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Alejandro Marías: "El Manuscrito Drexel está entre lo mejor escrito nunca para viola da gamba"
El músico Alejandro Marías, impulsor y director artístico del grupo La Spagna, vuelve a apostar por el legado musical de Carl Friedrich Abel, un autor relativamente desconocido pero cuyas contribuciones se cuentan ahora entre lo más granado de la música del siglo XVIII. El violagambista acaba de publicar una grabación del Manuscrito Drexel, un conjunto de 29 piezas para viola da gamba.
El año pasado hizo ya una primera apuesta por reivindicar el legado musical de Carl Freidrich Abel, con el álbum Abel: Between Two Worlds. Llega ahora un nuevo disco, en este caso consagrado por entero al Manuscrito Drexel, un conjunto de 29 piezas para viola da gamba como instrumento solista. ¿Cuándo tuvo conocimiento de estas partituras y qué es lo que le ha llevado a grabarlas?
Conozco estas piezas desde mis más tiernos inicios en la viola da gamba. Son de lo mejor que se ha escrito nunca para este instrumento a solo y representaron para mí una de las motivaciones más tempranas para convertirme en un violagambista capaz de abordar todas ellas.
¿En qué circunstancias se contextualiza la escritura del Manuscrito Drexel? ¿Qué sabemos y qué ignoramos en torno a estas partituras?
Sabemos a ciencia cierta que contiene piezas para viola da gamba sola de Abel y que, después de otros propietarios, llegó a manos de Joseph William Drexel, cuyo legado acabó en lo que hoy es la New York Public Library.
Se da por sentado que el manuscrito es autógrafo y que perteneció a Thomas Gainsborough, pero ninguna de las dos cosas es demostrable, hasta donde yo he logrado saber. Sí nos consta que Gainsborough era amigo de Abel, que le entusiasmaba la viola da gamba y que tenía una colección de instrumentos formidable (hay una carta en la que dice que está harto de pintar retratos y que lo que desea es “tomar mi viola da gamba y marcharme a algún pueblecito donde pueda pintar paisajes y disfrutar de mis últimos días en paz y tranquilidad”.)
Habida cuenta de la relación entre ambos, es verosímil que algunas de estas piezas fueran escritas para él. Hay una cita, cuya fuente no he llegado a localizar, en la que se dice que Abel escribió una fuga para que su amigo Gainsborough se ejercitara con su instrumento; si se trata de la A1:16, le puedo garantizar que debía de ser un violagambista de gran destreza.
Y en último lugar pongo las suposiciones, que no dejan de ser realistas. Por el tipo de escritura –tanto en lo musical como en lo gráfico–, creo que este manuscrito es, fundamentalmente, un conjunto de anotaciones que tratan de recoger las inspiradas y virtuosas improvisaciones por las que Abel era famoso. Me divierte imaginar a Gainsborough rogándole –o sobornándolo con cuadros– para obtener una partitura con la música que había improvisado la noche anterior. Estas veladas, regadas con Borgoña sin moderación, podían terminar con el pintor bailando una hornpipe subido en una jarra de cerveza al son de la viola da gamba.
A diferencia del álbum anterior, donde se repasaban otras facetas creativas de Abel, en torno a la lírica y la música sinfónica, en esta ocasión se apuesta por su creación para un instrumento solista. ¿Estamos ante una faceta netamente distinta de su actividad creativa o hay vínculos entre el resto de su obra y este Manuscrito Drexel?
Estamos ante una faceta insólitamente distinta, hasta el punto de que, si no se conservase este manuscrito, muchos de los testimonios que nos han llegado serían, en una palabra, incomprensibles. Dejando a un lado estas piezas, la música de Abel es equilibrada, formalmente impecable, sensible, galante, sentimental (este término literario es el equivalente literal al Empfindsamer Stil)… Por decirlo de una manera sencilla, “clásico”, aunque eso que hoy llamamos Clasicismo musical fuera entonces una vanguardia aún por cuajar.
Cuando leemos que tocaba de una manera arrebatada, apasionada, que era capaz de contar la historia de Le Fever solo mediante su viola da gamba, llevando a su público hasta las lágrimas, solo podemos pensar en las piezas del manuscrito Drexel. El resto de su obra es bellísima, música muy buena hasta en sus sonatas pedagógicas más elementales, pero no encontramos ni rastro de esto. Un músico era el Abel famoso, que tocaba para el público, y otro, completamente distinto, era aquel que solo lo hacía para sus amigos. Es solo gracias a este manuscrito que nosotros podemos conocer al segundo, para envidia de sus contemporáneos.

