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Costa Brava y Empordà: Música e inspiración

Disfruta del artículo al completo, con las firmas invitadas de Roger Alier, Carlos Chausson, Josep Pons, o Joan Pons; además de un recorrido gastronómico de la mano de Javier del Olivo, en nuestra última edición impresa de julio 2019, con Sonya Yoncheva en portada! Haz click aquí para descubrirlo.

Dice la leyenda que L’Empordà nació del amor entre un pastor y una sirena. La una desde la playa, el otro desde la montaña, y en una noche de luna y amor, plantaron la cabaña. Con estos mimbres y los propios, no termino de tener claro si estas líneas que escribo son un dossier o una declaración de amor. Una carta de amor alejada de cualquier arrabalismo (por Arrabal, quiero decir) que surge de otro amor. El amor nos lleva al amor, como la música nos lleva a la música, no queda otra. Y este es el prisma desde el que firmo estas sensaciones, la de un madrileño muy madrileño que conoció a una empordanesa muy empordanesa y de cuyo amor surgió la fascinación por una tierra única, que te abraza, acoge e inspira como pocas.

Este breve recorrido, antes de aterrizar entre masias, manzanos y aguas turquesas, comienza en música. En música y en letra. Y desde ahí, todo comienza a tomar forma, a unirse en su significado. Por supuesto con las sardanas del poeta Joan Maragall (Barcelona, 1860-1911), quien recogió en sus versos la historia del pastor y la sirena, y con la narrativa de Josep Pla (Palafrugell, 1897-1981), referente como cronista local, de las tradiciones y costumbres de la zona: “El Empordà sobrepasa mis medios de percepción... se liga con mi manera de ser, con mi vuelo corto, con el gusto que siento por las cosas concretas indeterminadas”. Hasta el pueblo de Palafrugell también llegó, no sabemos si en el aquel carro con el que recorrió el interior de Cataluña junto a Ramón Casas, el pintor Santiago Rusiñol (Barcelona, 1861- 1931), cuyos cuadros sobre jardines más tarde inspirarían a Manuel de Falla para sus Noches en los jardines de España.

Sin duda, Calella de Palafrugell es uno de los destinos favoritos de miles de turistas cada verano entre la miles de opciones que pueden escogerse en la Costa Brava. Un antiguo pueblecito de pescadores con varias calas, recogidas y coquetas, con numerosos caminos de ronda que recorrer y donde dejarse obnubilar por las increíbles vistas marineras. Cerca de allí se celebra cada año el Festival Cap Roig, en el jardín botánico del mismo nombre; además de un ciclo de conciertos en la iglesia de Sant Pere, organizados por la inestimable labor de Juventudes Musicales de Palafrugell. Cerca también podemos dejarnos caer por Tamariu, con barracas de pescadores y algunos lugares mágicos como Aigua Xelida, donde la mejor manera de llegar es nadando, o la favorita de quien escribe: Platja Fonda, ya en el municipio de Begur, donde sólo se puede acceder por mar o bajando unas largas escaleras. Además, más accesible y de nuevo en Palafrufell, encontramos Llafranc, más turística también, pero más cómoda. Subiendo más hacia el norte, podemos disfrutar en la más conocida Cala Aiguablava, o en las más también recogidas Sa Riera o Sa Tuna. Para quien lo prefiera, también podrá acudir a la playa naturista de Illa Roja. Y para quien guste de otro tipo de playas, más abiertas y anchas, a continuación, ya en la zona costera de Pals, su kilométrica playa, con las impagables vistas de las Illas Medes.

En cualquier caso, al llegar a Calella, es imposible que a uno no le venga a la memoria ese libro genial, en muchos sentidos, que supone Papers autobiográfics, del gran Xavier Montsalvatge (Girona, 1912-2002), donde el compositor recoge parte de sus experiencias en la zona, que le llevaron a su recopilación de habaneras en un compendio, también imprescindible. Y todo sigue conectado. La genial idea surgió hace más de 50 años, con el músico reunido en casa de Josep Pla junto al pintor Josep Maria Prim (Barcelona, 1907-1973), el periodista Nèstor Luján (Mataró, 1922-1995) y algunos pescadores de Calella de Palafrugell, para dejar constancia escrita de una tradición centenaria, creyendo que acabaría desapareciendo. Gracias a este “miedo”, conservamos gran número de ellas, aunque en realidad la gente de la zona no se haya olvidado de ellas, sino más bien al contrario, con cantadas que se suceden por la región desde 1966.

Como puede deducirse por su nombre, las habaneras nacieron en Cuba (el antillanismo siempre alrededor de Montsalvatge), en la primera mitad del siglo XIX, de ritmo lento y característico, en compás binario. Están extendidas por toda la Costa Brava y las han cantado incluso nombres conocidos como Nina, Marina Rossell, o Sílvia Pérez Cruz, oriunda de la zona (Palafrugell, 1983). También, por cierto, hablaba Montsalvatge en sus Papers de un genio de otro tipo de canción, que quiso encontrar en L’Empordà, de viaje en un crucero, el sosiego y el anonimato que los Estados Unidos no le permitían: Cole Porter (Indiana, 1891-1964). Tras su experiencia allí, con un concierto de jazz improvisado en el hostal La Gavina, en S’Agaró, escribió (traducido del inglés): “Paseaba por la Costa Brava una noche junto al mar y en la Costa Brava encontré a quien adorar. Soñamos en la Costa Brava unsueño que no pudo ser, pero cómo extrañé la Costa Brava y los labios que junto al mar besé...”.

