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Pietari Inkinen: "Me fascinan de una manera particular los compositores revolucionarios"
El director finlandés Pietari Inkinen debuta esta semana al frente de la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares. En ocasión de esta cita, conversamos con él para conocer más de cerca su trayectoria, estrechamente ligada a la figura de Richard Wagner, y con extensas titularidades en formaciones orquestales de Alemania y Asia.
Debuta con la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares, con un programa realmente particular que incluye el estreno en España del Concierto para violín de Frank Martin, con Frank Peter Zimmermann como solista.
Así es, el programa que proponemos es realmente singular, con obras menos frecuentes y desde luego menos obvias. Por descontado es un programa que requiere una gran atención tanto por parte de lo músicos como por parte de la audiencia. Esta es mi primera vez con esta orquesta, no así con Frank Peter Zimmermann, con quien ya había colaborado en otras ocasiones. De tanto en tanto, él propone algunas partituras menos conocidas, como es el caso de este concierto para violín de Frank Martin. No es que sea una obra completamente desconocida pero desde luego supondrá una novedad o una curiosidad cuando menos para buena parte del público. Para mí está siendo un descubrimiento, es una partitura espléndida, no la conocía previamente.
El programa se completa con el Concierto para orquesta de Béla Bartók, una obra de gran virtuosismo para la orquesta que permite mostrar todas las habilidades de los músicos. Es una obra maestra en su género y como digo permite mostrar las mejores virtudes de la orquesta. Es una partitura muy técnica, llena de detalles, realmente exigente para cualquier orquesta. En contraste el concierto se abrirá con una obra más atmosférica, Ma mère, l’oye de Ravel, una obra casi pictórica, una obra maestra de la orquestación.
La orquesta está muy motivada, entregada, está siendo una estupenda experiencia, como lo han sido siempre mis proyectos en España. Espero seguir volviendo por aquí, especialmente ahora que tengo más tiempo disponible en mi agenda para este tipo de invitaciones
Lo cierto es que en este momento de su carrera no está vinculado con ninguna orquesta de manera estable, como director titular, a diferencia de lo que ha sido una constante en su trayectoria hasta la fecha.
Sí, así, es por vez primera en casi veinte años puedo decir que soy un director freelance. Estar disponible para este tipo de invitaciones como director invitado era algo inviable años atrás cuando simultaneaba la titularidad de tres orquestas en Alemania y en Asia. Estuve quince años con la Filarmónica de Japón, primero como principal director invitado y después como director titular; fue un larguísimo periodo colaborando con ellos. También estuve ocho años con la Orquesta de la Radio Alemana y pasé siete años vinculado a la Sinfónica de Praga y el Ludwigsburg Festival, de manera simultanea. Y finalmente con la Orquesta de la Radio de Corea, la KBS. También fueron casi diez años con la Sinfónica de Nueva Zelanda, mi primera orquesta como director titular. Por eso ahora es un buen momento para ampliar mi relación con otras orquestas, como este debut en Mallorca.
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Usted procede de Finlandia, un país que no deja de sorprendernos con la cantidad ingente de directores y directoras de orquesta procedentes de allí. Siempre se cita la figura de Jurma Panula como una suerte de padrino que lo explica todo, pero imagino que las raíces de este singular fenómeno son más profundas. ¿Cómo se explica esta profusión de batutas finlandesas, desde su punto vista?
Como usted dice, es desde luego algo que va más allá de la importantísima figura de Jurma Panula, cuya labor evidentemente ha tenido mucho que ver en todo esto. Pero sí, en realidad este fenómeno resulta de una combinación de factores. Finlandia es un país muy grande pero con una población muy pequeña. En un determinado momento de nuestra historia se tomó la decisión política de construir escuelas de música en cada municipio, incluso en localidades muy pequeñas.
De este modo la música se hizo accesible para toda la población, de una manera natural e inmediata. Y no con la intención de generar músicos profesionales sino con la idea de sumar la música a la formación de cualquier persona, fuera cual fuera su profesión. Y al mismo tiempo fue una manera de crear un público musicalmente educado, unos oyentes predispuestos y con formación.
Este sistema de escuelas estaba a su vez conectado con una red de orquestas locales, públicas. Esto es algo que hoy en día está siendo cuestionado, como en tantos sitios, a causa de los crecientes recortes en materia cultural. Pero en su momento Finlandia tenía tantas orquestas profesionales como toda Francia, con la diferencia de que el nuestro es un país de apenas cinco millones de personas.
Esto es muy interesante.
Por otro lado, estas orquestas no tenían un gran presupuesto, no se podían permitir invitar a grandes directores como Zubin Mehta. De modo que la siguiente generación de músicos formada en esas escuelas tenía a su alcance el siguiente nivel profesional; los aspirantes a directores de orquesta disponían precisamente de orquestas con las que ir desarrollando su oficio.
