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OlgaPeretyatko DarioAcosta

Olga Peretyatko, soprano: “Rossini me mantiene viva”

La soprano rusa Olga Peretyako (San Petersburgo, 1980) debutaba en la Ópera Real de Mascate al hilo de nuestra visita a Omán, en unas funciones de L´occasione fa il ladro, curiosamente la primera ópera de Rossini que cantó, hace ahora doce años. Se diría que Olga Peretyatko y yo estamos destinados a encontrarnos en lugares variopintos y pintorescos: nuestra anterior entrevista fue en un taxi camino del aeropuerto de Berlin y esta vez nos hemos visto a siete mil kilómetros de Europa. Simpática y cercana, hablamos de sus orígenes rossinianos, de su querido Alberto Zedda y de sus próximos debuts.

Se trata de su primera vez en Omán, trabajando en la Royal Opera House de Mascate. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Intensa, porque la agenda era exigente, sumando el viaje hasta aquí, los ensayos concentrados e intensos… Sin apenas tiempo de descanso, pues, pero contenta con el recibimiento del público y el ambiente de trabajo en el teatro.

Continúa cantando Rossini a pesar de ampliar su repertorio con partes más pesadas como la Violetta de Traviata o su próximo compromiso con los cuatro papeles para soprano en Les Contes d´Hoffmann, en Monte-Carlo. Se diría que Rossini es un punto de referencia al que es bueno volver con frecuencia.

Sí, Rossini me mantiene viva (risas). Realmente se trata de una vuelta a los orígenes con estas funciones de L´occasione fa il ladro en Omán, porque esta fue mi primera ópera de Rossini, hace ahora doce años. Fue en Berlín, ¡y en alemán! Ha sido tremendo abrir la partitura de nuevo, tantos años después, y sentir que estaba ante una ópera casi completamente distinta. ¡Qué diferencia de cantar esta música en alemán o en italiano! En realidad Rossini me mantiene despierta, sí, te obliga a estar en forma, a cuidar la emisión en todo momento. Además mi horizonte como cantante no está en Puccini, ese no es mi mundo. ¿Qué podría cantar de Puccini, Liú quizá?

Sí, pero probablemente en un sentido dramático no le aporte gran cosa.

¡Exacto! La música es fantástica, pero hay otros papeles que me interesan más en un plano dramático. Liú es un papel bellísimo, pero realmente sigo sintiendo que Rossini es mi terreno natural, podríamos decir. Me sirve casi a modo de chequeo, para confrontarme conmigo misma, ver en qué forma me encuentro, etc. El físico viene contigo, la naturaleza vocal es la que es; es la técnica la que te salva, sobre todo cuando el físico acompaña cada vez menos con el paso del tiempo (risas). Los cantantes tenemos días buenos, días malos, días regulares… y al final la técnica es lo único que nos permite conjugar todo eso. Cantar aquí en Omán con cuarenta grados en la calle, con la refrigeración alta después en el teatro… todos eso cambios nos afectan. Lo mismo los viajes: nuestra vida como cantantes es bella, sí, pero también dura y sacrificada. 

No obstante son sacrificios que compensan, vista la reacción del público aquí en Omán ante su actuación.

Sí, es curioso ver lo bien que funciona Rossini en estas latitudes. El público aplaudía con entusiasmo, incluso reaccionando a bromas de la producción con más espontaneidad que el público occidental.

La producción de L´occasione fa il ladro vista aquí es una reposición de un trabajo firmado por Jean-Pierre Ponnelle, procedente del Rossini Opera Festival.

Sí, es de una sencillez genial. Es una ocurrencia magnífica, llena de pequeños detalles, fácil de reponer en cualquier escenario. Una pequeña y sencilla obra de arte.

¿Qué ha significado para usted el Rossini Opera Festival?

De alguna manera yo nací allí como cantante, en 2006, hace ahora once años, cantando la Desdemona de Otello junto a Gregory Kunde. Allí conocí a Alberto Zedda (suspira). Todo se lo debo a Zedda. Era un hombre único. Ha dado ocasión a tantos jóvenes… Yo diría que todos los que hay cantamos Rossini hemos pasado por sus manos y de alguna manera le debemos nuestra carrera. Tuve la suerte de grabar con él mi CD dedicado a Rossini, que fue además su última grabación. Él no había hecho nunca en estudio un CD así, a modo de recital con un solista. Costó convencerle pero finalmente pudo llevarse a cabo y fue un regalo. El pasado festival, en el verano de 2017, fue el primero sin su presencia en Pesaro y realmente se percibía su ausencia. Faltaba algo… Aún hoy cuando pienso en él, se me eriza la piel.

Lee la entrevista completa en la edición impresa de Platea Magazine

 

 

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