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Resiliencia 

Oviedo. 11/12/2020. Teatro Campoamor. Beethoven: Fidelio. Francisco Crespo (Don Fernando). Martin Winkler (Don Pizarro). Florerstan (Stuart Skelton). Christiane Libor (Leonora). Andrea Mastroni (Rocco). Vanessa Goikoetxea (Marzelline). Moisés Marín (Jaquino). Joan Anton Rechi, dirección de escena. Marc Piolet, director musical.

La resiliencia es un concepto ligado a la resistencia de materiales que se ha vuelto muy de moda dentro del coaching y el mundo empresarial, entendiéndose en ese ámbito como la capacidad para adaptarse y superar cualquier situación, por adversa que esta sea. Una definición que, sin tantas pretensiones, podríamos asimilar con el “atarse los machos” de toda la vida. Y eso le ha tocado hacer precisamente a la Ópera de Oviedo: aguantar el tipo en unos tiempos de gran incertidumbre, donde la posibilidad de cancelar alguno de los títulos sin duda debió de valorarse muy seriamente en la dirección de la Fundación. La situación no fue fácil y, haciendo malabares con los horarios permitidos por el toque de queda y las limitaciones relativas al aforo y la ocupación de butaca ,finalmente es posible disfrutar en Oviedo de los dos títulos previstos por la programación original: Fidelio y Madama Butterfly, que se han programado en días alternos sobre las tablas del coliseo carbayón.

El que nos ocupa en esta crítica, Fidelio, fue quizás el que más sufrió de esta “improvisación forzada”, ya que las capacidades técnicas del Teatro Campoamor -qué tantas veces se ha propuesto ampliar, pero sin contar nunca con apoyo presupuestario- no permiten albergar de forma simultánea dos escenografías completas para que sea posible rotar estas entre una función y otra como hacen todos los teatros de relevancia en el círculo operístico mundial. En este contexto, la Fundación optó por priorizar la escenografía de Butterfly confiando en el buen hacer de Joan Anton Rechi para adaptarla a este Fidelio.

El trabajo, sin duda, es capaz de sorprender, pues si bien es cierto que su ambientación prevista para Nagasaki podría corresponder a cualquier otro lugar del mundo, la parte posterior de los elementos escénicos, llena de andamios estructurales metálicos sirvieron para ambientar un entorno oscuro y frío como puede ser la cárcel donde Pizarro tiene preso a Florestán. Asimismo, un buen trabajo en la iluminación, que en una situación como esta juega un papel muy importante, sirvió para redondear una propuesta que si bien, como es lógico, no resultó memorable, fue capaz de no aparentar improvisación, lo cual no es poco decir.

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Desde el punto de vista vocal, destacaron el Rocco templado y sólido de Andrea Mastroni, habitual en la ópera de Oviedo y, especialmente, la encantadora Marzelline de Vanessa Goikoetxea, cuyo fraseo cuidado y su centro de medios honestos y bien dotados nos parecieron, sin duda, lo más interesante de la noche. En la ópera no resulta fácil encontrar el equilibrio entre lirismo y efectismo, entendido este último como el interés propio por hacer notar las capacidades de tu instrumento en cuanto a volumen y profundidad descuidando, en mayor o menor medida, la capacidad de matización y fraseo que caracteriza a todos los grandes cantantes. En este contexto se enmarcaría la pareja integrada por Christiane Libor como Leonora y Stuart Skelton como Fidelio, sellando ambos representaciones intensas y entregadas, sí, pero con unos agudos un tanto estridentes y destemplados en el caso de Libor o un fraseo manifiestamente tosco en el de Skelton.

Cerrando el elenco, cabe destacar el buen hacer de Martin Winkler como un Don Pizarro verdaderamente perverso en lo actoral y correcto en lo vocal así como el oficio de Francisco Crespo como un adecuado Don Fernando y de Moisés Marín como un correcto y entregado Jaquino.

Por su parte, la versión musical de Marc Piolet resultó decidida en cuanto a intenciones pero, quizás, no llegó a materializarse en unos resultados totalmente redondos debido a una Orquesta Oviedo Filarmonía que sonó a un nivel general inferior al acostumbrado, tanto en sus cuerdas no todo lo compactas y densas que la partitura hubiera agradecido como en sus metales. Buen trabajo, así las cosas, del Coro Ópera de Oviedo que, pese a la situación ha mantenido su sonido y fue capaz de cumplir con oficio su cometido.

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