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Alba Rodríguez: "Tenemos que popularizar la música clásica sin perder de vista su complejidad"

Alba Rodríguez es en buena medida la responsable de que el Festival Bal y Gay sea hoy en día una cita imprescindible con la música clásica en Galicia durante el verano. En la actualidad Alba Rodríguez es también la directora técnica de la ORCAM y con motivo de su labor en ambas entidades, nos acercamos en esta entrevista a conocer más de cerca su vocación por la gestión musical y sus inquietudes sobre el panorama musical español.

A día de hoy compagina su puesto como directora técnica de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid con su posición como directora artística del Festival Bal y Gay, al que está estrechamente ligada desde sus inicios. ¿Cómo fue su acercamiento al mundo de la gestión? Creo que pasó también por Agencia Cámera durante un tiempo.

De formación soy músico y para mí la música, desde la infancia, ha sido algo muy habitual; toda mi familia es muy melómana y la música clásica en casa era algo muy normalizado. Para mi familia era un orgullo que yo fuera clarinetista. Después de terminar el conservatorio estuve tocando con varias orquestas como la Orquesta de RTVE y en la Sinfónica de Madrid. Y fue precisamente ahí, tocando con ellos y en el Teatro Real, cuando me di cuenta de que quizá mis intereses iban algo más allá, tenía muchas ganas de conocer y de formar parte de la idiosincrasia tan compleja de nuestro mundo. Me parecía que podía aportar mucho en esta línea.

¿En qué sentido? 

Yo sentía mucha curiosidad por todo lo que implicaba el mundo de la gestión , desde la regiduría de ópera , la coordinación artística o la mera pero difícil gestión de ensayos. Y fue ahí cuando hice el máster de gestión cultural, que compaginé en su momento con el trabajo en la orquesta. Después estuve haciendo prácticas en distintos sitios como la gerencia de la RTVE o BCN Classic y trabajando en entidades como Ibermúsica o la Schubertiada de Vilabeltrán hasta conseguir un puesto en Agencia camera como manager. Fue ahí cuando realmente me di cuenta de que tenía que dejar a un lado el clarinete porque no iba a ser posible compatibilizar ambas cosas, aunque me costó bastante dejar esa parte profesional, tengo que decirlo. Tengo que agradecer a personas como Alfonso Aijon, Meghan King, Monica Lorenzo, Josep Maria Prat, Antonio Moral, Paco Lorenzo o Víctor Medem que me han apoyado desde el principio sacando a relucir mis mejores aptitudes para este mundo profesional, que yo en su momento ni veía. 

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¿Y para entonces ya había puesto en marcha el Festival Bal y Gay? 

Sí, el festival para entonces ya llevaba funcionando un par de años pero entonces era más bien una serie de cursos de clarinete, una cosa más académica y formativa, digamos, acompañada de algunos conciertos con los propios alumnos, etc. Fue después de entrar yo en Agencia Cámera, conociendo ya mejor el mundo de los artistas y las agencias, cuando me propuse intentar promocionar el Festival Bal y Gay de otra manera. Y es ahí cuando dimos el salto desde unos simples cursos de clarinete a un festival con una programación artística como tal. Seguimos así unos años, creciendo poco a poco, hasta que con la pandemia nos vimos obligados a decidir si dábamos un salto mayor para consolidar el festival o de lo contrario nos arriesgábamos a que pudiera desaparecer.

Y entiendo que dieron el salto, visto que este año el festival alcanza ya su edición número doce.

Sí, yo hablé en ese momento de Josep María Prat, de Agencia Cámera, que siempre había confiado mucho en mí, y le dije que necesitaba dejar la agencia para poner todo mi empeño en sacar adelante el festival. Y lo cierto es que esa edición fue un revulsivo muy importante para el festival, precisamente en un contexto complicado en el que muchos eventos no pudieron hacerse. Nosotros conseguimos sacar adelante la programación, con muchísimo esfuerzo, peleando con muchas trabas, y eso sirvió sin duda para consolidar el festival, que alcanza ahora su edición número doce.

¿Y en qué momento aparece la ORCAM en su trayectoria profesional?