Este mismo sistema se ha copiado después en Suecia y sin embargo no hay tal profusión de directores suecos ahí fuera. Y esto tiene que ver precisamente con que el país tiene muchas menos orquestas locales de pequeño formato como las que le decía que tenemos en Finlandia. A cambio tienen grandes orquestas, con buenos presupuestos y esto hace que tiendan a contar con directores invitados de fuera, a diferencia de lo que le explicaba que ha sucedido en mi país.
En otros países donde he podido trabajar con frecuencia en estos años la situación es también muy diferente al panorama que tenemos en Finlandia. En Japón por ejemplo creen en sus jóvenes talentos una vez que vienen refrendados por un premio internacional, por ejemplo. Realmente este modo de apostar por nuestro propio talento desde abajo es algo muy singular y propio de Finlandia.
Por otro lado hay algo que tiene que ver con la personalidad de los finlandeses y que explica también la profusión de talento de nuestro país en otras disciplinas como la Fórmula 1, los rallies o el esquí. En nuestro país, quizá incluso por nuestro entorno natural, se nos ha forjado un carácter luchador, es algo innato. Existe una idea compartida de que la fuerza y la resistencia son virtudes inherentes a nuestra identidad como país. Seguramente también porque nuestra historia nos ha obligado a ello, teniendo a Rusia como país vecino y teniendo siempre la impresión de ser uno contra un millón. Es como si un cierto instinto de supervivencia formara ya parte de nuestro ADN.
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La figura de Sibelius, el gran referente musical ligado a Finlandia, ha experimentado un relativo revival en las últimas décadas hasta el punto de ser un compositor relativamente frecuente en las salas de concierto de todo el mundo.
Es curioso, sí. Sabe, hay pocos testimonios que hayan recogido la propia voz de Sibelius, pero se conserva una entrevista para la radio en la que le preguntan dónde su música ha llegado a ser conocida o popular fuera de Finlandia. Y él responde algo muy sorprendente; literalmente dice “mi música ha sido bien recibida tanto en Nueva Zelanda como en Japón”, precisamente los dos países donde yo he tenido ocasión de liderar una orquesta durante más tiempo, como antes mencionábamos. La buena recepción de la música de Sibelius fue un fenómeno habitual en algunos países como esos dos que él cita pero también en Inglaterra y en Estados Unidos. Y esto a diferencia de los países europeos, donde precisamente por el carácter tan singular de la música de Sibelius su implantación fue más problemática. La música de Sibelius refleja de una manera muy particular la naturaleza insondable de Finlandia, nuestros grandes bosques, los grandes espacios abiertos, la particularidad de la luz… todo eso era difícil de entender seguramente para un público que esperaba algo más apegado a sus tradiciones centroeuropeas. La novedad siempre encuentra más dificultades para abrirse camino. Esto le paso incluso al propio Mahler en Viena y mire ahora…
Wagner ha sido un compositor fundamental en su trayectoria, ya desde el Anillo que dirigió en Nueva Zelanda, hace ya una década, y por supuesto hasta la nueva producción del mismo que tuvo ocasión de estrenar en Bayreuth, en 2023. Wagner es sin embargo uno de esos compositores que uno seguramente nunca termina de dominar, ¿cuál es su impresión al respecto?
Sí, totalmente. A mi me fascinan de una manera particular los compositores revolucionarios, creadores que marcaron un antes y un después en su disciplina. En el caso de Wagner, no importa lo familiarizado que estés con su música, siempre hay algo que te sorprende, siempre hay algo más indagar, su riqueza es inagotable.
¿Tiene previsto volver a dirigir el Anillo en fechas próximas?
El año pasado, en Pekín, tuve ocasión de dirigir Die Walküre con una propuesta escénica de David Livermore que habría hecho las delicias del propio Wagner, con un derroche asombroso de medios técnicos que al mismo tiempo miraba a las raíces más genuinas del concepto teatral wagneriano. Y dirigiré un ciclo completo del Anillo el año que viene, pero todavía no puedo compartir los detalles al respecto.
Ahora mismo estamos intentando desarrollar nuevas fórmulas que permitan escuchar la música del Anillo de un modo más condensado, más breve y con menos necesidades orquestales. De otro modo, resulta realmente complicado para muchas orquestas plantearse tocar esta música.
En esta misma línea vamos a hacer por ejemplo un proyecto en Nueva Zelanda con el tenor Simon O’Neil, combinando una hora de música de Tannhäuser con una hora de música de Parsifal. Y también habrá más conciertos de 'Escenas del Anillo' como los que realizamos el año pasado en Hong Kong con Ricarda Merbeth y Stefan Vinke o en Helsinki con Catherine Foster y Andreas Schager.