© Roberto Ricci
Paolo Arrivabeni: "Rossini es un autor que purifica a quien lo interpreta"
El maestro italiano Paolo Arrivabeni afronta esta semana su debut en el Gran Teatre del Liceu, en una ocasión que representa también su primer acercamiento a la partitura de Semiramide, de Gioachino Rossini. En ocasión de esta importante cita, conversamos con él para conocer mejor su trayectoria y sus próximos compromisos. Semiramide se representa en el Liceu, en versión de concierto, el miércoles 13 de mayo, con un elenco encabezado por Vasilisa Berzhanskaya, Franco Fagioli, Maxim Mironov y Mirco Palazzi en los roles principales.
Sorprende que llegue ahora su debut en el Liceu, después de una trayectoria de tantos años, tan asentada en otros teatros. Imagino que nunca es tarde, si la dicha es buena. Creo que se trata también de su debut con Semiramide.
Sabe, en esta profesión a menudo suceden estas cosas, por extraño que parezca. En España, tiempo atrás, dirigí en varias ocasiones en Sevilla, en Bilbao, en Oviedo... estuve incluso en la Quincena Musical de San Sebastián, pero nunca surgió un proyecto para debutar en el Liceu. Igualmente, aunque tenga en mi repertorio unos setenta títulos, no fue hasta fechas muy recientes, hace un par de años, que tuve ocasión de dirigir mi primera Madama Butterfly. Y lo mismo sucede ahora con esta Semiramide de Rossini, un autor que ha estado muy presente en mi trayectoria pero nunca se había dado la ocasión de dirigir esta partitura. Estoy por tanto doblemente contento, con el debut en el Liceu y con mi primera Semiramide.
Hablemos pues de Semiramide, una partitura que supone un punto de inflexión en la trayectoria de un Rossini que estaba a punto de partir hacia París. Hay algo de experimental en esta obra, ¿no cree?
Desde luego que sí, es una obra interesantísima. Es una ópera larguísima, es una obra maestra pero es muy extensa. Y este quizá sea uno de los mayores retos que plantea: hay que lograr que se mantenga le tensión teatral a pesar de esa extension, con escenas como el finale primo que duran más de veinte minutos. Lo mismo sucede con el duetto entre Arsace y Semiramide, que durará unos dieciocho minutos. Aquí todo está muy dilatado y es fundamental estar atento a la elección de los tempi para que la representación tenga una estructura sólida.
Creo que usted conoce bien la obra de Rossini, un autor que estuvo de hecho bien presente en los inicios de su trayectoria, cuando estuvo usted vinculado al Rossini Opera Festival.
Sí, la última vez que estuve allí tuve ocasión de dirigir un título poco conocido de Rossini, Demetrio e Polibio. De Rossini he dirigido muchos títulos, incluyendo Moïse et Pharaon, su Otello y también el Rossini buffo: L´italiana, Cenerentola, Barbiere... Los inicios de mi carrera giraron mucho en torno al bel canto, dirigiendo mucho Rossini y Donizetti, un autor que sigue muy presente en mi agenda: haré ahora Maria Stuarda para mi debut en Helsinki, después de hacer este mismo título en Copenhague. Donizetti tiene más drama, es más teatral que Rossini, pero cada vez que vuelvo a Rossini tengo la sensación de reconectar con aguas puras, es como una renovación para un director como yo, que vengo de dirigir Cavalleria, Pagliacci y títulos de Puccini y del verismo. Rossini es un autor que purifica a quien lo interpreta.
© Roberto Ricci
En esta su primera vez al frente de la orquesta del Gran Teatre del Liceu, ¿cómo ha sido su primer encuentro con los músicos, ocupados ahora como están con Werther, una ópera muy diversa de Rossini?
Ha sido un encuentro óptimo, me he encontrado muy bien con ellos, están muy disponibles, sensibles, atentos, con ganas de trabajar. En general mis sensaciones en el Liceu están siendo excelentes, me han hecho sentir como en casa y esto es algo que valoramos mucho quienes pasamos gran parte del año viajando por el mundo.
La presencia del contratenor Franco Fagioli en el rol de Arsace creo que es una novedad digna de comentarse.
Sin duda. Nunca había tenido ocasión de trabajar con él antes de esta Semiramide y el encuentro con él ha sido muy interesante. Es un cantante de una gran musicalidad y hemos tenido conversaciones muy interesantes sobre la vocalidad del rol y su expresividad dramática.
¿Diría entonces que es una alternativa perfectamente viable, la de contar con voces de contratenor en algunas óperas de Rossini?
Sin duda, siempre y cuando se trate de artistas con la envergadura musical de Franco Fagioli, absolutamente sí. En realidad esta cuestión de las tipologías vocales es muy relativa. Cuando yo hice el Otello de Rossini en Martina-Franca hicimos la versión Malibran y ahí Otello era una mezzosoprano.
¿Cuáles serán sus próximos proyectos después de esta Semiramide en Barcelona?
El próximo proyecto será un Rigoletto en Marsella, volviendo así a Verdi, que es mi habitat natural, por así decirlo. Haré Traviata en el festival de Orange y después pretendo descansar un poco (risas). Pero después del verano está previsto mi debut en Montreal, en Canadá, con Turandot.
Usted mismo ha mencionado que su repertorio ha estado siempre ligado al belcanto y al repertorio italiano, pero creo que también ha tenido siempre curiosidad por otros autores como Wagner o Mussorsgky.
Así es, y me encantaría poder hacer más a menudo este repertorio, pero es complicado para los directores italianos, a los que se asocia siempre precisamente con el belcanto, con Verdi, con Puccini y los autores veristas. De Strauss he hecho Salome, de Wagner he hecho El holandés errante y Lohengrin y creo que soy de los pocos directores italianos que tendrán en su haber tres producciones distintas de Boris Godunov.