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Sabina Puértolas: "Me niego a que el estrés dirija mi vida"

La soprano navarra Sabina Puértolas encabalga esta temporada varios compromisos de primer nivel. Tras su reciente paso por el Covent Garden como Despina en Così fan tutte, bajo la batuta de Semyon Bychkov, aborda ahora su debut como Fiorilla en Il turco in Italia de Rossini, en una producción dirigida por Emilio Sagi en el Capitole de Toulouse. Le esperan más tarde actuaciones en el Teatro de la Zarzuela, en el Teatro Real y en el Liceo de Barcelona. Sabina Puértolas vive sin duda un momento de dulce madurez profesional. De todo ello habla en estas líneas para Platea Magazine.

Tras su nuevo éxito en el Covent Garden, como Despina en Così fan tutte, aborda ahora en Toulouse un nuevo debut, con la Fiorilla de Il turco in Italia, regresando a Rossini.

Es un feliz y un tanto inesperado reencuentro con Rossini. Había hecho ya El barbero de Sevilla y Le Comte Ory años atrás. Y ahora me he encontrado de nuevo con una facilidad que no esperaba para cantarlo, con las agilidades y el sobreagudo. El personaje es pizpireto y es un tipo de papel con el que me suelo sentir muy bien. Con Fiorilla ha sido un amor a primera vista, rodeada además de maestros rossinianos como Alessandro Corbelli y Pietro Spagnoli. La verdad es que para no haber hecho mucho Rossini me encuentro muy a gusto; es una de esas gratas sorpresas que te da la vida.

Quizá regresar a Rossini no parezca el paso natural en su ampliación de repertorio.

No, la verdad es que tampoco me he marcado un camino de repertorio. Yo tengo la sensación y la idea asumida de que mi carrera va hacia adelante y hacia atrás con el repertorio y es bueno, tener flexibilidad con compositores y épocas, etc. También es verdad que no siempre cantamos lo que queríamos cantar, si lo pusiéramos como un plan ideal sobre la mesa, sino que son las propuestas y los contratos que van surgiendo los que marcan al final ese itinerario. Y al final, como este caso con Rossini, te encuentras con sorpresas que a lo mejor en origen no hubieras marcado en ese camino ideal. Esta Fiorilla en Toulouse es un regalo, el personaje es un bombón y estoy disfrutando muchísimo con Emilio Sagi y todo su equipo.

Es su debut con el personaje pero no así debut en Toulouse.

No, en efecto, ya había cantado antes en Toulouse. Hice Drusilla en L´incoronazione di Poppea en 2007 y un par de conciertos más en años posteriores. Esta es la primera de varias óperas que voy a hacer aquí en los próximos años.

Sí fue debut en Lyon la temporada pasada con La juive, como Eudoxie.

Sí, allí sí, primera vez que actuaba en Lyon. La verdad es que me gustan mucho este tipo de teatros donde hay un ambiente sumamente familiar, donde te sientes casi como en casa. Quizá soy demasiado sentimental, pero me gusta mucho cuando el teatro tiene ese ambiente de cariño. Al fin y al cabo estamos trabajando fuera de casa durante varias semanas y encontrar un lugar así facilita mucho las cosas. En Toulouse sucede lo mismo, hay una gran cercanía tanto con los colegas como con el personal del teatro.

Recuerdo que me comentaba justamente esto cuando debutó en el Covent Garden, donde le sorprendió encontrar un ambiente así siendo sin embargo uno de los grandes teatros a nivel internacional.

Sí, siempre me fijo en eso y lo pongo en valor. De verdad creo que no somos a veces conscientes de lo importante que es para un artista sentirse bien allí donde trabaja. Siempre queremos darlo todo, pero esa implicación es mucho más fácil y natural cuando hay ese ambiente familiar en un teatro. Al final nuestro instrumento va con nosotros, está en nuestro cuerpo y es fundamental que anímicamente nos sintamos bien para que nuestro instrumento esté a pleno rendimiento. Unas cuerdas vocales sanas sin una mente relajada y cómoda, no dan el mismo rendimiento.

