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Ari Rasilainen

Kullervo, la semilla lírica de un joven Sibelius

Barcelona. 12/12/15. Auditori. Temporada de la OBC. J. Sibelius: Finlandia, Kullervo. Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña. Tuija Knihtilä, Juha Uusitalo. Dirección: Ari Rasilainen.

Décimo concierto de la Temporada 2015/2016 de la OBC (Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña), dedicado en esta ocasión en su integridad al músico finés Jean Sibelius, coincidiendo con la celebración el pasado 8 de diciembre, del 150 aniversario de su nacimiento. Programa atractivo, con significación y novedad y la batuta invitada de Ari Rasilainen (n.1959, Tampere, Finlandia) y también del Coro Académico Masculino de Helsinki, considerado uno de los mejores del mundo, quienes aseguraron carácter de autenticidad a las obras. 

El pequeño poema sinfónico Finlandia ( estrenado en 1899 y revisado en 1900), se presentó en su versión opcional con coro, cantando el himno final añadido en 1941 con texto sacado de "Latuja lumessa" ("Huellas de esquíes en la nieve") del poeta Veikko Antero Koskenniemi (1865-1962). Por cierto, un ‘olvido’ importante del programa de mano ofrecido por l’Auditori, que ni menciona que es la versión con coro (algo de esperar contando con el coro de Helsinki), ni por supuesto añade el texto, como si estaba el de Kullervo. Subsanamos desde aquí la elipsis ya que adjuntamos el audio disponible desde la grabación de Catalunya Música del concierto del domingo 13 de diciembre, por si el lector quiere completar la reseña ofrecida con la escucha del programa interpretado, así como también enlazamos elprograma de mano ofrecido desde la página del Auditori.

La OBC tuvo con Finlandia un inicio convincente, metales y viento, subrayando el dramatismo que pide la obra, con unas cuerdas compactas a las órdenes de un Ari Rasilainen certero y nítido, pero nunca grandilocuente ni efectista. La entrada del coro con Oi, Suomi, Katso, fue muy orgánica y de suave color, combinando la emotividad nacionalista del texto con la suavidad y pastosidad de las cuerdas incidiendo en el sentimiento de la obra con dulzura y calidez. El finale sonó solemne y conmovedor aunque quizás se hechó en falta más brillantez en los últimos compases buscando la carga nacionalista y expansiva de la obra.

En el programa de mano ofrecido se dice de Kullervo, que es la primera audición completa de la obra (sin especificar si se refiere en el Auditori, en Cataluña o en España), aunque parece lo más lógico que se refiera en la historia del Auditori. Obra de juventud, Opus 7, supuso el estallido creativo y personal de un joven Sibelius, quien venía de completar su formación en Berlín y Viena, con evidentes influencias germánicas, para ofrecer su obra más ambiciosa hasta esa época. En pleno fervor creativo, el fruto es una obra fresca que bajo el nombre de Poema sinfónico para soprano, barítono y coro masculino, encierra la semilla de lo que podría haber sido el Sibelius operístico. Los cinco movimientos que la forman: Introducción, La juventud de Kullervo, Kullervo y su hermana, Kullervo se marcha a la guerra y Muerte de Kullervo, se escuchan sin solución de continuidad con una gran descripción orquestal donde la Naturaleza y los sentimientos del antihéroe Kullervo se ofrecen en una síntesis de algo más de una hora de manera fascinante. Basada en uno de los episodios del Kalevala (obra poético épica que recoge la tradición oral del pueblo suomi desde la época precristiana, con historias de dioses, mitos, magia y tragedia), Kullervo se presenta como un reverso trágico de la figura de un héroe griego, aquí más bien una historia dramática que Sibelius describe con un lenguaje orquestal rico e imaginativo y ya con tintes muy personales. 

Ari Rasilainen condujo la orquesta con buen pulso desde el primer compás, metales, vientos, cuerdas, todas las secciones de la OBC sonaron equilibradas, imaginativas y flexibles, desde el bucólico cuadro primero, una introducción llena de luces naturales y paisaje sonoro, pasando por La juventud de Kullervo, destacando los juegos de los instrumentos de viento con nitidez y transparencia, controlando muy bien las dinámicas como en el plácido finale. Con el tercer movimiento, el corazón de la obra y su sección más conocida, la entrada del coro y los dos solistas, la viveza de la partitura cobra especial luz. Rasilainen dibujó con brío el descriptivo viaje en trineo de Kullervo, así como la entrada rítimica del coro con la frase que se irá repitiendo en todas sus intervenciones hasta el final de la obra: “Kullervo, Kalervon poika” una suerte de leitmotiv vocal-melódico que marca el carácter a la historia de manera casi hipnótica. Aquí las prestaciones vocales de la soprano Tuija Knihtilä fueron solventes y de tintes oscuros, con voz homogénea y personalidad, presente y bien proyectada pese a la consabida mala acústica para las voces de la sala Gran de l’Auditori.

Había expectación por escuchar a Juha Uusitalo, el gran bajo-barítono finés (espectacular Wotan de la Tetralogía de la Fura dels Baus grabada en el Palau de Les Arts de hace unos años). Por desgracia los graves problemas de salud sufridos (dos colapsos cerebrales) que lo han apartado de los escenarios operísticos, han dejado al cantante tocado visiblemente. La voz ha perdido presencia y color, aún así la nobleza del instrumento y las tablas de gran artista hacen que encarne a Kullervo con aplomo y ajustada suficiencia. Rasilainen enfatizó los colores de la orquestación, ora rememorando al Rimsky-Korsakov de Scheherezade, ora recordando la fantasía melódica de un Chaikovsky, tanto en el tercer capítulo como en el cuarto de la guerra, donde la percusión rutilante de la orquesta se hizo notar con luz propia. Por último, en La muerte de Kullervo, el coro cerró su segunda y última intervención, demostrando las señas de identidad que lo han hecho célebre: sonido dúctil, redondo y de hermoso color varonil. Las setenta voces del coro asumieron el protagonismo del movimiento final con autoridad, control en todas sus secciones y preciosas dinámicas, desde la descripción idílica de la naturaleza sombría, hasta el escalofriante diálogo de un Kullervo alucinado, hablando con su espada antes de cometer suicidio atravesándose el pecho con ella. En resumen, un gran concierto con una OBC inspirada, una batuta especialista y un coro perfecto para celebrar el 150 aniversario del nacimiento de Jean Sibelius, un compositor del que se deberían interpretar más obras en nuestras salas y más a menudo.

 

 

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