actualidad, con visiones alejadas de lo que consideramos canónico hoy en día, cuestionables o respetables, polémicas en cualquier caso; y su lectura acaba cayendo, víctima de lo anodino, en el saco del olvido. El trabajo de Gustavo Gimeno y la Philharmonique de Luxembourg, laxa, en ocasiones incluso demasiado y sin una cohesión clara entre secciones y la propia solista, terminó por lastrar una lectura que no podría calificar más allá de la corrección.

En la segunda de las citas, no obstante, Frang y Gimeno consiguieron, esta vez sí, la recreación camerística, con el Concierto para violín nº1 de Bartók. Por algo lo ha grabado Frang en un disco que acaba de ver la luz. Junto a estos dos conciertos, dos sinfonías. A Beethoven se le unió una buena lectura de la Quinta de Tchaikovsky donde el protagonismo fue de maderas y metales (sobreexpuestos me atrevería a decir). La orquesta desde luego parecía otra, sin ataduras más allá de sus atriles y sono flexible, dinámica, entregada, por momentos desaforada.

Al final de ambas citas (y con un Nicht Zu Schnell de por medio), lo mejor de Gimeno se dió en Mahler, con una Cuarta sinfonía bien estructurada, bien narrada, algo fundamental en el compositor de Kaliste, con unos tempi muy bien ejecutados, con una excelente concepción del ritardando cuando Mahler quiere ir hacia delante. Las contradicciones mahlerianas, esas sí que son maravillosas. En cuanto al sonido, sin embargo, Gimeno parece tender más hacia la recreación, con un sonido abombado en ciertos momentos, más hacia lo rachmaninov pareciera, que no terminan por desdibujar una lectura más que disfrutable, con Miah Persson, cantante de primera fila como solista.

Foto: Alfonso Salgueiro.

 

 

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