Esta temporada, con el regreso al Covent Garden, con el regreso a Toulouse, etc. ¿sería de alguna manera la consagración de la proyección internacional de su trayectoria? Al mismo tiempo es también la confirmación de su valía en España, en casa, con compromisos importantes en el Liceo y en el Teatro Real. 

Podría parecer así, pero confieso que no me paro siquiera a pensarlo. Me gusta vivir sin pensar en esos horizontes. Yo quiero disfrutar con lo que hago, sentir que mi voz está bien, que mi gente me apoya y crecer al final como persona y como profesional. Dónde lo haga es importante, evidentemente, pero no marca mi manera de trabajar. Y disfruto cada momento sin pensar en lo que vendrá después. Cada contrato es un regalo y lo vivo así sin agobiarme en pensar en lo que vendrá después. Eso no quita, por supuesto, para que sea consciente de que vivo un momento goloso y bonito, con mucho trabajo por delante y mucho que estudiar también. Estoy contenta con todo ello pero no mido si esto supone una consagración o algo parecido. No quiero ni pensarlo porque me niego a que el estrés dirija mi vida. Hago las cosas tal y como las hacía antes; no me gusta correr, me gusta seguir mi ritmo, sentirme bien rodeada y ser feliz con mi trabajo, eso es todo para mí.

El lado menos amable de esta agenda está sin duda en el ámbito sentimental, en la distancia con la familia.

Claro, eso es lo más duro. Sobre todo en meses como estos en los que encadeno varios compromisos fuera de España. Afortunadamente, desde diciembre podré estar en casa, cerca de los míos. Pensar en eso me desahoga un poco de esa sensación no de infelicidad pero sí quizá de soledad que sentimos cuando acumulamos periodos largos de tiempo trabajando fuera de casa. De nuevo intento no agobiarme, que el estrés de todo esto no pueda conmigo. Uno aprender a ser mentalmente cada vez más fuerte con el paso del tiempo. Para eso es fundamental contar, como es mi caso, con una familia que te apoye, que esté a tu lado y que no ponga piedras en el camino. Mi marido y mi hijo son un regalo; este trabajo ya es suficientemente duro y tenso como para encontrar dificultades en casa. El equilibrio que he conseguido en este sentido es algo que no tengo palabras para agradecer.

¿Mantiene todavía hoy un maestro de canto de referencia, alguien que la escuche periódicamente?

Cuando tengo algo de tiempo intento ir con alguien que me escuche, aunque ya no tengo agenda para ir a Verona donde estaba mi maestro. Pero sí suele escucharme gente en la que confío. Para mí sigue siendo fundamental escuchar grabaciones antiguas, buscando sobre todo cierta forma de impostar la voz. El maestro que seguramente me marcó más y me causó más impresión fue Carlo Bergonzi. Yo era todavía muy joven, casi adolescente, cuando fui a Busseto. Aquella experiencia me abrió mucho la mente a la hora de ver lo que significaba estar fuera de casa, etc. Mi maestro en Verona, Angelo Capobianco, fue también muy importante, hicimos un trabajo muy intenso, trabajábamos muchas horas. La verdad es que he aprendido de todo aquel que he tenido ocasión, incluso de las malas experiencias.

Hace unos días, en sus redes sociales, recordaba su primera zarzuela, allá por 1999 en el Teatro Gayarre de Pamplona.

Sí, la verdad es que no he hecho mucha zarzuela pero la que he hecho me ha dejado grandes recuerdos y han sido experiencia estupendas. Aquella primera experiencia fue en efecto en el Teatro Gayarre, con Ignacio Aranaz que era el director de escena. Hicimos El asombro de Damasco. En el Gayarre hice varias zarzuelas. Siempre me he sentido muy apoyada en Navarra; regreso pronto allí para I Capuleti e I Montecchi, esta vez en Baluarte, con José Luis Sola, Maite Beaumont y Antonello Allemandi.

