Gruberova RobertoDevereux Bayerische19

 

La reina desnuda

Múnich. 17/03/2019. Donizetti: Roberto Devereux. Edita Gruberova, Charles Castronovo, Silvia Tro Santanfè y otros. Dir. de escena: Christof Loy. Dir. musical: Friedrich Haider.

El principal interés de estas funciones de Roberto Devereux en Múnich radicaba en la presencia, originalmente anunciada, de Sondra Radvanovsky en el rol de Elisabetta. Hace ya varios meses se anunció que por el momento la soprano norteamericana renunciaba a seguir manteniendo en su repertorio la trilogía Tudor de Donizetti. Y en su lugar la Bayerische Staatsoper ha recurrido a un clásico, la misma soprano que estrenó esta producción en 2004: Edita GruberovaA sus 72 años la soprano eslovaca por excelencia es todo un mito, con tantos groupies como acérrimos detractores. Cada nueva representación con ella congrega a sus fans más irracionales y al mismo tiempo es cuestionada sin piedad por quienes entienden que hace años que Gruberova tendría que haberse retirado. 

El fenómeno es complicado de analizar. Hacía ya tiempo que no la escuchaba en vivo y confieso que me sorprendió por momentos su poderío vocal. Lo principal, en la vida profesional en general pero sobre todo en las artes escénicas, es creer en uno mismo, creerse lo que uno está haciendo y recreando sobre las tablas. Y tengo la impresión de que Gruberova se viene arriba, por decirlo coloquialmente, en ocasiones como la que nos ocupa, una tanda de tres funciones que quizá suponga su adiós al público de Múnich, que tantas ovaciones le ha tributado.

Lo último que Gruberova ha cantado, antes de estas funciones, es una Lucia di Lammermoor en Hungría. Sorprendente... pero cierto. La voz oscila por momentos, hay titubeos de afinación más que puntuales, el grave es inexistente y roza la caricatura, pero de repente una nota mágica, un agudo que se crece, con punta y presencia, de un modo que parece imposible. Entre esos dos extremos se balancea a día de hoy el arte vocal de Gruberova. Su escuela belcantista está fuera de duda como lo está su completa y apabullante encarnacion de este rol, aún más si cabe en esta celebrada producción de Christof Loy. Ver a Gruberova arrastrarse por el suelo, gesticular, casi escupir las palabras del texto... reconozco que impacta. Con sus histrionismos y sus excesos, al final Gruberova gana la partida con esa personalidad inimitable, con ese magnetismo de los grandes. Aunque pareciera quedar desnuda por momentos, Gruberova nó dejo de ser una auténtica regina, en suma. Genio y figura.

El rol protagonista de esta ópera, el papel de Roberto Devereux, recaía en un espléndido Charles Castronovo, quien cantó con entrega y elegancia una parte nada sencilla de resolver. El timbre es atractivo, el fraseo fue arrojado y vibrante, y su actuación resultó sumamente decidida. En conjunto, más allá de algún puntual estrechamiento en el agudo, un Devereux digno de aplaudirse sin la menor duda. Lo mismo cabe decir de la espléndida Sara de Sílvia Tro Santafe. Que injustos somos con esta cantante valenciana; qué poco nos acordamos de ella cuando glosamos la nomina de voces españolas importantes en activo. Impecable en el estilo donizettiano, siempre bien entonada, actriz convincente... una profesional como la copa de un pino. Su extenso duo con Castronovo fue, a decir verdad, lo mejor de la noche. 

Fantástica y por momentos sorprendente, por su vigor, la dirección musical de Friedrich Haider, quien fuera esposo de la propia Gruberova y titular de la Oviedo Filarmonia desde 2004 a 2011. El belcanto alcanza cotas extraordinarias cuando suena en manos de una orquesta como la de la Bayerische Staatsoper. Disfrutamos así de una versión musical detallada, con intensidad y tensión teatral, amén de un impecable acompañamiento a las voces, con las que parecía haber excelente sintonía.

Como ya he mencionado, la producción de Christof Loy es bien conocida, todo un clásico ya con ese efectista instante, en la escena final, con Gruberova despojándose de su peluca, quedando al descubierto todo el personaje de Elisabetta, de un modo tan literal como alegórico. Loy hizo de Elisabetta una suerte de temperamental Margaret Thatcher (hoy más bien una Theresa May) de ademanes vigorosos y exagerados, toda una creación en manos de Gruberova. Sin la menor duda se trata de uno de los mejores trabajos de Loy.