S’Agaró, pertenece al municipio de Castell-Platja d’Aro; con localidades como Platja d’Aro que sin duda son las más animadas y comerciales de la zona. Entre estas y las citadas anterioremente se encuentra Palamós, con su famosísima gamba roja, que uno puede comprar en la lonja del puerto, directamente a los pescadores. Del mismo modo y más hacia el norte, podemos encontrar las anchoas de La Escala, ya en el Alt Empordà. Por terminar este breve recorrido poético-musical, en Begur (pueblo tan pintoresco como animado, donde cada año se celebra la esperada fiesta de Indians), citado anteriormente, se inspiró durante más de veinte veranos el poeta Joan Vinyoli (Barcelona, 1914-1984). La mayoría de estos autores, por cierto, junto a Papasseit, Margarit y otros tantos, han sido exquisitamente musicados en canciones por el compositor y director de orquesta Miquel Ortega (Barcelona, 1963).

Mirando hacia el interior, encontramos cerca de La Escala la localidad de Torroella de Montgrí, con su famoso castillo a orillas del río Ter y un festival de música clásica en verano, que se ha convertido en una de las citas obligadas de la zona; especialmente los recitales y conciertos de un pianista excepcional como Joaquín Achúcarro (Bilbao, 1932), que lleva sin faltar a su cita más de 25 años. Y un poco más hacia el sur, dos pueblos preciosos que nadie debe perderse como son Pals y Peratallada. Ambos son conocidos por su centro histórico. Entre medias, mucho más pequeñito, Sant Feliu de Boada, donde se respira el auténtico sentir del Baix Empordà.

Vayamos ahora aún más hacia el norte, hasta el Alt Empordà. Aquí, cerca de Figueras, tiene lugar uno de los acontecimientos más importantes del año musical y cultural en nuestro país: el Festival Castell de Peralada, donde desde hace más de 30 años se dan cita las mejores voces e instrumentistas internacionales, en un enclave único como es el castillo de la localidad (y escenarios aledaños). Además, en la propia Figueras, uno puede quedarse boquiabierto en el museo de uno de los más insignes empordaneses: Salvador Dalí (Figueras, 1904-1989). Otro castillo, este con huevos en lo alto, nos darán la pista. ¡No tiene pérdida!

Aún podemos destacar otro de los festivales entre los muchos que se dan cita en el estío empurdanés: la Schubertíada Vilabertran, justo en una línea recta entre Perelada y Figueras. Allí, desde hace ya más de 25 temporadas, tiene lugar una cita imprescindible con el lied. Entre las grandes voces internacionales que se van sucediendo año a año (este 2019: Joyce DiDonato, Christiane Karg, Christoph Prégardien...), hay una que nunca falta: Matthias Goerne (Weimar, 1967)

Podemos volver a salir al mar. En la costa nos espera el Cap de Creus, ya saben, el punto más oriental de la península; con unas vistas, obviamente, increíbles. Bien cera está Sant Pere de Rodes, con un monasterio románico que es una locura para los amantes de la historia. En verano, además, se organizan visitas teatralizadas y recorridos nocturnos. Encontramos además el pueblo pesquero de Cadaqués (que desarrolló un idioma propio al quedarse aislado durante años), de cuyo festival surgió la Orquestra de Cadaqués, bien conocida por los melómanos tras los años de Neville Marriner y Gianandrea Noseda como titulares y ahora en manos de Jaime Martín. Pintores como Joan Miró (Barcelona, 1893-1983) o Pablo Picasso (Málaga, 1881-1973) encontraron aquí un lugar ideal para encontrarse con sus musas. Siguiendo la costa, llegamos al Golfo de Roses, donde se emplazan algunos pueblos que bien merece la pena no perder de vista: Roses, Ampuriabrava o Sant Pere pescador harán las delicias de todos los amantes de la arena y la tranquilidad.

En fin, está claro que l’Empordà y la Costa Brava inspiran a cualquiera. Leo ahora a Oriol Aguilà parafraseando a Plácido Domingo, diciendo que Peralada es “como un estado de ánimo”. Efectivamente, algo totalmente extensible a toda la zona. E iría yo a más. Un ánimo surgido del amor. Amor por la vida, la cultura, las tradiciones, también las vanguardias, el saber, el mar, el sol y sus gentes. No tiene pérdida, ustedes comiencen a ir hacia allá, cuando descubran una sonrisa en su cara, una tranquilidad en el pesamiento y una emoción por el mañana, sabrán que han llegado.

 

 

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