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Padmore Mark

Sehnsucht

Barcelona. 4/4/16. Palau 100 Cambra. Palau de la Música Catalana. Schubert: Schwanengesang. Mark Padmore, tenor. Paul Lewis, piano.

Algunos días te sientas en tu localidad con la cabeza llena de cosas y temes que el cansancio no te permita disfrutar de la música, por más que te apetezca el concierto. Y a menudo, efectivamente, te pasas dos horas luchando contra el cansancio. A veces, sin embargo, la música fluye y consigue arrastrar todo lo que está de más. Esto es lo que me pasó el pasado lunes en el recital de Mark Padmore y Paul Lewis; bastaron tres lieder de Beethoven, tres lieder que sólo había escuchado un par de veces antes, para que el cansancio se desvaneciera y sólo quedara la música. Perdonen el apunte personal, si me lo he permitido es para dar una imagen del altísimo nivel del concierto; cualquier aficionado que se haya encontrado en una situación similar sabe que no es tan fácil que esto suceda.

Este recital de Padmore y Lewis, incluido el ciclo Palau 100 Cambra, era el segundo de los tres previstos para interpretar los tres ciclos de Schubert. Hace un año escuchamos La bella molinera y este año era el turno de El canto del cisne, alterando el orden cronológico, suponemos, para que no coincidieran dos Winterreise en una misma temporada, dado que dentro de unos días tendremos a Matthias Goerne interpretándolo. La primera parte del recital de Padmore estuvo dedicada a Beethoven, con los tres lieder a los que me refería al principio (fue un hallazgo el último, Abendlied unter dem gestirnten Himmel) como introducción a esa perla del repertorio que es An die ferne Geliebte. Este ciclo se corresponde perfectamente a la voz y el estilo de Padmore, que con su sensibilidad supo extraer todos los matices de unas canciones que se mueven en torno una única idea: la ausencia de la persona amada. A su vez, Lewis estuvo preciso y claro, con un sonido precioso, en su lectura del elaborado acompañamiento del ciclo. Por decirlo en pocas palabras, Padmore y Lewis hicieron una interpretación excelente de este ciclo: sobria, elegante, matizada y conmovedora. Brillaron especialmente en la segunda canción, Wo die Berge so blau, que Padmore inició con una primera frase con una media voz de las que se recuerdan durante mucho tiempo, o la última, Nimm sie hin denn, diese Lieder, con una introducción casi etérea de Paul Lewis.

Schwanengesang recoge, como muchos lectores sabrán, los lieder escritos por Schubert durante sus últimos meses de vida. No sabemos que hubiera hecho el compositor con ellos y así tenemos un ciclo que quizás no es un ciclo, o son dos ciclos (con poemas de Rellstab y poemas de Heine), o son dos ciclos y una propina (Die Taubenpost), según el criterio de los intérpretes. Desde el punto de vista musical, el ciclo es muy variado, y en este caso la voz de Padmore no siempre es la más adecuada (pienso por ejemplo en Der Atlas, que pide unos bajos más rotundos) pero el tenor saca partido con mucha inteligencia de sus recursos y a base de musicalidad, buen gusto y un conocimiento profundo de las obras ofrece canciones siempre muy expresivas y a menudo con un sonido precioso, dos cualidades que no siempre encontramos juntas. A pesar de la disparidad de las canciones hay un sentimiento que es común a la mayoría, la pérdida, y Padmore (como había hecho el año pasado con La bella molinera) enfatizó esta nostalgia como hilo conductor, construyendo realmente un ciclo donde muchos cantantes interpretan una canción tras otra; quizás porque él cree en este ciclo. Conmovió con el retrato del caminante In die Ferne, con una extraordinaria repetición de la última estrofa, o con Ihr Bild, mientras que Die Stadt fue hipnótica, gracias también a un Paul Lewis en estado de gracia.

El canto del cisne de Padmore y Lewis fue sensacional y se cerró de una manera que está al alcance de pocos intérpretes. La última canción anunciada en el programa era Der Doppelgänger; parecía que el ciclo acabaría, como se hace a menudo, con la angustiosa imagen del doble, prescindiendo del extraño contraste con el lied de Seidl. Pero cuando tras el demoledor "so manche Nacht in alter Zeit" apenas habíamos soltado el aire retenido y sonaban las últimas notas del piano, Padmore levantó suavemente la mano y oímos las primeras notas de Die Taubenpost. Con una versión íntima y delicada, aquel sentimiento que había planeado sobre todas las canciones desveló por fin su nombre, Sehnsucht, y el ciclo se convirtió en círculo, y se cerró suavemente, sin ninguna estridencia, volviendo a los mensajes de amor del primer lied. Como decía, sensacional. 

 

 

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