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bal y gay 2020 floristan Alberte Peiteavel 5

 Festival Bal y Gay 2020: Garantía de vida

Vivace (del italiano, vivo o vivaz) es el carácter que Felix Mendelssohn quiso para los primeros compases de su Cuarta Sinfonía, “Italiana”. Los mismos que, contra todo pronóstico, resonaron la pasada semana entre los muros de la Catedral de Mondoñedo, en Galicia, gracias al trabajo y la valentía de la organización un festival que, pese a lo incierto de la situación, ha optado por seguir adelante y abordar su séptima edición entre termómetros láser, mascarillas y gel hidroalcohólico. Y debemos agradecérselo, pues vivir debería significar para nosotros mucho más que respirar, salir a comprar un par de veces por semana, o poder tomar algo dentro de un bar, pues todos esos actos por si solos no son garantías de vida, sino de existencia.

Así pues, si desde el punto de vista técnico y sanitario es posible acudir a bares y restaurantes, donde uno está, en el mejor de los casos, cumpliendo con la distancia mínima de seguridad aunque sin mascarilla, por razones obvias, resulta difícil tachar de irresponsable o de temeraria a la organización del Festival Bal y Gay, que se afanó poniendo todos los medios a su alcance en tratar de disipar la incertidumbre y el recelo que imperan tanto entre las administraciones y los patrocinadores como entre el propio público. Así las cosas, cualquier sentimiento de este tipo desaparece inmediatamente con tan sólo entrar en cualquiera de los conciertos programados. Tal fue el caso del primero de ellos que, como se ha mencionado anteriormente, tuvo lugar en la magnífica Catedral de Mondoñedo, inmenso lugar para un aforo realmente reducido, que se distribuyó a razón de tres personas por banco, como máximo. Todas ellas con mascarilla, por supuesto, y debidamente ungidas con gel hidroalcohólico a su llegada al edificio.

Despejada ya la sombra de la duda, a su llegada al Festival uno puede, al fin, relajarse y sentarse a disfrutar de la música programada. Una música a la que, créanme, resulta difícil sacarle algún tipo de pega tras tantos meses de estricto régimen cultural y que, por sí solos, ya justificarían la asistencia a cualquier concierto, por malo que este fuera. No es el caso, pues el Festival Bal y Gay ha cuidado la programación de su VII edición contando con intérpretes de relevancia nacional e internacional, acercando con ellos la música a una región como A Mariña, donde nunca ha existido precedente de algo similar y también donde, de no ser por esta iniciativa, seguramente no fuera a existir nunca. Así, como en tantas otras ocasiones, frente al inmovilismo de unos termina por oponerse la actitud de otros, menos dada a la poltronería. En este caso, ese segundo grupo lo integran un puñado de jóvenes, ligados de una u otra forma a la música y capitaneados por Alba Rodríguez, antigua clarinetista profesional y actual directora del Festival. Fue precisamente en esos años de Rodríguez como clarinetista en los que se sitúa la génesis del Festival, que inicialmente no era más que un conjunto de masterclasses organizadas por y para los propios alumnos, entre los que Alba se incluía.

Como colofón de dichas clases, agrupadas en varios días, se programaban una serie de conciertos ofrecidos por los asistentes en los que se permitía el acceso del público general y que, año tras año, iban ganando cada vez más asistentes. Personas del lugar atraidas por lo novedoso del repertorio y el talento de aquellos jóvenes. Así, anualmente, se fueron sucediendo las ediciones del evento, que ya desde su inicio fue valedor de la figura de Jesús Bal y Gay, eminente compositor y musicólogo lucense, pero que no tomó realmente las dimensiones de festival hasta pasados unos años.  

 

FESTIVAL BAL Y GAY Concierto Real Filarmonía de Galicia Catedral de Mondoñedo 12 Agosto Alberte Peiteavel 8

 

Desafortunadamente, tal y como dice el dicho, si algo puede salir mal, saldrá mal, y esto parecía haberse cumplido desde un punto de vista estratégico para esta VII edición, pues la previsión para este año era la de lograr una mayor repercusión a nivel nacional que lograra consolidar la cita como una fecha de referencia más dentro del calendario estival de la clásica en España. Una misión que parecía condenada a irse al traste por culpa del regio virus, pero que, finalmente, puedo abordarse desde la perspectiva de un nuevo refrán algo más optimista: no hay mal que por bien no venga. Pues, si bien es cierto que la covid19 ha paralizado casi por completo la actividad cultural, para aquellas programaciones que sí se han mantenido, esto ha supuesto una efectiva publicidad, quitando de en medio otras citas y eventos más sonados y elevándolas casi al estatus de oasis en medio del presente desierto cultural que atravesamos.   

Desde el punto de vista del repertorio la oferta es amplia, incluyendo desde Mendelssohn, Mozart y el propio Bal y Gay en el concierto inaugural en Mondoñedo, hasta un conjunto de piezas de música barroca francesa de compositores notablemente menos conocidos, como Sébastien de Brossard o Robert de Visée que fueron interpretadas apenas dos días más tarde en la Iglesia de Santiago de Foz. Asimismo, cabe destacar en este punto el esfuerzo de la organización por incluir dentro de su programación una sesión diferente y que diverge con la línea general del festival, que toma así un sentido cultural aún más amplio. Tal es el caso de la presencia este año de una sesión de jazz o de un espectáculo de danza en la pasada edición.

De todo lo anterior sorprende, en definitiva, la aparición prácticamente milagrosa de un festival como el que nos ocupa en un entorno como el de A Mariña, que ofrece al público el valor añadido y diferencial de poder escuchar repertorio clásico en el interior de espacios arquitectónicos de gran valor, con las curiosas particularidades acústicas que ello conlleva y que por momentos pueden resultar incluso divertidas cuando uno está acostumbrado a escuchar esas mismas obras en un auditorio al uso. Un festival especial, en todo caso, que bien merece un viaje a tierras gallegas para conocerlo de primera mano. Pues, a fin de cuentas, cuando debido a las limitaciones de aforo una agrupación del nivel del Cuarteto Quiroga se ofrece a doblar el concierto para evitar que la gente de la zona se quede sin escucharlos, tal y como ha sucedido, es que algo de valor debe haber en todo el proyecto.

Como dejó escrito en su Divina Comedia, para Dante, las únicas fuerzas capaces de salvar al hombre en cualquier circunstancia, incluso en aquellas de mayor crisis, son la poesía y el amor. Pero todos aquellos que amamos la música, quizás prefiramos pensar que Dante, voraz lector de sus clásicos, quería con sus alegorías referirse también a ella, pues como afirmaba, aún muchos más años atrás, el propio Platón, la música no es otra cosa que la ciencia del amor entre el ritmo y la armonía. Tratemos de apoyar iniciativas como ésta, pues la vida sin música, o sin amor, es sencillamente un error.

 

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Fotos: Alberte Peiteavel.

 

 

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