Precisamente ahí, después de la pandemia, en 2021 me presenté al concurso público para el puesto de coordinadora general. Por mi formación yo había estado muy vinculada al mundo orquestal, evidentemente, y me apetecía ahora volver ahí pero desde el lado de la gestión.

De la ORCAM me sorprendió desde el principio la impresión de estar ante un diamante por descubrir, con un sinfín de actividades que van más allá de la orquesta al uso que todos conocemos. La ORCAM es por supuesto una orquesta y un coro, pero es también un proyecto social, un coro de niños, una parte didáctica… La oportunidad de llegar a un público amplísimo es enorme.

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¿Cuál diría que es el hilo conductor que vincula su trabajo en ambas entidades, en el Festival Bal y Gay y en la ORCAM?

Yo siempre he trabajado por normalizar la música clásica, por hacerla accesible sin perderle el respeto a la profesión, manteniendo un rango de excelencia muy alto pero haciendo todo lo posible para que sea accesible. Tenemos que popularizar la música clásica sin perder de vista su complejidad. Y creo que tanto la ORCAM como el Festival Bal y Gay trabajan en ese sentido. 

¿Cuál es su perspectiva sobre a evolución de la ORCAM, coincidiendo con la llegada de Alondra de la Parra y María Antonia Rodríguez?

La evolución ha sido muy rápida y claramente ascendente. En los cuatro años que llevo en la ORCAM se ha dado un salto cualitativo en muchos niveles: a nivel de organización interna, a nivel de posicionamiento , a nivel de excelencia artística… Desde mi llegada se ha trabajado mucho en estos aspectos y creo que es evidente que se ha trazado un camino importante. La  ORCAM funciona sobre todo porque es mucho más que una orquesta. El margen de recorrido sigue siendo amplísimo y con la llegada de María Antonia Rodríguez y Alondra de la Parra todo ha tomado mejor inercia dándose a conocer  este proyecto único e imprescindible para todos los madrileños. 

Y en el caso del festival, ¿cómo dibuja su futuro? ¿Cuál es es su recorrido en los próximos años? Imagino que dará miedo sobredimensionarlo, precisamente a riesgo de que pierda su personalidad. 

En realidad el recorrido que tiene el festival no es otro que mantenerse como está. Ofrecemos excelencia artística en lugares no habituales sin desprestigiar en ningún momento las propuestas. Fue como empezó y como sigue, esto es quizá lo más novedoso, la lealtad por la música de calidad en formato pequeño. 

Dura doce días y funciona bien así. En su día hicimos un ciclo en el mes de mayo y sí que nos podríamos plantear repetir la iniciativa. Pero al final la gracia del festival está en su intimidad, en su ambiente más recogido, de tal manera que el público se acaba conociendo de unos conciertos a otros. No buscamos tanto la cantidad como la calidad. 

Podríamos incrementar espacios aunque no muchos más. Sí que hemos intentado que los artistas ofrezcan dos programas en lugar de uno, siempre que pueda encajar en sus agendas. Lo bueno del festival es que se desarrolla en un lugar en el que es posible disfrutar durante el día de la playa, el paisaje, la gastronomía y después terminar la jornada con un buen concierto de música clásica. 

En Galicia el festival se ha ganado un lugar importantísimo, creo humildemente que es la cita de referencia para la música clásica en la comunidad. Siempre hemos intentado tener un equilibrio entre el talento joven y los artistas de más renombre, y un equilibrio también entre músicos españoles e internacionales, alternando también propuestas barrocas, clásicas y contemporáneas.

Durante estos años mi implicación con el festival ha sido total, el festival me ha dado mucho pero yo también me he entregado a él en cuerpo y alma. Aunque tengo que decir que hoy en día yo no soy en absoluto imprescindible para el buen funcionamiento del festival y creo que ese es el mayor mérito después de todos estos años.

¿Cómo ve la realidad de la gestión musical en España? Se advierte un cierto relevo generacional con gente como usted misma o con personas como Mónica Lorenzo o Jesús Herrera. 

Yo creo que esta cuestión se ha profesionalizado mucho en los últimos años. Hay mucha gente en puestos relevantes con mucho interés por la música, con un buen conocimiento y con respeto por la profesión. Creo que se vive un buen momento, en este sentido.

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