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LA ESENCIA DE LA ÓPERA

Diálogos sobre música y teatro: “Tristán e Isolda”. Daniel Barenboim y Patrice Chéreau. Acantilado. Barcelona 2018

La intensidad, la hondura, la sabiduría y, sobre todo, la concepción del arte de la ópera que se condensa en el libro que comento es difícil de expresar con en el limitado número de palabras  que, lógicamente, tiene un espacio de reseñas de libros. Es sorprendente que en un volumen de tamaño muy manejable y que no llega a las 200 páginas se consiga decir tanto y de tanta importancia e interés para todo aquel que ame la ópera. Y hablo de ópera en general porque, aunque los diálogos (son varios y diversos momentos) que tienen el director teatral Patrice Chéreau y el pianista y director de orquesta Daniel Barenboim se refieren casi exclusivamente a la ópera de Richard Wagner Tristán e Isolda, y más concretamente al montaje que ambos compartieron en 2008 en la Scalla de Milán, muchas de sus reflexiones se pueden extrapolar y aplicar a la intensa relación entre teatro y música.

Antes de comentar someramente el contenido del libro debo señalar que hacía tiempo que no disfrutaba tanto con la lectura de un ensayo sobre ópera. El lector puede estar o no de acuerdo con enfoques o comentarios que los dos protagonistas de las conversaciones exponen pero todos estas opiniones están perfectamente razonadas y demuestran la profundidad del trabajo, y su implicación en él, de ambos directores (artístico y musical). Sobre todo, para mí, es Chéreau el que resulta más instructivo y claro. En plena época de supuesta claudicación de las direcciones musicales ante los dictados teatrales, el maestro francés demuestra, con el relato de cómo fue su acercamiento al Tristán, la lógica aplastante de muchas puestas en escena que a veces consideramos transgresoras. Es verdad que el reconocimiento de Chéreau como un genio está ampliamente extendido y es poco cuestionado, pero sus comentarios nos pueden servir también para entender a otros directores cuyas propuestas se nos escapan. No quiero decir con esto que todo lo que se propone es aceptable (el mismo director francés habla en algún momento del abuso de ciertas concepciones demasiado personales y que se alejan de la esencia de la obra) pero sí que debemos estar abiertos a otros enfoques.

Precisamente es la búsqueda de esa esencia de la obra que acabo de nombrar el eje fundamental que sostiene estos diálogos. Chéreau, en sus intercambios con Barenboim, va desgranando cómo ha sido ese trabajo con el texto y la música de la ópera. No ha sido un acercamiento inconsciente. Aunque había montado el famoso Anillo del Centenario de  Bayreuth (ya comentamos en esta sección el interesantísimo también libro surgido de esa propuesta), tarda mucho más en acercarse a Tristán e Isolda y lo hace cuando cree que tiene la madurez suficiente para comprender la obra y, sobre todo, cuando encuentra un director musical que comparte sus ideas, su manera de trabajar. Porque Barenboim, aunque reconoce que las discusiones han sido abundantes pero fructíferas, llega a un entendimiento con Chéreau en la manera de transmitir al público de la Scala esta obra básica del repertorio operístico.

Tengo que resumir, a la fuerza, todo lo que aquí se habla, desde la dramaturgia, hasta la concepción musical y los caminos que abre y que también recoge el Tristán. Porque también eso es una idea básica: hay un antes y un después de esta ópera, pero en el sentido de que recoge mucho de la tradición operística y, por otro lado, deja abiertos nuevos caminos que otros recorrerán. Se remarca también la idea de “ambigüedad” en el sentido más productivo y positivo del término, en su sentido de resumen de lo anterior y prólogo de lo que vendrá. También es de sumo interés la relación de Chéreau con los protagonistas, donde aparece el reconocimiento al talento de Waltraud Maier, o también el interés y el esfuerzo de la Filarmónica de la Scala por adentrarse en el mundo wagneriano con una partitura que muchos de sus maestros no habían tocado nunca.

En fín, esto y muchas cosas más. Es un libro imprescindible para los amantes de Tristán e Isolda pero también para cualquiera que ame el teatro, la música, o esa mezcla casi perfecta de las dos artes que se llama ópera.

Foto: Acantilado.

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