También regresa ahora al Teatro de la Zarzuela, en Navidades.

Sí, me apetece muchísimo volver; será con un concierto especial de Navidad. Y hay planes para regresar allí más adelante también, en escena, con un título de zarzuela. El año pasado ya hicimos una zarzuela semi-escenificada, también por Navidad, y la verdad es que me gusta mucho trabajar allí, me siento muy a gusto en la Zarzuela.

Los proyectos en Madrid y Barcelona tienen también mucha entidad: La hija del regimiento de Donizetti en el Liceo y Rodelinda en el Teatro Real.

Así es, debut en el caso de Rodelinda y segunda vez en el caso de La hija del regimiento. Mi debut con este Donizetti fue en Jerez, con José Luis Sola, allá por 2008. Rodelinda será debut, aunque no mi primer Händel, de quien ya he cantado unas cuantas obras. Será con Ivor Bolton como director musical, con quien tengo muchas ganas de trabajar en este repertorio.

También le esperan al otro lado del Atlántico con Rigoletto.

Sí, tenemos un Rigoletto en Chile. Me apetece mucho reencontrarme con Gilda, un papel que he cantado mucho pero que hacía ya varios años que no tenía en agenda. Las dos últimas veces fue en La Plata, en Argentina, también al otro lado del Atlántico, en 2010; y en Pamplona, en Baluarte, en 2011. Es un personaje al que quiero mucho. Pero falta mucho para Chile (risas).

Tiene de hecho antes un Mesias de Händel con Spinosi.

Sí, será en Valladolid, Donostia y Toledo. Y después en abril de 2017 lo llevaremos también a Rusia. No había hecho nunca el Mesias y es un proyecto que abordo con ilusión. Con Spinosi sí había trabajado antes, hicimos Monteverdi en Viena. El barroco es una parte muy querida de mi repertorio; no quiero perderlo, me relaja mucho cantarlo, me siento muy libre.

Hay dos rasgos muy marcados en su canto: por un lado una vis cómica indudable y por otro una musicalidad muy evidente y muy respetuosa con lo que está escrito.

Tengo la suerte de ser versátil. Me gusta plegarme a las indicaciones del maestro con el que estoy trabajando. Hacer comedia es una liberación, me gusta mucho hacer reír y disfrutar al mismo tiempo con ello. Es una gran libertad escénica, que corresponde de alguna manera a la misma libertad que encuentro, aunque en otro sentido, cantando barroco, como decía antes. La primera vez que hice barroco fue precisamente en Toulouse, de la mano de Christophe Rousset, a quien debo tanto. Yo nunca pensé que podría cantar barroco como lo he hecho y lo sigo haciendo; conocer a Rousset fue un cambio en este sentido porque me hizo ver muchas cosas que yo no imaginaba, hasta el punto de integrar el barroco con el resto del repertorio que hago de manera muy natural para mí. 

Y ahora mismo, ¿hacia dónde le gustaría seguir ampliando y explorando repertorio?

Si viera mi mesa de trabajo llena de partituras… (risas). De verdad que ahora mismo ni me planteo lo que me gustaría hacer de aquí a cinco años. Por supuesto llegan propuestas y es algo en lo que hay que meditar en algún momento, pero no me quiero agobiar aún con eso. Quizá una Liú podría llegar, me han preguntado por una Mimí… Pero no lo se, no quiero precipitarme; me siento todavía hoy como una lírico-ligera, si bien la voz va ganando cuerpo como es lógico con el paso de los años. Pero ahora mismo de verdad que no quiero pensar mucho más allá de lo que tengo entre manos, no quiero frustrarme. Seguramente podría cantar una Fiordiligi o una Condesa pero lo cierto es que me lo paso mucho mejor haciendo una Despina o una Susanna.

 

 

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