En líneas generales Abel parece ser una suerte de eslabón perdido y al mismo tiempo da la impresión de ser un músico bastante innovador. En su impresión directa, como estudioso e intérprete de su obra, ¿cómo se explica su casi total olvido en la historia de la música, hasta fechas recientes y gracias a esfuerzos de recuperación como el suyo?
Los estilos de transición son siempre difíciles de abordar, tanto para los músicos como para el público. El Abel “normal”, es decir, el resto de su obra, suena a Clasicismo, pero sin llegar a serlo. Conocemos el final de la historia y, si no escuchamos con la perspectiva adecuada, es fácil que la música de esta época suene a un Mozart simplón, como de segunda. La sinfonía nº 3 de Mozart –que en realidad compuso Abel– es muy sencilla si la comparamos con la 40, pero no porque la compusiera un niño de 9 años, sino porque se compuso en una época en que las sinfonías más modernas eran así. Como oyentes y como intérpretes, es un error adoptar las expectativas de 1780: hay que situarse en 1750 para poder apreciar la modernidad de esta música. Como en tantas otras cosas, debemos esforzarnos para mantener fértil nuestra capacidad de asombro si queremos comprender, valorar y disfrutar.
De modo que, volviendo a su pregunta, me temo que no es tanto un problema tanto de Abel como de su generación, aún incomprendida pese a los esfuerzos de muchos.
La viola da gamba era, en época de Abel, un instrumento llamado extinguirse en fechas muy próximas. ¿Cabría hablar del Manuscrito Drexel como un último canto de cisne en torno a este instrumento?
Sí, es una manera acertada de describirlo. La viola da gamba vivió una serie de metamorfosis que la convirtieron en varios instrumentos con funciones completamente distintas –compárese la escritura de Hume con la de Dalla Casa, la de Bach con la de Forqueray–; murió varias veces y tuvo alguna que otra reencarnación. Las piezas de Forqueray son un canto de cine en Francia, como las fantasías de Purcell lo son para el consort, pero quizá este manuscrito sea el último de todos. Para entonces, la viola da gamba estaba olvidada en prácticamente toda Europa y, aunque llegó con un hilo de vida al siglo XIX, Abel fue el último profesional que lograra reconocimiento. Un obituario sentenció que, con su muerte, moría también la viola da gamba.
Tiene previsto interpretar estas obras en varios conciertos y tengo curiosidad por algo que menciona en las notas al programa del disco, en torno al carácter improvisatorio que anida en el espíritu del Manuscrito Drexel. ¿Esto se traduce de algún modo en su ejecución de la obra?
Así debe ser, desde luego. Este manuscrito está lleno de ideas brillantes e inspiradas, pero se nota que hay muchas decisiones que nunca llegaron a tomarse. Toda la partitura transmite una sensación de boceto, con numerosas incongruencias; algunas piezas parecen simples anotaciones. Eso no ocurre en el resto de la obra de Abel, y es en parte por ello que, creo, pretende recoger las improvisaciones nocturnas de Abel. Mi opinión como intérprete es que cada concierto debe ser único, pero con una música así este propósito se convierte en una condición sine qua non. Transmite –y permite– una libertad que sería una lástima no aprovechar hasta sus últimas consecuencias.

Su personal apuesta por el universo musical de Abel imagino que no se va a quedar aquí. ¿Tienen previsto publicar algún álbum más con su música?
Sí, hay un tercer disco grabado con sonatas –acompañadas con clave y piano de mesa– y dúos para viola da gamba y violonchelo, una combinación delicadísima pero que vivo como una declaración de principios en cuando a la espinosa cuestión de la articulación en la viola da gamba. Será la última entrega de mi trilogía Abel, antes de tomar un camino muy diferente, y tengo muchísimas ganas de que vea la luz.
Y al margen de Abel, ¿qué otros proyectos y citas de su agenda por venir le gustaría resaltar?
2026 se presenta como un año fructífero y variado. Continuaré tocando Abel en varias ciudades –Madrid y Sevilla entre ellas–, así como las sonatas de Bach junto a Jordan Fumadó en dos festivales muy importantes de España y de Suiza.
En la temporada de La Spagna cobrarán relevancia los Cuartetos de París de Telemann y la música de Leclair, además de Las Siete Palabras de Haydn/Barbieri, que esperamos retomar. También tenemos varios conciertos de música vocal, con programas que siguen en activo, una recuperación y dos estrenos.
Asimismo, y a pesar de las muchas veces que los he tocado, me hará particular ilusión interpretar los solos de La Pasión según San Mateo junto a la Orquesta y el Coro de RTVE.
Siento no poder dar datos más concretos, pero a los festivales les gusta ser ellos quienes revelan su programación y debemos respetarlo.
Fotos: © Alex Moro